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Octubre de 2010 Página 1 de 2

Mantenimiento de vacunas viables

Alex Esmon, PhD

Para garantizar que el sistema inmune se estimule de manera correcta, las vacunas exógenas deben permanecer viables y ser almacenadas a su temperatura óptima.

Introducción
Muchas enfermedades humanas, antes frecuentes, se han controlado o prevenido mediante el uso de vacunas. Las inoculaciones son comunes a lo largo de la vida de un individuo, para conferirle inmunidad específica. Puesto que diferentes enfermedades son prevalentes en varias localizaciones geográficas, las vacunaciones estándar difieren en todo el mundo. Aún más, las enfermedades varían entre las especies, y numerosos factores ambientales contribuyen a incrementar el riesgo. Así, pues, se administran vacunas específicas antes de viajar (fiebre amarilla, cólera), cuando se trabaja con animales y después de un incidente ocupacional; por ejemplo, contra la rabia o el tétanos, como resultado de una mordedura de perro o una laceración con un clavo oxidado. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos [1] estiman que cada año se desechan cientos de miles de dosis de vacunas, que incluyen las de la influenza, difteria, tétanos, tos ferina, poliomielitis, paperas, sarampión, varicela y cáncer de cuello uterino, como resultado de una refrigeración deficiente en las clínicas, hospitales y consultorios médicos.

Implicaciones clínicas
Si no son detectadas, las condiciones de almacenamiento subestándar en potencia pueden conducir a la administración de vacunas de baja potencia. De ese modo, los individuos no recibirían el nivel esperado de protección contra enfermedades peligrosas. Como no existe una presentación clínica que indique que se utilizó una vacuna subestándar, a menudo esto solo se señala como un inconveniente, una vez que la clínica ha identificado un problema en sus condiciones de almacenamiento. El centro debe implementar después un programa de revacunación, en el cual todas las personas pertinentes son contactadas y se les notifica que deben ser inoculados de nuevo. Como una fuente de sufrimiento e incomodidad, en especial para los niños más pequeños y sus padres, esta necesidad de revacunación se puede prevenir con facilidad [2].

El costo de las vacunas perdidas
Las vacunas son una herramienta vital para salvar vidas; sin embargo, el costo de investigación, desarrollo, fabricación y envío es alto [3]. En el 2009 se invirtieron US$23,3 billones en la compra de vacunas en todo el mundo, un incremento del 11% con respecto al 2008 [4]. En un intento por reducir la incidencia de enfermedades en todos los grupos socioeconómicos, se estableció el Programa de Vacunas para los Niños de los Estados Unidos [5], financiado por el gobierno, para proporcionarles vacunas a los infantes que de otro modo no podrían recibirlas. Sin embargo, los problemas de almacenamiento refrigerado se han citado como una de las principales razones del despilfarro de US$20 millones incurrido con este programa, hasta el año 2007 [2]. Este es un costo sustancial, cuyo recorte se maneja con facilidad mediante la prevención de la degradación de la muestra. Mantener condiciones óptimas de almacenamiento es clave para garantizar que se les administren vacunas sanas y viables a todas las personas, y que, por lo tanto, se les confieran los máximos niveles de inmunidad.

La importancia de mantener las condiciones de almacenamiento
Aunque la viabilidad y la pureza son esenciales para asegurar que las vacunas sean eficaces, en la actualidad no existe ninguna medida de control de calidad previa a su administración. Por lo tanto, las condiciones de almacenamiento deben ser optimizadas y monitoreadas con consistencia, como un medio para garantizar la calidad de la vacuna. Sin embargo, como cada tipo de vacuna es único en cuanto a su capacidad de proporcionar inmunidad contra una enfermedad específica, las condiciones de almacenamiento deben ser adaptadas a la medida.

La gran mayoría de las vacunas pueden ser almacenadas entre los 2 y los 8 °C, y no deben exponerse a temperaturas que se desvíen hacia cualquiera de los dos lados; por ejemplo, la congelación reducirá de forma irreversible su potencia. Algunas contienen un adyuvante de aluminio, que si se congela, se precipita, lo que da como resultado una pérdida de eficacia. No obstante, vacunas como la de la varicela y la viva atenuada contra la influenza (LAIV, por su sigla en inglés: live attenuated influenza vaccine) se deben mantener en un estado de congelación, sin que ocurra ninguna congelación-descongelación [6], como se puede ver en la tabla 1 .

Mapeo de la temperatura
Es importante que el equipo de almacenamiento en frío que se utiliza para almacenar vacunas en un ámbito clínico proporcione temperaturas precisas y estrictamente controladas. Hay disponibles muchos refrigeradores y congeladores para usos industriales y domésticos, tales como el almacenamiento de alimentos. Como se trata de preparaciones muy sensibles, las vacunas se deben almacenar en refrigeradores o congeladores de alto rendimiento, desarrollados para proporcionar y mantener temperaturas bajo tolerancias mucho más estrictas, para conservar la pureza de la muestra.

Acerca del autor

Alex Esmon, PhD

Gerente Comercial Global, Laboratory Refrigerators and Freezers, Laboratory Equipment Division, Thermo Scientific.
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