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Agosto de 2011 Página 1 de 5

Uso actual de los métodos complementarios de la angiografía coronaria

Alejandro Sánchez V., MD, y Francisco Tortoledo R., MD

Descripción de técnicas de ultrasonido intravascular intracoronario, tomografía de coherencia óptica y la medida de reserva de flujo coronario fraccionado.

Con el pasar del tiempo, la cinecoronariografía se convirtió en el método “gold standard” para el diagnóstico de la enfermedad arterial coronaria (EAC) y para la selección de su respectivo tratamiento (clínico, percutáneo o quirúrgico), después de haber sido utilizada como patrón de comparación para validar los diferentes métodos de diagnóstico no invasivos disponibles en la actualidad [1, 2]. Sin embargo, no es un examen exento de limitaciones, principalmente debido a que la imagen obtenida diseña en dos dimensiones el contorno de la luz vascular, sin detallar las características o alteraciones que puedan estar presentes en la pared y que no alteren de forma significativa el área luminal [3, 4].

Con el desarrollo de nuevas tecnologías y dispositivos de imagen con alta resolución, sumado al descubrimiento de nuevas fases en la progresión y evolución de la enfermedad aterosclerótica y al diagnóstico de complicaciones tardías relacionadas con el implante de los stents farmacológicos, surgió la necesidad de implementar nuevos métodos de imagen, para optimizar el diagnóstico y establecer la estrategia terapéutica más adecuada en cada caso. Para tal fin se desarrollaron el ultrasonido intravascular intracoronario (IVUS), la tomografía de coherencia óptica (OCT) y la medida de reserva de flujo coronario fraccionado (FFR). Estos métodos de evaluación de la enfermedad aterosclerótica coronaria se han utilizado ampliamente en la última década, con una gran variedad de estudios clínicos que apoyan su uso en diferentes escenarios de la práctica clínica actual: desde la evaluación de placas de ateroma moderadas hasta la definición del implante óptimo de los stents.

A continuación presentaremos una breve descripción de cada uno de estos métodos, con sus respectivas metodologías, ventajas, desventajas, aplicaciones e indicaciones clínicas.

Ultrasonido intravascular intracoronario
El IVUS es una modalidad de imagen invasiva y segura, que a través de imágenes tomográficas permite visualizar la estructura de la pared vascular, identificar con precisión la presencia de EAC en sus diferentes etapas, así como los cambios dinámicos que ocurren en el vaso coronario antes, durante y después de la intervención coronaria percutánea (ICP). Igualmente, permite realizar medidas cuantitativas tales como el área luminal del vaso, el tamaño de la placa, su distribución y, en cierto modo, su composición [4]. Desde su introducción en la práctica clínica por Yock et al. en 1989 [5], el IVUS se ha convertido en una herramienta valiosa, que complementa la angiografía coronaria y permite una mejor comprensión de la EAC. En la actualidad, su aplicación se extiende desde la investigación clínica hasta la práctica intervencionista diaria; auxilia en la toma de decisiones sobre el momento de intervenir y orienta el procedimiento de ICP con el fin de optimizar sus resultados.

Existen dos tipos básicos de catéter de IVUS disponibles en el mercado: el sólido y el mecánico ( figura 1 ). La señal ultrasónica se produce mediante la estimulación eléctrica de un cristal de cerámica situado en el interior del transductor. Una vez estimulado, el cristal se expande y contrae, lo cual genera una onda de ultrasonido que se emite en dirección al tejido que se va a analizar. Parte de esta onda se refleja de vuelta al transductor y se convierte en una imagen ( figura 2 ). Las diferentes amplitudes de reflexión de la onda de ultrasonido permiten distinguir, en una escala de grises (monocromática), los diferentes componentes de la arteria y de la placa de ateroma.

El IVUS debe realizarse después de la inyección intravenosa de heparina (100 U/kg) y la administración intracoronaria de nitroglicerina (0,1-0,2 mg). A continuación se avanza el catéter de IVUS aproximadamente 10 mm distal al segmento que se desea evaluar, y se comienza la adquisición continua de imágenes, que puede realizarse de forma manual o mediante dispositivos de tracción automática (“pullback”). Esto permite no solo cuantificar la extensión de las lesiones, sino también realizar la reconstrucción y el análisis tridimensional (volumétrico) del segmento evaluado.

Acerca del autor

Alejandro Sánchez V., MD, y Francisco Tortoledo R., MD

Laboratorio de Exploraciones e Intervenciones Cardiovasculares, Instituto Médico La Floresta, Caracas, Venezuela.
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