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Marzo de 2013 Página 1 de 4

Gestión ambiental hospitalaria: una práctica en la que todos ganan

Ángela Andrea Castro

El Hospital consultó a expertos latinoamericanos e hizo un recorrido por las prácticas más recomendadas para el manejo de residuos y su aplicación en la región.

El hospital Sirio-Libanes, en São Paulo, está generando ingresos para beneficiar a la comunidad que lo rodea en situación de vulnerabilidad social y económica. El reciclaje de papeles, plásticos, metales, vidrio, lámparas fluorescentes, pilas y baterías, así como el aprovechamiento de los alimentos de su cocina, son el origen de estos recursos que le han permitido tener un impacto favorable sobre la comunidad y ahorrar costos en la compra de insumos.

710 toneladas de residuos para compostaje, 248 toneladas de desechos sólidos para reciclaje, 5700 lámparas y 265 kg de pilas y baterías descontaminadas hablan del éxito de esta iniciativa y de la importancia de replicarla en otros centros hospitalarios, pero ¿cómo, por qué y para qué hacerlo?

Los hospitales ubicados en los países con altos ingresos generan un promedio de hasta 0,5 kg de residuos peligrosos por cama al día, mientras que en los países con bajos ingresos la cantidad promedio es de 0,2 kg; sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en los países con menos ingresos los desechos sanitarios a menudo no son separados apropiadamente entre peligrosos y no peligrosos y por tanto, la cantidad real de residuos peligrosos es aún mayor.

En América Latina –según cifras reportadas por la coalición internacional de hospitales y sistemas de salud, Salud Sin Daño– los hospitales generan, en promedio, entre 1 y 4,5 kg de residuos por cama al día. De esta cantidad, solo un 5% pueden ser considerados como peligrosos, un 10% son infecciosos o patogénicos, y la gran proporción restante (85%) son residuos comunes que pueden, y deberían, ser segregados, reciclados e inclusive reutilizados por parte del hospital para convertirse en ahorradores y hasta en nuevos generadores de ingresos.

De acuerdo con Salud Sin Daño, los centros sanitarios en la región pueden reducir los residuos y las emisiones de los desechos comunes elaborando compost, reciclando (incluidos los gases anestésicos), comprando mejor (minimizando los embalajes, utilizando productos reutilizables en lugar de productos desechables y comprando productos reciclados), y minimizando el transporte de residuos (tratamiento y disposición local).

Por su parte, los residuos infecciosos deben ser desinfectados (a través de sistemas de autoclave) y luego dispuestos en vertederos especializados. Desafortunadamente en América Latina la incineración –que genera emisiones contaminantes como dioxinas, furanos, metales pesados, gases ácidos y material particulado– sigue siendo una práctica frecuente y por ello, urgen medidas para concientizar a todas las personas involucradas en la gestión de residuos sobre la importancia de hacer una adecuada segregación y aprovechamiento de los residuos comunes, y sobre la forma correcta de disponer de todos los demás desechos infecciosos y peligrosos.

Para la doctora María Della Rodolfa, responsable de Programas de Salud Sin Daño para América Latina, entrevistada por El Hospital, la gestión de los residuos en la región es un tema complicado porque por precaución, los hospitales descartan toda la basura como si fuera un residuo infeccioso o patogénico, cuando en realidad éste no tendría que ser más del 10 o 15% de lo que descartan.

“En los lugares en los que estamos trabajando se ha puesto hincapié y se están empezando a tomar medidas para que los hospitales descarten como residuos infecciosos o patogénicos lo que corresponda y que el resto sea descartado como un residuo común, y una pequeña parte como residuos peligrosos”, añade la responsable de Salud Sin Daño.

Para Rigoberto Blanco, encargado de la subárea de Gestión Ambiental de la Caja Costarricense Seguro Social (CCSS), entrevistado por El Hospital, estas prácticas de gestión responsable de los residuos tienen que ser parte de un plan de gestión ambiental integral y deben ser vistas como un componente más de las acciones necesarias para evitar infecciones intrahospitalarias que generan costos adicionales para los sistemas hospitalarios.

La capacitación del personal médico y paramédico en prácticas de segregación –utilizando diferentes recipientes y bolsas identificados por colores y símbolos– es clave para garantizar el éxito de esta gestión. “El protocolo a seguir para segregar los residuos adecuadamente, por ejemplo, es dividirlos en bioinfecciosos, punzocortantes, químicos, comunes y especiales (equipo médico) y segregarlos en el momento mismo en el que se producen”, explica Blanco.

“La segregación en el momento de su generación incide en que la cantidad de residuos que requieren tratamiento antes de su disposición sea menor. En la región central de Costa Rica se generan al día entre 1,8 y 2 kg de residuos por cama de los cuales entre el 20 y el 40% son bioinfecciosos, dependiendo de lo exitosa que sea la segregación. El costo del tratamiento de 1 kg de desecho bioinfeccioso es de US$1,50”.

Acerca del autor

Ángela Andrea Castro

Comunicadora social, periodista y redactora free lance de El Hospital
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