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Octubre de 2019 Página 1 de 3

Perspectiva de la seguridad en anestesia en América Latina

Por Pedro Ibarra, MD

Una mirada al estado seguridad anestésica en la región, donde se trabaja en el entrenamiento pero preocupa aún la adopción del registro anestésico electrónico.

La seguridad en anestesia es una cenicienta y, pese a ser la base sobre la que se ejerce la especialidad, es comúnmente ignorada y desestimada por la mayoría. Dado que la administración de anestesia rara vez tiene intención terapéutica, la aspiración es que tenga un impacto mínimo sobre el paciente.

Desde su descubrimiento, la primera inquietud de los cirujanos era la incertidumbre del daño que pudiera causar en sus pacientes, y como es conocido, poco más de un año después se documentó en la literatura una muerte por broncoaspiración. Por ello, con la evolución de la práctica médica y con procesos médico-legales cada vez más rigurosos, se han propuesto estrategias de seguridad preventivas, con el ánimo de proteger al paciente de los potenciales efectos adversos de la administración de la anestesia.

Recientemente, el Comité de Seguridad de la Confederación Latinoamericana de Sociedades de Anestesia (CLASA) recibió una solicitud para describir una perspectiva del proceso de la seguridad en América Latina. Así, con los delegados de diferentes países y contribuciones de colegas con trayectoria en el área, se describió cuál es el estado de la seguridad en el continente [1].

"El reporte de eventos adversos es una de las herramientas más importantes para la mejora de la seguridad, teniendo en cuenta, además, que los eventos graves en anestesia son cada día más infrecuentes".

Normas mínimas

Lo primero que se identificó, y que es universal y consonante con el hecho de que el continente latinoamericano es el de mayor inequidad económica, es que existe gran inequidad en la salud, ya que hay instituciones con estándares muy altos y otros con severas limitaciones.

Una aproximación para enfrentar estas diferencias ha sido el desarrollo de recomendaciones mínimas necesarias para la administración de anestesia. En América Latina, y casi como pioneros en el mundo (solo Canadá las propuso antes, en 1980), la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación (SCARE), a través de la genial propuesta del presidente de entonces, el Dr. Julio Enrique Peña, desarrolló y publicó en 1985 unas recomendaciones mínimas. Es de anotar que los estándares de Harvard, después normas mínimas de la American Society of Anesthesiologists (ASA), se publicaron en 1986. Con una estructura más universal y adaptando las NM-ASA, en 1992 se publicaron y presentaron la normas mínimas de la SCARE, que han sido actualizadas en cuatro ocasiones, la última de ellas en la edición de 2015.

Los estándares de los países de mayores ingresos reflejan cuál es el manejo habitual en ese ámbito. En cambio, las normas mínimas de la SCARE “presionan” por la adopción de nuevas estrategias, como la pulsioximetría en 1992, cuando la penetración de su uso era de 5 %, y más recientemente el uso de ultrasonido para accesos yugulares, considerado altamente deseable y planteado como mandatorio en un plazo próximo, cuando su adopción nacional, no obstante, dista de ser universal.

La intención es “forzar” la adopción de prácticas que mejoren la seguridad del paciente, las cuales, por representar costos de infraestructura o entrenamiento, enfrentan resistencia frente a su implementación. Recientemente, en un evento de seguridad un colega mencionaba que si se dañaba el pulsioxímetro, igual podría atenderse a los pacientes; y aunque no hay evidencia de categoría I, es claro que ciertos eventos negativos que han sido famosos en los medios podrían prevenirse con su uso.

"Discutir acerca del número de especialistas es un tema tabú en toda América Latina. Esta situación compleja se deriva de una iniciativa de la OMS donde por primera vez se propone el manejo quirúrgico básico en hospitales de nivel I como meta de salud para 2030".

También existe la resistencia de muchas personas a la obligatoriedad de la capnografía, cuando este es el patrón oro de verificación de la vía aérea, o a la adopción del ultrasonido para accesos yugulares, cuando hoy, infortunadamente, persisten muchos casos catastróficos en accesos centrales que son potencialmente prevenibles con dicha herramienta. En los países de mayores ingresos estas técnicas se adoptan rápidamente por presión regulatoria local, regional o nacional, o por cuestiones de vulnerabilidad médico-legal.

Aunque en diferentes países hay normas mínimas adoptadas por las sociedades respectivas, la experiencia colombiana difiere en que poco después de publicarse la versión de 1992, el Gobierno optó por incorporarlas sistemáticamente, de manera casi literal, en los requisitos de habilitación, por lo que su cumplimiento se convirtió en obligatorio.

Curiosamente, en la última versión de habilitación de 2014 se excluyó la capnografía como obligatoria. Sin embargo, como las normas mínimas se convirtieron en lex artis, por lo cual la parte acusadora en un proceso puede emplearlas para demostrar su posición, o la parte defensora para demostrar la idoneidad, siguen teniendo un papel trascendental.


Palabras relacionadas:
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Acerca del autor

Por Pedro Ibarra, MD

Por Pedro Ibarra, MD

Médico anestesiólogo en la Clínica Reina Sofía, de Bogotá. Coordinador del Comité de Seguridad de la Confederación Latinoamericana de Sociedades de Anestesia (CLASA). Miembro del Comité de Seguridad de la Sociedad Colombiana de Anestesiología y Reanimación (SCARE). Representante Latinoamericano al Consejo de la Federación Mundial de Sociedades de Anestesiólogos.
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