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La historia de la Radiologí­a comienza con el descubrimiento de los rayos X en el año de 1895 por el fí­sico alemán Wilhelm Conrad Roentgen quien logró la primera imagen de radiografí­a humana adquiriendo la mano de su esposa, con una gran difusión del método en todo el mundo, obteniendo el Premio Nobel de Fí­sica en 1901, dando del primer paso para el desarrollo actual de la especialidad médica de imágenes diagnósticas; a este se han sumado el avance de la tomografí­a axial computarizada por el inglés Sir Godfrey Newbold Hounsfield, Premio Nobel de Medicina en 1979, quien comenzó los primeros ensayos clí­nicos en 1972 al obtener una primera imagen de cráneo utilizando también los principios de los rayos X. Y en 1946 Félix Bloch y Edward Mills quienes perfeccionarí­an la técnica de resonancia magnética a través del desarrollo inicial del radar en la segunda guerra mundial y luego de detectar las ondas de radio frecuencia, por lo que recibieron el Premio Nobel de Fí­sica en 1952.

A nosotros nos ha correspondido vivir en la era informática que comenzó con el rápido desarrollo de la cultura digital y una cantidad de herramientas que nos brindan gran cantidad de posibilidades de progreso, aumentando también el acceso a las distintas tecnologí­as. De esta manera, las imágenes diagnósticas que hasta hace pocos años eran del dominio exclusivo del médico radiólogo ahora pueden ser evaluadas de manera más fácil por los distintos médicos y especialistas de otras áreas. Es por esto que el médico radiólogo se ha visto en la necesidad de conformar subespecialidades, dedicándose al conocimiento especí­fico de un área del cuerpo humano y de esta manera tener un mayor conocimiento y la posibilidad de apoyar de una mejor forma a sus colegas; sin embargo, esto no es suficiente y por ello la necesidad de conformar grupos de trabajo en los cuales el radiólogo se debe involucrar no sólo en la interpretación del estudio sino en cada uno de los pasos de la atención de cada paciente, así­ como velar por la adecuada implementación de los departamentos de imágenes diagnósticas en cada uno de los centros médicos, vigilar las normas de radio protección, y estar al tanto del diagnóstico y el tratamiento.

Los radiólogos hemos pasado de una práctica basada en el volumen a una basada en el valor. Esta cadena de valor ha sido propuesta desde el Colegio Americano de Radiologí­a y descrita como Imaging 3.0 en donde se plantea una ruta de trabajo para la práctica de la Radiologí­a como un programa que ayuda al radiólogo a utilizar todas las herramientas y los procesos para mejorar su forma de trabajo y la atención de sus pacientes; procura que el radiólogo sea un lí­der en su área de trabajo y no simplemente un médico inter consultante.

Además del cambio de la práctica basada en el valor y no en el volumen se indica la importancia en el enfoque de las imágenes diagnósticas no centradas en el radiólogo sino en el paciente, los esfuerzos no se centran en la simple interpretación sino tienen en cuenta la evolución del paciente y de ha de ser el radiólogo una figura "invisible" a formar parte del grupo de trabajo (tabla 1).

Tabla1. Imaging 3.0

Presente

Futuro

Basado en volumen

Basado en valor

Transaccional

Consulta

Centrada en el radiólogo

Centrada en el paciente

Enfocada en interpretación

Enfocada en resultado

Comoditización

Integral

Invisible

Explicable

El radiólogo que ahora debe ir más allá de la interpretación debe tener en cuenta cada una de las etapas principales de la atención de los pacientes a saber: consideraciones de la imagen, la adquisición, interpretación del reporte y la relación con los médicos tratantes. En las consideraciones de la imagen el radiólogo debe conocer los criterios de la interpretación de cada una de las imágenes mediante el conocimiento de la semiologí­a y los estándares de interpretación, y a su vez considerar las normas de protección radiológica e involucrarse en la decisión de solicitar un estudio.

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Radiologí­a actual: del volumen al valor. Foto: Fotolia - ©auremar.

En la adquisición e interpretación es muy importante que el radiólogo se integre al grupo de acreditación de la unidad de imágenes diagnósticas, establecer programas de seguridad, centrar la atención en el paciente y conocer e implementar la red de datos que permite el acceso a las imágenes diagnósticas, incluido los sistemas de tele radiologí­a. En la elaboración de los reportes debe considerar los hallazgos clí­nicos, saber cómo utilizar los criterios de interpretación y estar al tanto de los métodos de almacenamiento y distribución de datos. Por último, se debe garantizar la interrelación con los médicos tratantes y los pacientes durante todo el proceso.

Las metas propuestas no son sin embargo fáciles de lograr dado que no es posible lograr un cubrimiento durante 24 horas todos los dí­as de la semana en todas las instalaciones en donde se practican imágenes diagnósticas, y tampoco son suficientes la cantidad de sub especialistas en el área de Radiologí­a, así­ como tampoco es fácil la comunicación directa en muchos casos con los médicos tratantes. Lo importante es tener en mente que la prioridad de nuestra atención va dirigida al paciente y todos los esfuerzos en menor o mayor medida se encaminan hacia una atención basada en el valor. Hay que utilizar todas las herramientas tecnológicas a nuestro alcance para lograr un verdadero trabajo en equipo.

 

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