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Marzo de 2012 Página 1 de 2

Trasplante renal en América Latina

Ashley Baquero, MD

El tratamiento con diálisis asciende en Latinoamérica; todavía hay pacientes que mueren sin llegar a esta terapia. El trasplante renal también ha aumentado.

Las dos principales causas de falla renal crónica son la diabetes y la hipertensión arterial, y ambas enfermedades tienen una amplia incidencia en los pacientes de América Latina. En Estados Unidos hay alrededor de 130 casos de falla renal crónica por millón de habitantes, mientras que en los pacientes mexicanos que viven en este país la cifra asciende a 400; o sea que la diabetes, la hipertensión y la obesidad son enfermedades casi epidémicas en toda Latinoamérica y en el mundo, pero más en los pacientes latinos.

A pesar del auge económico que ha tenido América Latina en los últimos 20 años, muchas personas aún viven en condiciones de pobreza extrema, sin acceso a la atención médica, y mueren sin que se conozca la causa. Países como República Dominicana y Nicaragua tienen un muy bajo porcentaje de pacientes con diálisis, no porque no tengan enfermos que la requieran, sino porque el diagnóstico no se establece, y cuando esto se hace no se les ofrece el tratamiento adecuado.

En su fase incipiente la enfermedad renal no se detecta, y cuando sí se detecta no se sigue adecuadamente: no se controlan la hipertensión o la diabetes para proporcionar protección a estos riñones que vienen ya lesionados.

Al revisar las estadísticas latinoamericanas, el tratamiento con diálisis asciende; sin embargo, todavía hay pacientes que mueren sin llegar a esta terapia, especialmente en los países con altos niveles de pobreza.

En cuanto al trasplante renal, también ha aumentado, y en los últimos años se ha incrementado en los países latinoamericanos; en Centroamérica y el Caribe, Perú, Bolivia y Paraguay todavía el nivel es muy bajo. Además, algunos países no tienen programas de donación cadavérica, y no se les ofrece a los pacientes la oportunidad de un trasplante. Ellos se ven obligados a recurrir a donantes vivos, que muchas veces no están disponibles, y deben continuar realizándose la diálisis hasta que fallecen.

Los niños con insuficiencia renal crónica presentan un importante retardo en el desarrollo. Por esta razón, en la mayoría de los países desarrollados los pacientes pediátricos tienen una ventaja con respecto a los otros que esperan para recibir el riñón. Si se trasplantan antes de que se detenga su crecimiento, crecen más saludables.

En el paciente adulto que ha sido dializado por un largo período de tiempo, en donde existe desbalance metabólico, electrolítico, después del trasplante este se reduce por completo en la mayoría de los casos. Por ejemplo, después del trasplante hay mujeres que han decidido tener hijos, y existe un registro completo de embarazos después del trasplante.

Registros
Aunque Chile, Argentina y Uruguay cuentan con registros individuales de los resultados obtenidos con el trasplante a lo largo del tiempo, en la mayoría de los países de Latinoamérica no existen, y es este uno de los trabajos de la sociedad. Contamos con un registro latinoamericano de los pacientes renales y de cuántos trasplantes se han hecho, pero de ordinario no hay uno que diga que si se realiza un trasplante se tiene el 80 ó 90% de posibilidades de que esté funcionando al año, como existe en los Estados Unidos y en la Unión Europea.

Formación profesional y centros de atención
En Estados Unidos, la participación del cirujano en el tratamiento con trasplante es mucho más activa que en América Latina. Allí los cirujanos empezaron a hacer los seguimientos de los pacientes trasplantados, y en la actualidad continúan haciéndolo por los primeros seis meses.

En América Latina los nefrólogos desempeñan un papel importante en la selección y el tratamiento quirúrgico, y además hacen el seguimiento, mientras que el cirujano, en la mayoría de los casos, tan solo opera.

Lo rutinario en Estados Unidos y en Europa son dos años de especialidad en cirugía de trasplante. Sin embargo, en Latinoamérica y otros países hay cirujanos que realizan un curso de tres o seis meses, y regresan a su país como cirujanos de trasplante.

Costa Rica, Nicaragua y la mayoría de los países pequeños de Latinoamérica no cuentan con una certificación por una organización central estatal, para asegurar la calidad de los hospitales donde se realizan los trasplantes, como sí sucede en los más desarrollados, en los cuales un hospital debe tener cierto número de camas y ofrecer las subespecialidades necesarias para el seguimiento multidisciplinario del paciente, para que el trasplante sea exitoso, como radiología e infectología, por ejemplo.

Un centro de trasplante debe estar preparado para suplir todas las necesidades del paciente, desde un comité de ética hasta los servicios superespecializados que se necesitan para ofrecerles la atención médica y humana que requieran.

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