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Abril de 2010 Página 2 de 2

Retos de la medicina intensiva en América Latina

Equipo editorial de El Hospital en colaboración con el doctor Daniel Cerazo y otros

Combinar la atención con la investigación. En las UCI se pueden hacer estudios controlados de gran calidad (ventilación mecánica, sepsis, traumatismo de cráneo, etc.), puesto que se pueden controlar todos los datos; sin embargo, en muchas de ellas no los realizan, tal vez por la falta de estructura. Hay países donde se estimula la investigación científica individual, local y regional; por ejemplo, la SATI ha desarrollado programas de becas para investigadores menores de 40 años.

Escasa dotación de las UCI. Muchas veces depende de la complejidad y del tipo de hospital, si es público o privado. Algunas UCI están equipadas con toda la tecnología necesaria para prestar una adecuada atención a los pacientes, como respiradores microprocesados de alta complejidad y bombas de infusión; también las hay pequeñas, que se han equipado con rezagos de hospitales del extranjero, fundamentalmente de Estados Unidos, y tienen, por ejemplo, respiradores de finales de la década de los 70. En general, las UCI que tienen programas de residencia son las que están mejor dotadas y en las que se realizan proyectos de docencia e investigación.

La costo-eficiencia. Los cuidados intensivos son costosos, a causa de la tecnología y los medicamentos que se usan, y por la falta de racionalidad científica, afirma Camargo. En las UCI se debe trabajar bajo el criterio de costo-efectividad y evaluar de continuo el costo-beneficio a través de indicadores económicos, técnicos y de calidad, para marcar la diferencia en la atención. Uno de los desafíos a los que se enfrentan sus directores es lograr lo mejor de la UCI, para lo cual deben tomar cursos de gestión.

El control de las infecciones. Las infecciones nosocomiales son comunes en la UCI y prolongan la estadía del paciente. De hecho, infección es sinónimo de calidad; una institución en donde se reportan muchas infecciones indica que no hay calidad, y la calidad comienza con el lavado de manos. Su control se relaciona no solo con el entrenamiento, el desarrollo, el cuidado, sino también con la capacidad y cantidad de personal. No es lo mismo una UCI con una enfermera para cada paciente, que una con una enfermera para tres o cuatro pacientes, como hay en nuestra región. Las infecciones intrahospitalarias van en las manos del personal que atiende a los enfermos, y es más difícil mantener a los pacientes libres de contaminación cuando la misma enfermera, el quinesiólogo o el médico atienden a más de uno. Por esto, se recomienda que cada UCI tenga un grupo de vigilancia epidemiológica o por lo menos haga control de infecciones; para este último se deben seguir las normas internacionales, es esencial el buen lavado de las manos, adecuados controles de barrera y el manejo racional de antibióticos.

Fin.

Acerca del autor

Equipo editorial de El Hospital en colaboración con el doctor Daniel Cerazo y otros

Daniel Cerazo, MD, presidente actual de la Federación Panamericana e Ibérica de Sociedades de Medicina Crítica y Terapia Intensiva (FEPIMCTI); Ignacio Previgliano, MD, presidente actual de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), y Rubén Darío Camargo, MD, presidente nacional de la Asociación Colombiana de Medicina Crítica y Cuidado Intensivo (AMCI).
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