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Diciembre de 2008 Página 2 de 3

Presión intracraneal: concepto, aplicaciones y sistemas de medición

María Antonia Poca, MD., Ph. D.

sistemas de medición de la PIC
Los primeros intentos de medir la PIC corresponden a Quincke, al introducir en la práctica clínica la punción lumbar en el año 1897. En décadas posteriores se observó que la manometría lumbar solo aportaba información puntual, y que en ocasiones era falsa, si existían compresiones o bloqueos del espacio subaracnoideo. Por otra parte, el peligro de esta maniobra en situaciones de hipertensión intracraneal motivó la búsqueda de sistias que permitieran monitorizar de forma continua la PIC. En 1951, Guillaume y Janny publican los primeros estudios en los que se mide la PIC de forma continua, a partir de la colocación de un catéter en el interior del sistema ventricular [4]. Sin ibargo, solo hasta 1960 Lundberg inicia lo que se ha denominado la “era moderna” de la monitorización de la PIC [2]. Durante muchos años la medición de la PIC, a través de un catéter ventricular acoplado a un sistema de fluidos, ha sido el único sistema utilizado, y aún hoy representa el patrón de referencia con el que debe compararse cualquier otro sistia de monitorización. No obstante, en la actualidad disponios, adiás del catéter ventricular clásico, de la tecnología adecuada para poder medir la presión en cualquiera de los compartimentos intracraneales: intraparenquimatoso, subaracnoideo, subdural y epidural (figura 2) . Como sistias alternativos debios mencionar la posibilidad de medir la PIC en los niños a través de la fontanela, antes de su cierre, y el uso de telesensores. Sin ibargo, a pesar de los intentos de introducir en la clínica el uso de sistias teliétricos, la desviación progresiva del cero y la escasa información que aporta una lectura puntual y sin registro gráfico continuo de la PIC hacen que todavía no tengan una clara aplicabilidad clínica.

independientemente del comportamiento intracraneal monitorizado, desde un punto de vista técnico, los transductores de presión se dividen en dos grandes categorías: aquellos acoplados a fluidos (fluid coupled) y los que no utilizan ningún líquido como transmisor de la señal de presión (non-fluid coupled) (figura 3). En los sistemas acoplados a un fluido, en los que el transductor se sitúa fuera del cráneo, la presión hidráulica se convertirá, al llegar al transductor de presión (cápsula de Statham o similar), en una señal eléctrica. Entre las principales ventajas de estos sistemas deben mencionarse la posibilidad de tener un acceso directo al LCR y el hecho de que permiten recalibraciones periódicas. Sus principales inconvenientes son los potenciales artefactos en las lecturas de PIC, una mayor dificultad en el manejo de enfermería y un mayor riesgo de infecciones. Los sistemas no acoplados a un fluido son dispositivos sólidos, instalados en la punta de un catéter (figura 3), el cual se colocará en el interior de la cavidad craneal. En estos últimos sistias, que utilizan fibras ópticas (no así en los electromecánicos), los cambios de la PIC modifican las señales luminosas que llegan a la punta del catéter, las cuales regresarán al monitor, donde se transforman en señales eléctricas, que indicarán el valor de la PIC. Habitualmente, los sensores no acoplados a un fluido deben calibrarse inmediatamente antes de su implantación, y una vez colocados no permiten recalibraciones. Independientiente del sistia que se utilice, todo transductor se conectará a un monitor, que proporcionará lecturas continuas de la PIC. Simultáneamente, si se desea, el monitor podrá enviar la señal hacia un equipo periférico, para obtener registros gráficos o realizar cálculos estadísticos.

En el paciente neurocrítico
Cuando se monitoriza la PIC en un paciente neurocrítico, las características del sistia de monitorización van a ser diferentes de las que se exigirían al estudiar la PIC con un objetivo diagnóstico en una planta convencional de neurocirugía. En las unidades de reanimación y en las de cuidado intensivo (UCI), el sensor de PIC debe ser de fácil implantación, versátil y con posibilidades de acoplamiento a los sistias de monitorización hiodinámica que ya se utilicen en aquella unidad. En pacientes con patología aguda y distorsiones del parénquima cerebral o ventrículos de pequeño tamaño, y con monitorizaciones previsibles inferiores a una siana, los sistias intraparenquimatosos son los de primera elección. La monitorización intraventricular debe reservarse para aquellos pacientes en los que se precise practicar estudios hidrodinámicos o en los cuales el drenaje de LCR quiera iplearse como medida terapéutica.

Acerca del autor

María Antonia Poca, MD., Ph. D.

Servicio de Neurocirugía, Hospital Universitario Vall d’Hebron. Barcelona, España. Unidad de Investigación de Neurocirugía y Neurotraumatología (UNINN).
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