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Agosto de 2007 Página 1 de 3

Manejo intrahospitalario neonatal

José Antonio Montoya, MD

Consideraciones sobre el manejo hospitalario neonatal de niños macrosómicos, prematuros, sépticos, hipotérmicos y con hiperbilirrubinemia o kernicterus.

Tratándose de los niños, las mamás embarazadas asisten a control prenatal y poco a poco abandonan la casa y la asistencia de parteras empíricas, para que sus niños nazcan en los hospitales, con ayuda de médicos y enfermeras. Se detectan niños con problemas durante la gestación, y al nacer, un equipo médico preparado lo asiste, corrigiendo el problema de inmediato, o bien haciendo menos difícil la vida de este bebé.

La mayoría de los niños, el 80% aproximadamente, nacen con peso y talla adecuados, y necesitan poca asistencia y apoyo posterior para que tengan una vida saludable. Para aquellos que tienen la fortuna de nacer en un hospital, actualmente los dejan “en alojamiento conjunto” al lado de su madre, para que lo amamante y lo abrigue, bajo la vigilancia de médicos y enfermeras, que orientan y capacitan a la nueva mamá; los dan de alta habitualmente durante el transcurso del primer día de vida [1].

Aproximadamente un 10% de los niños nacen grandes para su edad gestacional, y necesitan manejo y cuidados especiales para recuperar el buen estado de salud para vivir; además, en ocasiones requieren hospitalización por pocos días. A pesar de todos los adelantos y descubrimientos, otro 10% de niños nacen antes de la fecha esperada y/o con peso y tamaño reducidos para su edad gestacional.

La prematurez sigue siendo un problema importante de salud pública en el mundo, en especial en los países en vías de desarrollo, porque se asocia con patología respiratoria neonatal, la cual es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad neonatal. Durante siglos casi todos estos niños morían, pero ahora muchos tienen probabilidades de vivir, cuando nacen en hospitales con modernos equipos y nuevos medicamentos, asistidos por médicos y enfermeras debidamente entrenados para atenderlos en estos momentos tan difíciles de su existencia.

Para el buen manejo de los niños prematuros, todos los hospitales deberían tener unidades de cuidado intensivo neonatales (UCIN), con equipo de alta tecnología, personal capacitado y el apoyo de radiología, ultrasonido y laboratorio en el momento que se necesite. Infortunadamente esto no siempre es posible, pues implica un alto costo económico [2].

El principal problema que se debe enfrentar en los niños prematuros es la dificultad respiratoria por enfermedad de membranas hialinas, por falta de surfactante pulmonar. Estos niños requieren la administración de oxígeno y surfactante pulmonar exógeno, de preferencia en la primera hora de vida, y el apoyo de la ventilación con presión positiva continua a la vía aérea, modalidad CPAP nasal, una tecnología de bajo costo que ha demostrado utilidad clínica y disminuye la mortalidad y la morbilidad neonatal, evita las consecuencias indeseables ocasionadas por el uso de alta presión en la vía aérea, y las elevadas concentraciones de oxígeno con los respiradores de ventilación mecánica [3, 4].

Los respiradores de ventilación convencional, o de alta frecuencia, requieren instalaciones especiales y personal médico y paramédico entrenado en su uso; además, su costo es elevado, y por estas razones no todos los hospitales pueden tener este recurso.

La ventilación mecánica se lleva a cabo a través de tubos endotraqueales, ahora de varias vías, para no desintubar al bebé a la hora de administrar el surfactante o de aspirar las secreciones endotraqueales. Requiere también de oxímetros de pulso, que nos dan la saturación de oxígeno en los tejidos y de gasometrías, que nos guían en el manejo constante del respirador; de un equipo de rayos X para tomar radiografías del tórax, a fin de corroborar el diagnóstico y asegurarse de que la punta de la cánula endotraqueal esté siempre por encima de la carina y que no haya signos de neumotórax o de alguna otra iatrogenia consecutiva al manejo, y radiografías del abdomen para descartar otras patologías [5].

Una complicación frecuente en estos niños pequeñitos es la hemorragia cerebral, por el uso de altos volúmenes de líquidos intravenosos, de soluciones hipertónicas o de medicamentos; por ello, también se debe contar con un aparato para realizar ultrasonografía transfontanelar.

Otro grave problema que se presenta es la sepsis neonatal. Su incidencia varía de 0,5-1/1000 en hospitales privados a 5-7/1000 en hospitales del gobierno: se observa con más frecuencia en prematuros (1/230) que en recién nacidos a término (1/1200). Tiene una elevada mortalidad, entre 60-90% en relación inversa con la edad gestacional, debido al uso frecuente de tubos endotraqueales, catéteres vasculares periféricos y umbilicales y bajos niveles séricos de inmunoglobulinas en los recién nacidos prematuros [6].

Acerca del autor

José Antonio Montoya, MD

Pediatra Neonatólogo, Ex Presidente del Colegio de Pediatría de Chiapas, México; Presidente y Fundador de la Asociación de Perinatología y Neonatología del Estado de Chiapas, México.
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