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Abril de 2017 Página 2 de 3

Modernización de tecnologías en la unidad de cuidados intensivos en Colombia

Norton Pérez-Gutiérrez, MD* Luis Horacio Atehortúa López, MD**

Los avances tecnológicos han sido una constante en la unidad de cuidados intensivos (UCI), pero no pueden prescindir del factor humano como componente principal de la atención hospitalaria.

A pesar de estas diferencias abismales con los países más ricos, en Colombia se han adoptado los mismos parámetros de calidad establecidos por la JCAHCC (Joint Commission: Acreditation Health Care Certification). Además, el Estado se ha comprometido con la calidad de la atención en salud, la humanización y la seguridad del paciente a través de su normatividad. Pese a ello, los estándares en la calidad del recurso humano que atiende en cuidado intensivo no llegan a los mínimos reconocidos internacionalmente para obtener los mismos buenos resultados. Como reveló el estudio mencionado, en la mayoría de las UCI no se cuenta con un intensivista, ni siquiera como coordinador que lidere el enfoque de atención de los pacientes más graves [10,11], en contraste con algunos de los postulados planteados por autores brasileños en un número previo de esta revista [1]. Una UCI sin intensivista es como un avión sin piloto.

Los costos en cuidado intensivo aumentaron en Estados Unidos entre 2000 y 2005 de 56,6 a 81,7 billones de dólares, lo cual representa el 13,4 % de los costos hospitalarios, el 4,1 % de los gastos en salud y el 0,66 % del producto interno bruto [8,12]. En ese país se registran más de 5 millones de ingresos anuales a las unidades de cuidado intensivo y las primeras causas son por falla respiratoria, cuidado postoperatorio, enfermedad cardiaca isquémica, sepsis y falla cardiaca. Los pacientes mayores de 85 años se incrementaron de 4,1 a 6,9 % entre 1991 y 2004. En ese país se cuenta con 5.795 hospitales con un total de 944.277 camas. Todos los hospitales de agudos cuentan con una UCI al menos y se atienden 55.000 pacientes críticos diariamente en 67.357 camas de UCI de adultos y 4.044 camas en 337 unidades pediátricas. La oferta de cuidado intensivo neonatal es mayor, con 20.000 camas en 1.500 unidades [13]. Los estudios han demostrado que la estancia en la UCI, al igual que la mortalidad, es menor cuando la atención es liderada por un intensivista (6,1 vs 9,3 días), [14,15]. La principal causa de mortalidad es disfunción orgánica múltiple, seguida de sepsis.

En cuanto al recurso humano, se cuenta con 10.360 intensivistas y 503.124 enfermeras de cuidado crítico. Se calcula que tendrán un déficit del 35 % en el número de intensivistas para el 2020, a pesar de que el número de aplicaciones para ingresar al programa de subespecialidad en cuidado intensivo ha aumentado desde el 2004. El promedio de salario base se puede comparar con el cálculo del promedio para Colombia [16].

El número de camas de UCI ha aumentado dramáticamente en Colombia de forma heterogénea, principalmente bajo consideraciones de mercado (rentabilidad) y sin tener en cuenta el recurso humano capacitado y disponible [10]. Aun así, las unidades críticas pediátricas son muy escasas. En contraste con los datos mencionados anteriormente, el 22 % de las camas hospitalarias están representadas en camas de UCI, mientras que, de los 427 intensivistas de adultos y 75 pediátricos, 2.593 enfermeras de cuidado crítico y 1.374 neonatal, y 691 terapeutas que se requieren para la atención de las unidades actuales, solamente se han graduado de IES que ofrecen los programas de postgrado 242 intensivistas, 767 enfermeras y 312 terapeutas.

En esta fase se presentan varias preguntas: ¿Cuáles son los costos en que se incurre con la atención de UCI? ¿Cuáles son los valores que se pagan para la atención de UCI según los recursos tecnológicos y el tipo de unidad? ¿Cuáles son los desenlaces esperados vs encontrados en las UCI en Colombia según el talento humano con que se cuenta? Estas son las respuestas que se deberían monitorizar en una base de datos nacional de pacientes que debería ser obligatoria, para seguimiento e investigación, así como para la toma de decisiones por parte de estamentos inter-institucionales que incluyan a los representantes del estado, prestadores, aseguradores y las asociaciones científicas como la AMCI [6].

Todos estos avances requieren que el personal de salud dedicado al cuidado del paciente crítico sea proactivo en la capacitación de las tecnologías nuevas y las actuales a fin de brindar la mejor atención disponible, sin descuidar los aspectos más notorios de la asistencia ni permitir que la tecnología acapare toda la atención y olvidar el fin de todo este despliegue: “El secreto de la atención del paciente está en interesarse por él” [17].

Con respecto a la innovación, sin duda el sector de servicios de salud, incluido el de atención en UCI, es uno de los más complejos por la gran variedad de actores comprometidos en el mismo, la normatividad, la evolución de los modelos y el desarrollo acelerado que ha tenido el sector, lo que obliga a las mediciones de eficacia, efectividad y generación de innovación y riqueza [18]; pero esa innovación exige una compleja combinación de aportes de los sectores privado y público, puesto que la innovación se diferencia, en al ámbito de la salud, de la innovación en general, por la dimensión ética de la investigación médica asociada a un marco legal riguroso y las consideraciones en materia de responsabilidad, altos costos y elevado riesgo de fracaso [19].

En el mismo orden de ideas y relacionándolas con posibles salidas a la crisis mundial en salud, ya se están realizando algunos cambios en los países desarrollados; para un futuro, se estima que las hospitalizaciones solo serán utilizadas en casos de emergencias, estadías en servicios críticos (Unidades de Cuidado Intensivo y Cuidados Especiales) y para procedimientos; y, por el contrario, las estancias hospitalarias de rutina serán de corta duración.


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Acerca del autor

Norton Pérez-Gutiérrez, MD* Luis Horacio Atehortúa López, MD**

Norton Pérez-Gutiérrez, MD* Luis Horacio Atehortúa López, MD**

*Médico y cirujano, con subespecialidad en Medicina crítica y cuidados intensivos, especialista en docencia universitaria. Es investigador junior y director del Grupo de Investigación de Villavicencio – GRIVI. Miembro de la ACC, AMCI, PTS, ACT, SCCM, ACIN, ACNC y ASPEN. **Médico, especialista en medicina interna y crítica de la Universidad de Antioquia. Intensivista de la UCI cardiovascular del Hospital San Vicente Fundación. Ex presidente de la AMCI.
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