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Agosto de 2007 Página 2 de 4

Lámparas quirúrgicas

Instituto ECRI

Las lámparas quirúrgicas pueden reducir las sombras utilizando diferentes configuraciones, incluyendo un cabezal grande que contiene múltiples bombillos, un cabezal grande con un bombillo único y un reflector periférico, varios cabezales pequeños que dirigen la luz desde varios puntos divergentes, o un cabezal de luces con un sistema óptico prismático. Todas las luces pueden ser enfocadas para maximizar la iluminación en el área (campo) de interés, una profundidad de campo –un rango dentro del cual el patrón de luz es distribuido en forma consistente y uniforme– de 10” a 12” puede permitir una iluminación relativamente igual desde la superficie hasta la profundidad de la incisión, sin necesidad de cambiar la posición de la lámpara. Sin embargo, la intensidad de la luz puede disminuir en forma aguda cuando la distancia de trabajo excede la longitud focal, y a distancias por encima y por debajo de la profundidad del campo, el patrón de la luz se vuelve heterogéneo y puede ser oscuro en el centro.

Para reducir al mínimo los efectos perjudiciales del calor, las lámparas quirúrgicas emplean filtros o lentes que dejan pasar la luz visible pero no el calor, así como reflectores dicroicos (algunas veces denominados espejos fríos), que reflejan las longitudes de onda visibles de la luz hacia el sitio quirúrgico y transmiten el calor lejos de este. Estos métodos se pueden utilizar solos o combinados. El calor también puede ser transferido por conducción, convección, radiación, o por una combinación de estas.

La transferencia de calor ocurre cuando la energía radiante es emitida hacia otro cuerpo y se absorbe. En las lámparas infrarrojas (IR) de tungsteno-halógeno, el filamento de tungsteno utiliza este principio: una película reflectora IR sobre la cápsula de la lámpara dirige cierta cantidad de la radiación IR hacia la parte de atrás del filamento.

Las lámparas quirúrgicas por lo general utilizan bombillos incandescentes de tungsteno-halógeno, de xenón-halógeno o de cuarzo-halógeno. Además de los IR de tungsteno-halógeno, estos pueden ser clasificados como incandescentes estándar y de tungsteno-halógeno (vidrio o cuarzo). Las lámparas son bombillos incandescentes llenos de gas, que contienen una cierta proporción de halógeno en un gas inerte con una presión que sobrepasa las tres atmósferas. El bombillo incandescente de tungsteno-halógeno también emplea un filamento de tungsteno en la lámpara llena de gas halógeno y tiende a ser más brillante, tiene una temperatura de color ligeramente más alta y dura más que un bombillo incandescente corriente.

Algunos bombillos de xenón-halógeno con descarga de gas funcionan bajo el mismo principio de los avisos de neón: la emisión de luz es producida por el paso de la corriente eléctrica a través de un gas y no a través de un alambre. Estos bombillos emiten más luz que los bombillos halógenos al mismo vatiaje, pero son más costosos.

Algunas lámparas vienen con un bombillo de reserva, que es conmutado automáticamente para su uso cuando el bombillo principal falla. Otras lámparas emplean bombillos múltiples dentro de uno o más cabezales, lo cual puede disminuir el impacto de la falla de un bombillo. La mayoría de las lámparas se encuentran disponibles con una lámpara secundaria o satélite para iluminar un segundo campo quirúrgico (por ejemplo, durante una derivación de las arterias coronarias); también están disponibles las lámparas de tareas (luces brillantes que cubren una zona específica).

Problemas reportados
Se han reportado casos en los cuales el calor generado y retenido dentro de la cubierta de un soporte de iluminación hizo que el aislamiento del cableado se derritiera o se secara y se rompiera. Un cortocircuito resultante podría hacer que la lámpara falle, poniendo posiblemente en riesgo al paciente. El fabricante de la lámpara afectada ha rediseñado el soporte para evitar la acumulación de calor. El uso de diseños abiertos con el fin de disipar el calor y ventiladores para facilitar la circulación del aire pueden ayudar a controlar el calor dentro del soporte. Algunos diseños de lámparas quirúrgicas selladas promueven la conducción y convección del calor hacia superficies que pueden aceptar el calor sin interferir con el funcionamiento de la lámpara.

El movimiento de la lámpara después de haber sido posicionada (desvío) puede ser un problema significativo, que algunas veces requiere un reposicionamiento repetido. Algunas lámparas tienen cerraduras magnéticas, que son diseñadas para evitar este problema; sin embargo, hasta la fecha no existe un procedimiento establecido mediante el cual pueda ser cuantificada la desviación.

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