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Julio de 2009 Página 1 de 2

Relevancia de la iniciativa hospital seguro

Se denomina “hospital seguro” a uno cuyos servicios son accesibles y funcionan a su máxima capacidad y en su infraestructura, después de una catástrofe natural.

Desastres como los terremotos de Turquía (1999); Gujarat, en la India; El Salvador (2001), y Bam, en Irán (2003), o los ciclones de Granada, Haití y Filipinas (2004), evocan imágenes de un gran número de víctimas que están a la espera de recibir tratamiento médico, y de hospitales de campaña en los terrenos de hospitales severamente dañados. Sin embargo, el impacto de un hospital destruido es más profundo. Por un lado, debe enfrentar el reto de reanudar el tratamiento de las urgencias médicas y la demanda de atención requerida en situaciones normales, y por otro, hay que brindar atención médica a las víctimas de los desastres.

De manera especial en los países en desarrollo, los hospitales ofrecen más que atención médica para los enfermos. Albergan laboratorios de referencia para la salud pública, alertan tempranamente sobre enfermedades transmisibles y sirven de centros para la educación en salud pública, por lo que es esencial protegerlos. Además de proporcionar una buena atención médica, deben garantizar la seguridad de los usuarios, que son muy vulnerables.

Aunque el valor de la infraestructura física del edificio constituye una pequeña fracción del costo total, los establecimientos de salud modernos concentran equipos costosos en espacios pequeños y representan una enorme inversión, por lo que su destrucción es una carga económica importante para la sociedad [2]. Adicionalmente, la falta de servicios médicos perjudica el proceso de recuperación económica y empresarial de la población, aspecto que se subestima o se aborda rara vez al determinar las prioridades de reconstrucción [1].

Reducción de la vulnerabilidad
Múltiples matices y niveles de protección deben tenerse en cuenta en la reducción de la vulnerabilidad de un hospital. Si bien en los sucesos más extremos pueden tener cierto grado de pérdida, no se debe permitir que se derrumben en un terremoto, o que pierdan el techo o los equipos después de un huracán.

En América Latina y el Caribe, mantener operativos los hospitales en tiempos de normalidad consume casi dos tercios del presupuesto de la salud pública; por ello, que es imperioso protegerlos. El grado óptimo de protección comprende proteger la vida, la inversión y la operación. La primera es el nivel mínimo que cada estructura debe cumplir, y que asegura que la construcción no se derrumbará y lastimará a sus ocupantes; la segunda supone salvaguardar la infraestructura y los equipamientos, y realizar reparaciones con mayor rapidez, lo que se traduce en una pronta rehabilitación, puesto que la reconstrucción posterior al desastre puede ser un proceso prolongado. Por último, la protección de la operación busca cerciorarse de que el hospital puede funcionar después de un desastre.

En la actualidad, la necesidad de reducir la vulnerabilidad no estructural de los establecimientos existentes se reconoce en muchos países de América Latina. Desde mediados de los años ochenta, países proclives a terremotos, entre ellos Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México y Perú, han reforzado (como se denomina el proceso de corregir puntos débiles estructurales y no estructurales inadmisibles) las instituciones sanitarias esenciales.

Reforzar todos los hospitales existentes es extremadamente costoso y causaría mucha desorganización, por lo que se sugiere concentrarse en las áreas críticas de los establecimientos prioritarios [1]. Por otra parte, es factible y económico lograr que los centros nuevos satisfagan los requisitos de seguridad más estrictos y modernos, lo que debe contemplarse durante el proceso de planificación, en la selección de la ubicación y, desde luego, en la formulación de las especificaciones arquitectónicas y de ingeniería. Hacer que los hospitales sean seguros ante los desastres naturales requiere el conocimiento multidisciplinario de una variedad de expertos [1].

El costo económico de la mitigación de los desastres
Técnicamente es imposible y muy costosa la protección contra todos los peligros naturales. El costo de reducir la vulnerabilidad depende de varios factores. Uno de ellos es la naturaleza de la amenaza: es más costoso proteger infraestructuras críticas contra terremotos que ante inundaciones, y más aún que contra daños causados por el viento, como huracanes y ciclones.

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