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Abril de 2004 Página 1 de 4

Rehabilitación cardiaca: guía en el camino a una nueva y mejor vida

Ilarraza Lomelí, Hermes

Los programas de rehabilitación cardiaca ofrecen evaluación médica, prescripción de ejercicio, modificación de factores de riesgo, educación y asesoría.

La principal causa de muerte a nivel mundial son las enfermedades cardiovasculares (CV). En las últimas décadas los avances científicos y técnicos dentro de la práctica de la cardiología han sido enormes. Con el advenimiento de nuevos métodos de evaluación del paciente, más sensibles y precisos, como son los estudios de ecocardiografía, cateterismo cardiaco, estudios de perfusión coronaria y de imagen y los análisis bioquímicos, el diagnóstico cardiológico se ha vuelto mucho más certero [1].

Aunado a ello, se han desarrollado nuevas medidas terapéuticas como la reperfusión miocárdica mediante trombolisis, angioplastia y la cirugía con colocación de hemoductos venosos o arteriales al árbol coronario. Otros avances importantes han sido realizados en el terreno de la actividad eléctrica del corazón con el diagnóstico más preciso de las arritmias por medio de los estudios electrofisiológicos y el tratamiento de las mismas, ya sea con intervencionismo (ablación endocárdica) o mediante el uso de modernos medicamentos antiarrítmicos [1], e incluso algo que otrora parecería salido de una novela de ciencia ficción pero es casi una realidad: la terapia génica. Esto ha disminuido la mortalidad por infarto del miocardio en forma considerable. Por ejemplo, en Francia reportan un descenso del 28% en la mortalidad de este grupo de pacientes entre los años 1985 y 1991[2].

El sólo hecho de que haya salvado la vida, le genera esperanza. Vemos cada vez más pacientes que han sorteado con éxito ese trance, pero se enfrentarán en los siguientes meses a una situación que nunca se esperaron [1].

Cuando duele el corazón. ¿Cuál es la situación y las necesidades del paciente con cardiopatía en el mundo de hoy?
Cuando el paciente sabe que está enfermo del corazón, experimenta un duelo que puede generar sensaciones de inseguridad, miedo, ansiedad, desesperanza e incluso provocar un cuadro de depresión mayor. Además, las numerosas dudas que el paciente tiene acerca de su pronóstico, su actividad física y sexual, la capacidad para volver a conducir un automóvil, la factibilidad de regresar a trabajar, entre otras, muchas veces no son resueltas, lo que genera más inseguridad y pérdida de la confianza en sí mismo.

Este sentimiento de fragilidad experimentado por el paciente y el exceso de cautela por parte del médico, se han reflejado en la historia desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, el miedo del médico a que el paciente tuviera una muerte súbita en los días que seguían a un infarto del miocardio, le obligaban a prescribirle reposo absoluto por largos periodos. En los años cincuenta se creía que el paciente debería guardar estricto reposo en cama durante las primeras 8 semanas. Incluso varios meses después de haber presentado un infarto agudo del miocardio, al paciente se le restringía importantemente la actividad física y a algunos no se les permitía subir un piso de escaleras hasta después de haber cumplido 1 año de haber sufrido el infarto agudo del miocardio. A otros pacientes no se les autorizaba a comer por sí solos o incluso voltearse de lado en la cama [1,3].

En no pocas ocasiones, el paciente tiene un deterioro importante no solamente en su estado de salud, sino que tiene problemas para su reincorporación laboral y para volver a tomar su papel familiar y social [4].

La primera inquietud de un paciente es en cuanto a su sobrevida. Se han realizado innumerables tipos de clasificaciones de riesgo CV en el paciente que ha sufrido un infarto del miocardio, con el afán de tratar de predecir el tiempo que tardará en presentar un nuevo evento CV o incluso la muerte. Para ello, es necesario realizar lo que se conoce como una estratificación del riesgo y se requiere una serie de estudios para evaluar las características de cada paciente.

El diagnóstico de cardiopatía isquémica también afecta de forma importante la vida sexual de los pacientes. En un 50% de los casos el paciente disminuye su actividad sexual después de haber sufrido un infarto agudo del miocardio y en un 25% la suspende totalmente [4,5]. Las causas son muy variadas, pero el común denominador es el miedo y la inseguridad tanto del paciente como de su pareja. En el 80% de los casos el paciente no recibe ninguna información acerca de su vida sexual por parte del médico [5,6].

Acerca del autor

Ilarraza Lomelí, Hermes

Jefe del Departamento de Rehabilitación Cardiaca y Medicina Física. Cardiólogo con post-grado en Rehabilitación Cardiaca. Centro de Rehabilitación Cardiaca en Seewis, Graubünden, Suiza. Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez”. Coordinador del Capítulo de Rehabilitación Cardiaca y Prevención Secundaria de la Sociedad Mexicana de Cardiología.
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