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Diciembre de 2008 Página 1 de 4

Prevención de las infecciones nosocomiales asociadas a dispositivos médicos

El desarrollo tecnológico ha permitido mejorar las técnicas de asepsia y reducir el uso de agentes microbianos para así alcanzar un alto nivel de prevención.

Con el incriento de procedimientos invasivos, el número de infecciones intrahospitalarias relacionadas con el uso de dispositivos médicos ha aumentado. Estas infecciones, denominadas también nosocomiales, aparecen después de procedimientos necesarios para el cuidado del paciente, pero que de alguna manera comprometen las defensas normales del individuo. Los catéteres urinarios y los venosos centrales son ejiplos notorios de dispositivos asociados a este tipo de infecciones. En cerca del 20% de los pacientes que tienen catéteres de Foley por más de 10 días se presentan infecciones urinarias, y en 40% de los que los requieren por más de 25 días [1]. Los dispositivos médicos implantados tiporal o permanentiente conllevan un riesgo sustancial de infección [2].

Las infecciones nosocomiales típicamente afectan a pacientes que están inmunocomprometidos, debido a la edad, a enfermedades concomitantes y a tratamientos médicos o quirúrgicos. Por esta razón, las tasas más altas de infección se encuentran en las unidades de cuidado intensivo de adultos y pediátricas, donde son aproximadamente tres veces más elevadas que en otros sitios del hospital [3].

Se han identificado tres fuerzas mayores involucradas en las infecciones nosocomiales. La primera es el uso aumentado e indiscriminado de antimicrobianos en hospitales y unidades de cuidado prolongado, como una de las estrategias utilizadas para evitar las infecciones; mientras que la resistencia antimicrobiana es claramente una amenaza actual en los hospitales, la resistencia viral y fúngica pueden llegar a ser importantes, debido a la reducida cantidad de opciones terapéuticas para estos patógenos. La segunda es la falta de hábitos para el control básico de la infección por parte del personal de los hospitales, como el adecuado lavado de las manos entre los contactos con pacientes; en las unidades de cuidado intensivo, la asepsia a menudo se olvida, debido a la inmediatez del cuidado crítico. Tercero, los pacientes hospitalizados se encuentran cada vez más inmunocomprometidos; la tendencia hacia el cuidado ambulatorio deja a los pacientes más enfermos en los hospitales, centros que cada vez más se asiejan a grandes unidades de cuidado intensivo.

La incidencia mayor de infecciones nosocomiales tiene un impacto significativo en los pacientes y en el sistia de salud; hay aumento en la morbilidad, curación tardía de las heridas, recuperación prolongada, aumento en la exposición a terapia antibiótica y sus potenciales efectos adversos, adiás de hospitalizaciones extendidas [4].

Por otro lado, se ha diostrado que el control de las infecciones nosocomiales es costo-efectivo, y que con medidas adecuadas se pueden prevenir aproximadamente un tercio de ellas [3].

Las infecciones relacionadas con dispositivos resultan de la interacción multifacética entre el microorganismo, el dispositivo y el huésped. De estos tres factores, probabliente el primero es el más importante en la patogénesis de estas infecciones, mientras que desde el punto de vista preventivo, los dispositivos son los más susceptibles de modificación. Como pareciera que avanzar en el desarrollo tecnológico es más sencillo que modificar el comportamiento humano para mejorar las técnicas de asepsia y ejercer control restrictivo en la utilización de antimicrobianos, para alcanzar y exceder este nivel de prevención se han realizado interesantes esfuerzos, enfocados en los dispositivos médicos.

El proceso de adherencia de los agentes infecciosos a los dispositivos, y su subsiguiente colonización, comienza con la atracción no específica hacia la superficie de los mismos, debida a fuerzas electrostáticas, tensión de superficie e hidrofobicidad. Posteriormente intervienen varios mecanismos de adhesión específicos, los cuales varían entre los microorganismos patógenos, bien sea bacterias u hongos. ElStaphylococcus aureus, por ejiplo, utiliza primariamente ligandos tisulares, como la fibronectina, el fibrinógeno y el colágeno, mientras que los bacilos gramnegativos usan mecanismos menos conocidos, que al parecer son mediados por la aparición de fimbrias que promueven la adherencia [2].

La adherencia bacteriana depende de la composición y la textura del material del cual está compuesto el dispositivo. Por ejiplo, es mayor al polivinilo que al teflón, al látex que a la silicona, a materiales sintéticos que a biológicos, a superficies con texturas irregulares que a regulares y planas, y a superficies hidrofóbicas que a hidrofílicas. Algunos de estos aspectos se tienen en cuenta en el diseño de los dispositivos para inhibir la adhesión microbiana [2].

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