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Marzo de 2007 Página 2 de 3

Diagnóstico por imágenes de las lesiones traumáticas y no traumáticas del plexo braquial

Mónica Vallejo, MD

La imposibilidad del paciente de movilizar la escápula medialmente sugiere daño intrarraquídeo de C5, responsable de inervar el músculo romboide a través del nervio escapular dorsal [2]. La lesión extrarraquídea (post) presenta menor dolor, puede tener parálisis parcial, y al percutir el trayecto nervioso puede encontrarse el signo de Tinel en el punto donde se rompió el nervio.

Evaluación imaginológica
La exploración radiológica de estos pacientes incluye imágenes de radiología convencional de la columna, el hombro y la escápula. La evaluación de los cordones espinales y sus raíces se puede realizar mediante mielografía convencional, mieloTAC o RM. Para la evaluación de la movilidad diafragmática se puede emplear fluoroscopia o ultrasonido (figuras 5 A, B, C, D, E).

La mielografía convencional tiene una precisión diagnóstica global del 37,5%, la cual a nivel de C8-T1 es del 75%. El desempeño diagnóstico disminuye para evaluar C5 y C6, debido a que existe una menor cantidad de espacio subaracnoideo a este nivel [4, 5].

La mielografía con TAC complementaria, o mieloTAC, presenta una precisión diagnóstica de un 85% en todos los niveles, incluyendo el C5-C6, y su principal ventaja es la detección de avulsiones parciales [2, 4].

MieloTAC
Para practicar una mieloTAC se aplica una inyección intratecal a nivel lumbar, de 15 a 20 ml de medio de contraste yodado no iónico, con el paciente en decúbito prono y bajo control fluoroscópico. Posteriormente se coloca al paciente en posición de Trendelenburg, para que el medio de contraste alcance el nivel cervical. Se obtienen imágenes radiográficas en proyección posteroanterior y lateral, y después se adquieren imágenes de tomografía axial computarizada (TAC) axiales, con cortes finos de 2 a 3 mm, paralelos a los discos intervertebrales. Su objetivo fundamental es demostrar la imagen de la médula espinal y cada una de las raíces anteriores y posteriores en el segmento cervical.

Resonancia magnética
El reciente interés del uso de la RM en el trauma del plexo braquial se relaciona directamente con la lesión posganglionar, o extrarraquídea, área no visualizada por las técnicas de imágenes convencionales; permite también una evaluación no invasiva del trauma preganglionar, con una precisión diagnóstica similar a la mielografía por TAC, e igualmente ofrece una buena visualización del plexo braquial distal al foramen espinal [2].

Hallazgos por imagen del trauma preganglionar
Un meningocele traumático es un hallazgo que puede indicar la avulsión de una raíz nerviosa; sin embargo, una lesión radicular puede presentarse sin meningocele y, de igual manera, se pueden encontrar meningoceles sin avulsión de la raíz. Otros hallazgos importantes en el diagnóstico de la avulsión preganglionar son la no visualización de una (parcial) o ambas raíces (completa). El edema de la médula espinal, observado en los estudios por RM, se considera un signo indirecto de una avulsión [2, 4, 6].

Existen lesiones asociadas que hacen sospechar lesión traumática del plexo braquial, como fracturas costales, fractura escapular o la fractura de una apófisis transversa de alguna vértebra cervical, en especial si se asocian a elevación asimétrica del diafragma [2, 4, 6].

Lesiones no traumáticas del plexo braquial
Cuando nos referimos a las lesiones no traumáticas del plexo braquial, estamos hablando de condiciones intrínsecas y extrínsecas, que condicionan una alteración de su anatomía y función.

Las lesiones que se derivan del plexo braquial como tal son las neoplasias benignas, como los neurofibromas (neurofibromatosis tipo 1), los schwanomas y los lipomas, y malignas, los tumores de la envoltura neural.

El conocimiento de las estructuras con las que se relaciona el plexo braquial es importante a la hora de referirse a las lesiones extrínsecas que lo comprometen secundariamente; así, se tienen lesiones benignas, como lipomas, aneurismas y pseudoaneurismas de la arteria subclavia y hematomas en los tejidos blandos adyacentes, y malignas, como las metástasis ganglionares del cáncer de seno, metástasis de melanoma, tumor de Pancoast, mesotelioma, metástasis o extensión del cáncer escamocelular de cabeza y cuello, metástasis de tumores originados en el esófago o cuello, el histiocitoma fibroso maligno y el compromiso por linfoma, leucemia o mieloma múltiple [7, 9].

Los estados posradiación implican la aparición de tejido fibrótico, que compromete el trayecto del plexo braquial, y neuritis propiamente dicha.

Entre las lesiones no traumáticas encontramos con mayor frecuencia los cambios posradiación, con 31% de frecuencia; el compromiso metastático por cáncer de seno, 24%, y el cáncer metastático o primario del pulmón, 19 %; el resto corresponde al compromiso por lesiones malignas y benignas de otro tipo [1].

Acerca del autor

Mónica Vallejo, MD

Residente de Imágenes Diagnósticas, Fundación Santa Fe de Bogotá, Universidad El Bosque
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