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Diciembre de 2011 Página 1 de 3

Propuestas para evitar errores con los medicamentos en la anestesia

Patricia Posada

El sistema de administración de medicamentos en anestesia es complejo, tiene un riesgo elevado y muchos aspectos de él pueden conducir a error.

La administración de medicamentos es central en el cuidado anestésico de los pacientes [2]. La incidencia reportada de errores medicamentosos durante la anestesia va de 1:131 a 1:5.475 anestesias, y estos son una causa seria de daño iatrogénico para los pacientes, con altos costos humanos y financieros. Es inaceptable que un paciente sufra daño, aunque sea menor, mientras se somete a anestesia, por lo que estos errores deben prevenirse [3, 4].

Cerca del 50,4% ocurren por error en la preparación de la jeringa y del medicamento: de ellos, en 18,9%, aunque la jeringa se etiqueta en forma correcta, el medicamento se da erróneamente, y en 20,8% se selecciona una ampolla incorrecta o hay errores de etiquetado [4, 5]. El riesgo de sustituir una droga por otra de la misma clase (tal como un opioide por otro) es más bajo que el de sustituir una de una clase por otra de diferente clase, y las consecuencias del error en el etiquetado o de omitir una droga dependen del medicamento involucrado [4]. Las drogas más comúnmente implicadas son los bloqueadores neuromusculares y los opioides [5].

Los errores de la dosificación son particularmente comunes en pacientes pediátricos. Las causas incluyen una carencia de formulaciones y/o de presentaciones pediátricas de la medicación, que hace necesaria la dilución antes de la administración, o el uso de formulaciones intravenosas para la administración oral en niños; una falta frecuente es obtener los pesos exactos de los pacientes y una carencia de datos farmacocinéticos y farmacodinámicos [1].

El uso erróneo o el mal funcionamiento del equipo explican un 26,1% de eventos; la ruta incorrecta de administración, un 14,1%, y los errores de comunicación, un 3,9% [5].

El expediente anestésico es una herramienta clínica útil para la toma de decisiones durante la anestesia y el postoperatorio. Es un documento importante para propósitos legales y una fuente de datos para investigación, auditoría y la mejora continua de la calidad. Tradicionalmente se compilan a mano, en un proceso que toma cerca del 15% del tiempo intraoperatorio de un anestesista [4].

Los errores en él, relacionados con los medicamentos, incluyen la falla en el registro de una droga administrada; la anotación del nombre del medicamento administrado, pero sin registro de la dosis; discrepancia entre la dosis total registrada y la calculaba según el peso, sexo y edad, inconsistencia entre las identidades de la ampolla o vial, la jeringa etiquetada y la droga registrada por el anestesista. Estas inexactitudes pueden conducir a errores subsecuentes, tales como la administración repetida de una dosis del medicamento, dada pero no anotada. Los expedientes manuscritos son a menudo incompletos e inexactos, lo cual reduce su utilidad [4].

Los resultados de los errores medicamentosos incluyen morbilidad menor (11,7%), mayor (4,7%), muerte (0,3%) y el despertar bajo anestesia (4,4%) [5]. En todos los casos hay una interacción compleja entre errores por factores humanos (80%) y componentes del sistema como causas de raíz, y cómo esto se relaciona con diversos tipos de errores de la medicación (droga incorrecta o dosis o ruta, y las reacciones adversas) [6]. Los factores humanos incluyen falta de atención, rapidez, error en el etiquetado del medicamento, fatiga y falta de comunicación de los errores [5].

Muchos errores anestésicos siguen sin identificar por la persona que los comete, por lo que los eventos reportados tienden a subestimar el problema [4]. La recolección de los eventos críticos, casi errores y efectos adversos, ayuda a identificar, medir y analizar de forma objetiva la continuidad de los cuidados desde el prisma de la seguridad del paciente, para realizar los cambios estructurales, organizativos y actividades de formación continua necesarias en cada área de trabajo.

El grupo de consenso reunido en enero del 2010, por la Fundación para la Seguridad de los Medicamentos Anestésicos en los Pacientes, planteó que factores muy simples ayudarían a mejorar la seguridad, al igual que otros estudios recientemente publicados [1-8].

Es esencial la estandarización de todas las funciones clave en la compleja tarea de la administración de la medicación anestésica en el quirófano, así como la participación individual de cada anestesista. La experiencia y el entrenamiento previos, la reinspección del equipo y el monitoreo para detectar el evento, ayudan a reducir al mínimo este tipo de eventos. La implementación de listas de chequeo mejora la comunicación y puede determinar un entorno más seguro para los diferentes niveles de toma de decisiones [2, 6].

Nuevas tecnologías, con un adecuado entrenamiento, pueden mejorar la seguridad en la administración de la medicación. Estas incluyen el uso de código de barras, escáner para su lectura e identificación de las drogas antes de la administración; ayudas cognoscitivas, como alarmas visuales y auditivas, lectores y expedientes computarizados, que pueden facilitar el suministro seguro de drogas en el quirófano [1, 4, 6].

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