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Diciembre de 2008 Página 1 de 3

Presión intracraneal: concepto, aplicaciones y sistemas de medición

María Antonia Poca, MD., Ph. D.

El especialista debe concer los sistemas de monitorización para mantener estable al paciente y evitar la mortalidad asociada a la hipertensión intracraneal.

Concepto y parámetros básicos
El encéfalo y la médula espinal se encuentran ubicados dentro de un estuche óseo rígido e inextensible, constituido por el cráneo y la columna vertebral. En condiciones normales existe una comunicación entre estos dos compartimentos, que permite un paso bidireccional del líquido cefalorraquídeo (LCR) entre ambos, por lo que podríamos definir la presión intracraneal (PIC) como la presión que existe dentro de este espacio cráneo espinal. A pesar de que la unidad internacional de presión es el kilopascal (kPa), la PIC se expresa en la mayoría de artículos en milímetros de mercurio (mm Hg). Las equivalencias entre unidades indican que 1 mm Hg equivale a 13,6 mm H2O y 1 kPa a 7,5 mm Hg. En el adulto sano, y en una posición de decúbito supino o en decúbito lateral, la PIC media normal deber ser inferior a 12 mm Hg. En los niños menores de cinco años, este valor normal se reduce a 10 mm Hg, para pasar a ser de 5 mm Hg por debajo de los dos años de edad. La PIC presenta elevaciones moderadas durante el sueño, especialmente en las fases Ri (movimientos rápidos de los ojos), y aumenta también de forma puntual durante las maniobras de Valsalva. La hipertensión intracraneal (valores de PIC por encima de 20 mm Hg) constituye una de las principales causas de muerte y discapacidad en los individuos con procesos neurológicos agudos, como los traumatismos craneoencefálicos, por lo que en el momento actual los protocolos terapéuticos en estos y otros pacientes neurocríticos se dirigen fundamentalmente a mantener valores de PIC inferiores a 20 mm Hg [1].

La PIC no es un parámetro estático, sino que presenta cualidades pulsátiles, que son la traducción encefálica de una serie de fenómenos fisiológicos sistémicos. El registro gráfico de la PIC muestra ondas que aparecen en dos tipos de frecuencias, una rápida, sincrónica con el pulso arterial, y otra más lenta, que aparece con la respiración. En 1960, Lundberg [2] definió tres tipos de ondas de PIC adicionales, que se añadían al componente cardíaco y respiratorio de la PIC, cuya definición continúa siendo válida en el momento actual: 1) Ondas A u ondas Plateau, que se caracterizan por presentar un inicio súbito, a partir del cual la PIC asciende hasta valores elevados, habitualmente entre 60-80 mm Hg, manteniéndose a este nivel entre 5 y 20 minutos, para volver a descender de forma rápida (figura 1 ; 2))Ondas B, que aparecen a una frecuencia de entre 0,5 y 2 ondas por minuto, y en su morfología presentan un ascenso más o menos paulatino, sin meseta de mantenimiento, seguido de una caída brusca de la PIC (figura 1), y 3) Ondas C, ondas rápidas (habitualmente entre 4-8/min) y de menor amplitud, que por sus características pueden no distinguirse si no se utiliza un sensor capaz de detectar cambios rápidos de la PIC y una adecuada velocidad de registro. Identificar la presencia de ondas A y B en un registro de PIC es indicativo de patología y resulta de gran utilidad en el diagnóstico de ciertos procesos neurológicos.

Indicaciones de la monitorización continua de la PIC
La monitorización continua de la PIC es útil para establecer el diagnóstico de diversos procesos neurológicos, aunque en la práctica clínica se utiliza fundamentalmente para realizar el diagnóstico de la hidrocefalia “normotensiva” o hidrocefalia crónica del adulto [3]. Esta técnica también se aplica al estudio de hidrocefalias de otra etiología, en el pseudotumor cerebral y cuando existen dudas sobre el correcto funcionamiento de una derivación de LCR. Por otra parte, dicha monitorización constituye una guía terapéutica en aquellos procesos neurológicos agudos con riesgo de hipertensión intracraneal. El paradigma por excelencia del paciente neurocrítico es aquel con un traumatismo craneoencefálico (TCE) grave (puntuación inferior o igual a ocho en la escala de coma de Glasgow). En ellos, la hipertensión intracraneal es la principal causa de muerte y discapacidad, lo que explica que las guías de práctica clínica actuales indican que la monitorización de este parámetro es indispensable en los pacientes que han presentado un TCE grave [1]. La PIC también se monitoriza, aunque de forma menos sistematizada, en pacientes con accidentes vasculares isquémicos, hiorrágicos, encefalitis, en el síndrome de Reye y en la encefalopatía hepática.

Acerca del autor

María Antonia Poca, MD., Ph. D.

Servicio de Neurocirugía, Hospital Universitario Vall d’Hebron. Barcelona, España. Unidad de Investigación de Neurocirugía y Neurotraumatología (UNINN).
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