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Marzo de 2021 Página 1 de 2

Fases de interoperabilidad de equipos biomédicos

Ing. Diana Laura Rojas*

Uno de los grandes retos que enfrentan las instituciones médicas, no es la elección de un proveedor, sino la implementación de un sistema de tecnologías de la información diferente.

Ante los proyectos que varias instituciones de salud tenían listos para ejecutar, una de las frases más escuchadas en el sector, este último año, ha sido: "ya estaba en nuestros planes, pero la pandemia nos obligó a adelantarlo”. Y así fue. De un día para otro fue necesario adaptarnos a nuevas formas de trabajo y convivencia. Sin embargo, en temas de salud,  desde hace varios años las instituciones están luchando por implementar estrategias que les ayuden a mejorar sus procesos, por lo que han encontrado en la tecnología un aliado para lograrlo o al menos, darse a la tarea de comenzar a hacerlo.

La gran motivación de las instituciones hospitalarias públicas y privadas, que apuestan por soluciones tecnológicas a sus procesos operativos, es gestionar de una manera más efectiva sus recursos financieros, humanos y materiales. Esto es especialmente relevante en el contexto actual, cuando se debe atender a una población cada vez mayor, con diferentes  condiciones de salud, lo que demanda más y mejor infraestructura, tecnología, personal médico calificado y mejores procedimientos clínicos, al mismo tiempo de que se busca disminuir costos para que sea accesible a más gente.

Además de contemplar los niveles de interoperabilidad, la cultura organizacional es clave para la integración efectiva de equipos biomédicos.

Para lograr esto se necesita, entre otras cosas, un manejo eficiente de la información recolectada de cada paciente y de cómo evoluciona su patología, incluyendo el análisis de los tratamientos prescritos, los insumos que utilizan y el flujo de trabajo del personal asistencial, para encontrar esos puntos críticos que permitan tomar acciones correctivas y de mejora continua. No cabe duda de que el paciente es el actor principal, por lo que el acceso a su información clínica, cómo se compara y se utiliza por las distintas áreas -no solo de un hospital, sino de toda la red de salud de cada país-, es clave para alcanzar lo que desde hace tiempo se idealiza: la interoperabilidad de los sistemas sanitarios.

Para hablar de interoperabilidad, primero debemos definirla. De forma general, se refiere al intercambio libre de datos dentro de un entorno, es decir, sin restricciones de acceso, ni de implementación para los componentes actuales o futuros del sistema. Esto va más allá de que “una parte se entienda con otra”, no es solo una conversión de unidades o de lenguajes.

Para entender cómo funciona, imaginemos un rompecabezas común y corriente. Sabemos que está formado por varias piezas y que cada una tiene un lugar específico. Hasta que todas las piezas están ubicadas correctamente obtenemos la imagen clara y completa del rompecabezas. Usando esta analogía, cada paciente es un rompecabezas y cada pieza que lo conforma es un servicio que brinda  la institución para atenderlo, incluyendo los administrativos, los clínicos y los auxiliares como farmacia y laboratorios.

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Para cada problema, hay un amplio portafolio de soluciones y con la infinidad de instituciones de salud, es de esperarse que también sean múltiples las opciones a escoger entre sistemas que permitan “digitalizar” al hospital. De acuerdo con la Sociedad de Sistemas de Gestión e Información Sanitaria (HIMSS por sus siglas en inglés), tenemos tres escalones en cuanto a qué tan “interoperable” es la tecnología médica.

El primero es el fundamental. Aquí encontraríamos, por ejemplo, a todos los equipos médicos que son capaces de adquirir señales electrofisiológicas y enviarlas a una red de monitoreo central en cada área del hospital. Siguiendo la analogía anterior, serían las piezas aisladas del rompecabezas, es decir, los datos que solo son un puente para saber cuál es la siguiente pieza a conectar: un servicio, un procedimiento diferente, etc.

El siguiente nivel es el estructural. En éste, las piezas empiezan a conectarse, lo que permite la comunicación entre diferentes áreas y servicios sin que los datos sean alterados, así pueden ser interpretados para contribuir a cumplir los propósitos clínicos. Un ejemplo serían los sistemas RIS/PACS que se utilizan en servicios de imagenología. Con la información concentrada en estos sistemas es posible procesar las imágenes como herramienta de diagnóstico y, dependiendo del tamaño de la entidad, permiten el acceso remoto a los registros de otros hospitales de la misma red, en el caso de las grandes cadenas de hospitales o de los sistemas nacionales de salud.


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