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Junio de 2006 Página 1 de 2

Uso de simuladores en la formación académica

López Jaramillo, Jorge Iván

El empleo de simuladores en la educación médica es una herramienta vital en la adquisición de destrezas y habilidades para el personal de salud en formación.

Introducción
En el actual modelo educativo, y en especial en el de aquellas profesiones de las áreas médica y paramédica, se tiene una población cautiva, que requiere de una formación permanente y un reentrenamiento periódico, con el fin de procurar condiciones científicas y técnicas necesarias para el adecuado entrenamiento clínico y la asistencia en situaciones de urgencia y emergencia.

En la actualidad, una de las mayores preocupaciones de las instituciones formadoras del talento humano en salud es la de definir cuál debe ser la metodología ideal para la enseñanza, debido a que los modelos tradicionales ofrecen poca intensidad en las prácticas y están sometidos a la eventualidad de las patologías; esto puede generar en los educandos la adopción de sus propias técnicas empíricas, con las cuales pudieran intentar suplir la deficiencia creada por el modelo educativo adoptado, y crear adicionalmente dificultades en la toma de decisiones frente al manejo de situaciones críticas.

El uso de simuladores en la educación médica permite afrontar de manera más eficiente este proceso de formación académica, mediante el desarrollo de un conocimiento analítico y práctico, la adquisición de destrezas y habilidades y la incorporación del conocimiento tecnológico, para apoyar los modelos educativos. La simulación se entiende como la reproducción de un hecho de la realidad [1], y lograr su repetición indefinida, lo cual permite un análisis pausado, metódico, sin condicionantes y, lo más importante, sin exponer a riesgo y maltrato repetitivo al paciente.

La utilización de simuladores en la educación médica ha demostrado ser una herramienta de gran valor en la adquisición de destrezas y habilidades para el personal de salud en formación. Si bien no reemplaza el manejo directo del paciente, el estudiante que ha recibido entrenamiento previo llega en mejores condiciones y con una mejor actitud ante el paciente real; esto genera una mayor responsabilidad y reduce considerablemente la posibilidad de producir iatrogenia.

La aplicación de la herramienta más indicada, según los objetivos académicos de cada programa, se basa en el concepto de la pirámide de la simulación [2], la cual permite al educando seguir un proceso lógico de aprendizaje en los diferentes niveles de complejidad que ofrecen los simuladores.

Se debe iniciar con la macrosimulación, mediante el uso de modelos físicos estáticos, para desarrollar luego habilidades cada vez más complejas, hasta llegar a la simulación avanzada y, por último, a la simulación dinámica, con un acompañamiento permanente de la denominada microsimulación.

Esta pirámide se podría esquematizar como se muestra en la Gráfica 1 .

La macrosimulación es la utilización de elementos físicos, visibles y palpables, en la que se pueden encontrar diferentes categorías:

  • Modelos anatómicos: como su nombre lo indica, son simplemente maquetas, que representan estructuras con una permanencia en el tiempo mayor que los cadáveres, en diferentes escalas, con colores reales o artificiales y con un deterioro escaso. Se usan como elemento de consulta y refuerzo del conocimiento básico de anatomía, permiten la revisión de las relaciones de las estructuras y pueden llegar a un nivel de detalle extraordinario. La tendencia mundial es usar cada vez menos el cadáver e incorporar las maquetas anatómicas al proceso de formación.

  • Simulación estática básica: son elementos de simulación que permiten algún tipo de intervención, pero que no dan respuesta y están orientados a la fundamentación en el desarrollo de destrezas, como reanimación básica, venopunción, control de hemorragias, examen físico (identificación de lesiones y heridas).

  • Simulación estática avanzada: son elementos que permiten el desarrollo de habilidades de mayor complejidad, como el manejo de la vía aérea con métodos invasivos, accesos venosos centrales, descompresión con aguja de neumotórax, paso de tubo a tórax o toracostomía cerrada, cateterismo vesical, punción tibial en reanimación pediátrica o la identificación de señales eléctricas o ruidos respiratorios, cardiacos y abdominales.

  • Simulación dinámica: los simuladores de este grupo permiten retroalimentar las acciones del personal que actúa sobre ellos, y producen respuestas acordes con las acciones tomadas. Requiere la integración de simuladores físicos, con protocolos en computador que orientan las respuestas. En este caso, es el estudiante quien debe de obtener toda la información del simulador, mediante el uso de monitoreo o examen físico.

Acerca del autor

López Jaramillo, Jorge Iván

Jorge Iván López Jaramillo es médico y cirujano de la Universidad de Antioquia, Medellín (Colombia). Especialista en Gerencia de la Salud Pública de la Universidad CES, Medellín. Magíster Internacional en Protección Comunitaria y Promoción de la Seguridad, de las Universidades de Padua (Italia), París XII (Francia), Karolinska (Suecia) y Porto (Portugal). Consultor Corporación Proinvestigación, Medellín (Colombia).
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