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Octubre de 2014 Página 1 de 3

Ruptura del ligamento cruzado anterior

Liliana Támara, MD. y Mauricio Burbano, MD.

Este artículo busca resaltar las estrategias diagnósticas y terapéuticas de los ortopedistas en el tratamiento de la ruptura del ligamento cruzado anterior.

La ruptura del ligamento cruzado anterior es de alta prevalencia entre deportistas y de su oportuno diagnóstico y adecuado manejo, depende la plena recuperación y el regreso a la actividad deportiva.

Relevancia epidemiológica de la ruptura del LCA

Las enfermedades musculo esqueléticas son la segunda causa de discapacidad en todas las regiones del mundo, de acuerdo con el estudio global sobre la carga de enfermedades o Global Burden of Disease. Se estima que en las consultas médicas, entre el 10 y el 15% de los adultos acusan síntomas en rodillas1. Sin embargo, los diagnósticos asociados a una gonalgia pueden estar subestimados, debido a la subutilización de resonancias magnéticas y artroscopias en el diagnostico etiológico de las lesiones que causan la sintomatología.

Cuando se revisan las lesiones en deportistas de alto rendimiento, se ha identificado que los jugadores de fútbol de EE.UU. presentan anualmente una incidencia de tres lesiones del ligamento cruzado anterior (LCA) por cada 1.000 jugadores activos2. Adicionalmente, está comprobado que las mujeres deportistas tienen un riesgo mayor de presentar lesiones del LCA, que los hombres que desempeñan la misma actividad3.

Mediante un metaanálisis se documentó una incidencia global tres veces mayor de lesiones de LCA en mujeres que practican futbol soccer y basquetbol, que en los hombres4. Se evidenció que el riesgo de ruptura del LCA entre mujeres atletas de alto rendimiento que practican estos deportes, durante cada año de participación, es de aproximadamente un 5%. Entretanto, los hombres tienen un tercio de ese riesgo, es decir un 1,7% anual. Algunos deportes no implican un riesgo importante de ruptura del LCA, como es el caso del vóleibol. En otros deportes, la pericia del practicante es determinante para minimizar el riesgo de ruptura del LCA, como por ejemplo, en el esquí de alturas.

Fisiología de la rodilla y mecanismos del trauma

La rodilla es la mayor articulación del cuerpo, con un amplio rango de movimiento. La estabilidad de la rodilla está provista por estructuras de tejidos blandos como son el ligamento cruzado anterior (LCA), el ligamento cruzado posterior (LCP), el ligamento colateral medial (LCM), el ligamento colateral lateral (LCL), los meniscos, la capsula y los músculos.

Los ligamentos cruzados aportan estabilidad a la articulación, limitando el desplazamiento anterior y posterior de la tibia sobre el fémur, a la vez que ayudan en la propiocepción. El LCA es especialmente susceptible de lesionarse debido a su trayecto subcutáneo y por pertenecer a una larga extremidad que soporta peso. Cuando se rompe el LCA se produce un movimiento anormal hacia adelante de la tibia sobre el fémur, lo cual ocasiona una rotación interna anormal de la tibia al final de la extensión y una sensación de que la rodilla se “afloja”.

Estos síntomas ocurren tanto durante la marcha normal, como también en los movimientos de pivote que requieren un cambio de dirección. Es necesario comprender bien las funciones del LCA para entender los mecanismos del trauma, que generalmente implican un giro con deslizamiento del fémur sobre la tibia acompañado por estrés en valgo. En el momento de la lesión, no necesariamente se requiere un impacto directo sobre la rodilla o pierna, pero el pie usualmente está apoyado y el paciente siente un “resalto” cuando se da la lesión. Por lo tanto, la historia de un movimiento brusco o anormal seguido de la sintomatología súbita descrita, debe conducir en primera instancia a una sospecha diagnóstica de ruptura ligamentaria o meniscal5.

Los principales mecanismos de lesión del ligamento cruzado anterior, en orden de frecuencia son:

  • Rotación interna y estrés en valgo
  • Hiperextensión
  • Estrés en varo con rotación externa

Dentro de los mecanismos de las lesiones de la rodilla es importante anotar que, además de las lesiones del LCA, pueden coexistir otras lesiones de las demás estructuras blandas u óseas de la articulación; por lo tanto el abordaje clínico, imagenológico y procedimental en la investigación diagnóstica debe tener en cuenta esta premisa.

La evolución natural de la ruptura del LCA implica inestabilidad de la rodilla, lo cual ocasiona disminución de la actividad física, sensación de limitación y deterioro de la calidad de vida en el corto plazo. Con el tiempo las lesiones del LCA pueden conducir a artrosis de la rodilla.

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