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Febrero de 2007 Página 1 de 3

Neurocirugía funcional, estereotaxia y radiocirugía

Jiménez Ponce, Fiacro. MD., PhD

La labor de los neurocirujanos funcionales y estereotáxicos no se limita al quirófano, se extiende a la tomografía, la resonancia y la angiografía.

La neurocirugía funcional tiene como principio modificar un síntoma neurológico con base en el entendimiento de su fisiopatología. Este tipo de cirugía requiere para su éxito entender cómo se produce cada síntoma o signo, independientemente de su etiología y es utilizada para modificar los trastornos del movimiento, controlar las crisis epilépticas, la espasticidad, disminuir el dolor crónico o los síntomas psiquiátricos. Al adquirir mayor conocimiento sobre los sistemas o circuitos neuronales y de neurotransmisores el neurocirujano puede intervenir con procedimientos puntuales en sitios anatómicamente específicos.

Por otra parte, la neurocirugía funcional se ha ligado casi por naturaleza a la estereotaxia, esto es, un concepto físico-matemático de coordenadas cartesianas aplicado en neurocirugía, mediante procedimientos poco invasivos, ideales para la neurocirugía funcional que siempre trata de restablecer "el equilibrio perdido" (figura 1) sin ocasionar otros trastornos.

La neurocirugía estereotáxica localiza una estructura subcortical por medio de tres coordenadas cartesianas; esta técnica tenía como objetivos efectuar registros eléctricos o lesiones circunscritas en sistemas neuronales específicos, pero actualmente permite no sólo captar la actividad de grupos neuronales intracerebrales o disminuir la acción de circuitos alterados (sistema límbico, circuito cortico-estriato-tálamo-cortical, sistemas algésicos, etc.), sino que también hace posible modular la actividad neuronal (activar o inhibir) por medio de la liberación circunscrita de corriente eléctrica con diferentes parámetros de amplitud de voltaje, frecuencia de disparo o programas de neuromodulación.

Desde los años 80 se han colocado electrodos de variadas formas sobre la superficie de la médula espinal y en la profundidad o la superficie del cerebro; además, se han desarrollado sistemas tecnológicos que permiten mantener crónicamente útil el alivio de los síntomas (figura 2) .

Actualmente los neurocirujanos funcionales y estereotáxicos se integran en equipos con neurólogos, neuropsicólogos, electroencefalografistas, ingenieros en computación, técnicos en electroencefalografía y neurofisiología clínica, ya que su trabajo no se circunscribe a la sala de operaciones para estereotaxia, sino que se extiende a la tomografía computarizada, a la resonancia magnética y a la angiografía. También es importante para esta área de la neurocirugía contar con laboratorios de electrofisiología y sistemas de registro video-EEG y microelectrodos. La parte culminante del desarrollo de este tipo de unidades se alcanza cuando un servicio así integrado puede establecer un nexo de investigación básica en modelos animales.

La neurocirugía funcional y la estereotaxia están estructuradas en diferentes tipos de clínicas que tienen como objetivo reunir por grupos a pacientes con determinadas enfermedades con el fin de establecer diagnósticos y tratamientos oportunos. Dichas clínicas se dividen de la siguiente manera:

Clínica de movimientos anormales. En esta clínica los pacientes que se atienden son aquellos con enfermedad de Parkinson, con temblor esencial y, en menor grado, pacientes con discinecias, distonías (movimientos aberrantes de las extremidades o cabeza) o corea.

La clínica recibe a los pacientes y se da el tratamiento farmacológico conveniente una vez establecido el diagnóstico. Algunos son referidos por otros médicos y otros acuden por iniciativa propia al agotarse las posibilidades de ser tratados médicamente. Cuando esto ocurre, la clínica se enfoca en elegir pacientes candidatos a someterse a una intervención quirúrgica y se establece el tipo de cirugía que se efectuará, ya que pueden realizarse procedimientos enfocados en lesionar áreas del cerebro (subtálamo, tálamo o globo pálido) (figura 3) o intervenciones para estimular eléctricamente dichas áreas mediante la introducción de un electrodo conectado a una pila que se coloca por debajo de la piel. La neuromodulación envía pulsos de electricidad para suprimir el temblor y mejorar la rigidez o disminuir la velocidad de los movimientos.

En nuestro país, México, el padecimiento que más frecuentemente se atiende es la enfermedad de Parkinson.

Acerca del autor

Jiménez Ponce, Fiacro. MD., PhD

Fiacro Jiménez Ponce, MD., PhD, es Jefe de la Unidad de Neurocirugía Funcional, Estereotaxia y Radiocirugía del Hospital General de México
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