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Abril de 2008 Página 1 de 2

Nuevas tecnologías diagnósticas y terapéuticas en la falla cardiaca

A pesar de los avances en farmacoterapia, muchos pacientes pasan de disfunción ventricular izquierda asintomática a falla cardiaca sintomática terminal.

La falla cardiaca es una de las enfermedades cardiovasculares con mayor prevalencia diagnóstica. Según Mather, actualmente hay cinco millones de pacientes diagnosticados en los Estados Unidos, y este número crece de manera exponencial [1]. Si bien los avances en materia de farmacoterapia, basados en nuevos agentes, que muestran eficacia en la disminución de la morbilidad y la mortalidad asociadas a la enfermedad, se reporta un aumento en la frecuencia de hospitalización, y muchos pacientes progresan de un estado de disfunción ventricular izquierda asintomática a uno de falla cardiaca sintomática terminal [1].

Ante esta situación, se han implementado nuevas técnicas diagnósticas y desarrollado novedosas tecnologías, con el fin de complementar y mejorar la evolución clínica de estos pacientes, particularmente en los casos más críticos.

Ecocardiografía
Los avances tecnológicos en ultrasonografía han aumentado su ámbito de aplicación dentro de la práctica médica. Es de resaltar el papel cada vez más importante de la ecocardiografía en la evaluación de patologías cardiovasculares agudas, ya que se trata de un método rápido, preciso y no invasivo [2]. Particularmente para pacientes con falla cardiaca dentro de la unidad de cuidado intensivo (UCI), el ultrasonido cardiaco tiene la ventaja de brindar una evaluación rápida de los parámetros cardiacos, con respecto a la resonancia magnética y a la tomografía computarizada, lo cual facilita la toma de decisiones en pacientes críticos [3]. Los problemas de calidad de la imagen dentro de la UCI se han disminuido, a través de la armonización de la imagen, la opacificación del contraste y, de acuerdo con la indicación, el uso de la ecocardiografía transesofágica (ETE) [2].

Tanto la ecocardiografía transtorácica (ETT) como la ETE permiten detectar en tiempo real anomalías estructurales y funcionales de la contractilidad, la capacidad de llenado y el gasto cardiaco. La ETE proporciona información adicional, al ofrecer una excelente visualización de las estructuras cardiacas con una tasa de complicaciones baja (2,6%). No obstante, la ETT es el método de elección actual, y se reserva la ETE para el diagnóstico de los pacientes hemodinámicamente inestables, con imágenes subóptimas obtenidas por la primera o en ventilación mecánica, y en aquellos con sospecha de disección aórtica o endocarditis [4].

Si bien la ecocardiografía ofrece información diferente de otros métodos de monitorización hemodinámica, como el catéter de la arteria pulmonar, estos procedimientos no deben considerarse competitivos entre sí, sino complementarios. En general, los nuevos avances prometen aumentar el espectro y el poder pronóstico de la ecocardiografía, a través de equipos más portátiles, lo que facilita su transporte y mejora su disponibilidad al lado del paciente [4].

Péptido natriurético tipo B
Las concentraciones sanguíneas del péptido natriurético cerebral o tipo B (BNP), y del segmento aminoterminal (NT-proBNP) de su prohormona (proBNP), se incrementan durante la insuficiencia cardiaca congestiva, en proporción con la severidad de los síntomas, el grado de disfunción ventricular izquierda y las presiones de llenado; por esta razón, se han implementado técnicas rápidas y automatizadas para su determinación, y se ha incrementado su uso con fines diagnósticos y pronósticos. En este sentido, Omland (2008) realizó una revisión de los estudios que evaluaban los valores diagnóstico y pronóstico del BNP y el NT-proBNP, enfocándose en su desempeño como indicadores de falla cardiaca aguda dentro de la UCI; encontró que ambos son indicadores precisos en los pacientes que presentan disnea aguda, y brindan información pronóstica superior a la de otros marcadores de riesgo convencionales. Sin embargo, los niveles aumentados en plasma no son específicos para falla cardiaca, y pueden ser influenciados por condiciones cardiacas o no cardiacas habituales en la UCI, como por ejemplo, isquemia miocárdica, arritmias, sepsis, choque, anemia, falla renal, hipertensión pulmonar, hipoxia y embolismo pulmonar agudo, entre otras. Por lo tanto, la interpretación de los niveles elevados de estos péptidos en la UCI debe hacerse con precaución y teniendo en cuenta el contexto clínico del paciente [5]. Finalmente, Rutten y cols. (2007) indican que las mediciones secuenciales de los niveles plasmáticos de BNP y NT-proBNP, en pacientes ambulatorios y hospitalizados con falla cardiaca, ayudan a optimizar el tratamiento, lo cual se traduce en disminución de la morbilidad y mortalidad asociadas [6] .

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