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Febrero de 2009 Página 2 de 3

Radioncología: avances y perspectivas en América Latina

Luis Pinillos Ashton, MD

La informática también ha desempeñado un papel importante, ha fusionado la radioterapia con la imaginología: “sin ella no se podría pensar en los tratamientos sofisticados, la imagen del tumor moviéndose con la respiración, o el movimiento intestinal seguido por el rayo. No hace mucho se calculaban las dosis con una regla de cálculo, hoy hay un sistema de planeamiento, que permite, a través de la informática, hacer los cálculos específicos de la dosis en distintos puntos del tumor y alrededor del mismo, en los órganos que hay que proteger, etcétera”, sostiene Pinillos. Aparte, la informática ha permitido hacer equipos más pequeños, cuya operación es más sencilla, y aumentar la seguridad de los tratamientos y también la administración de los servicios de radioterapia.

El servicio
No obstante todos estos avances, Pinillos afirma que “la sofisticación está alcanzando extremos importantes, pero está trayendo incremento en costos e inequidad en oferta de servicios. Porque mientras hay servicios que pueden ofrecer radioterapia guiada por imágenes y conformada, con la utilización de multihojas y radioterapia estereotáctica tridimensional, otros no tienen ninguna disposición de equipos de radioterapia, ni primitivos, y lo que es más grave, dentro de los países es posible encontrar regiones que tienen equipamiento de punta y otras donde no hay ningún servicio de radioterapia”.

Una evaluación de la ALATRO mostró que en América Latina se necesitan más de mil equipos de megavoltaje, los cuales requieren sistemas de imágenes y de planeamiento y capacitación de personal. Actualmente esta organización trabaja con la industria proveedora en la conformación de una propuesta de equipos y en la búsqueda de financiación, de tal forma que los países puedan solucionar sus necesidades en este aspecto.

El costo por año de vida saludable perdido por cáncer en el Perú es de casi mil millones de dólares anuales. Según Pinillos, después de la prevención la radioterapia es la que más costo-beneficio ofrece dentro de los tratamientos de cáncer: “la quimioterapia en principio coadyuva, pero no cura, excepto en algunos linfomas, leucemias y tumores como el coriocarcinoma. La radioterapia tiene un importante papel en el cáncer avanzado como paliativo y un importante rol curativo en muchas de las neoplasias que vemos en América Latina, como son las de cuello uterino y de mama. Cada día es más el número de personas curadas con radiaciones y, por lo tanto, el costo-beneficio ha sido muy grande; probablemente no se ha valorado lo que significa el costo por año de vida saludable perdido por cáncer, tampoco lo que los países gastan en quimioterapia… La radioncología en la región es sumamente efectiva, pero todavía subutilizada, y creo que con el manejo de los números, y cuando se valoren los costos-beneficios, se justificará a los gobiernos la inversión en las mil máquinas que están faltando para brindar una atención razonable para la población”.

En los países de América Latina, el problema en general es que el cáncer no ha sido enfrentado de una manera orgánica. Un plan integral incluye educación para el diagnóstico más temprano, más servicios cercanos a la población, “porque no se gana mucho instruyendo a la población, y una vez que se diagnostica decirle que viaje dos horas para que se realice el tratamiento, lo que evidentemente no puede hacer”, y capacitación idónea para los profesionales y técnicos implicados. Otro problema se relaciona con la tecnología de medicina nuclear, “que se ha desarrollado de manera dispersa; la Agencia Internacional de Energía Atómica ha apoyado a distintos países, pero en la mayoría se ubican los generadores de radioisótopos en algunas de las grandes capitales, y no se puede difundir la utilización de isótopos para el manejo del dolor y demás, por la dificultad en su producción y su traslado dentro de los países”.

Los profesionales también hoy están más especializados y mejor formados. Un claro ejemplo es el del físico-médico, indispensable para el tratamiento junto con un radioncólogo, cuya formación se ha producido más como un efecto de oferta y demanda, y es muy variada –los hay ingenieros y físicos–, sin unificación de currículos. El trabajo debe ser interdisciplinario: “el equipo de cáncer base incluye un cirujano, un oncólogo médico y un radioncólogo, que junto con el patólogo y el radiólogo definen el futuro del paciente; dentro del área de la radioncología, el trabajo estrecho entre el radiólogo, el radiooncólogo, el físico y el tecnólogo médico permite que cada uno desarrolle su experticia, lo que se traslada en una mejor calidad de tratamiento”, asegura Pinillos.

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