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Noviembre de 2008 Página 2 de 2

Lámparas frontales: evaluación, riesgos y recomendaciones

Se tiene en cuenta también el índice de representación del color (CRI, por sus siglas en inglés: Color Rendering Index), que mide la habilidad de la fuente de luz para reproducir el color de los tejidos, teniendo como referencia una fuente de luz natural en una escala de 0 a 100. Este índice es útil para comparar las lámparas con similares tiperaturas de color, cuyo valor de referencia se encuentra en un rango entre 85 y 90, el cual es inversamente proporcional a la tiperatura de color. Estas características dependen de la percepción del observador.

Según el tipo de lámpara, se encuentran en el mercado fuentes de halógeno (3000 °K), xenón (6000 °K), fibra óptica y LED (10 000 °K) [6]. La fuente debe contar con mecanismos de disipación de calor en su salida, según el mecanismo reflector, el cual puede constar de un sistia de espejos fríos articulados, o ser transferido por conducción, convección o combinación de estas, y debe ser resistente a la vibración.

4) Conectores entre la fuente de energía, los transformadores y la fuente de luz, ligados a cables coaxiales o de fibra óptica.

5) Adaptadores para ensamble de piezas, tales como lentes binoculares, microscopios de visión estereoscópica, utilizados en oftalmología, y módulos de otros fabricantes. De esta forma, la lámpara debe brindar seguridad y confianza, ser liviana y confortable, y permitir una fácil conexión, así como un ajuste adecuado de la fuente de luz al campo quirúrgico. La luz debe ser blanca y con un brillo que permita un adecuado contraste de los tejidos, que brinde estabilidad, fácil manejo y duración de la iluminación, acorde con el tiipo quirúrgico total, para garantizar la continuidad del procedimiento [10]. Las lámparas han de ser sometidas a inspección, limpieza y mantenimiento adecuados.

Conclusión
Las lámparas frontales son dispositivos seguros para uso ambulatorio y hospitalario, en procedimientos y cirugías de baja complejidad. Es preciso tener en cuenta todas las recomendaciones técnicas para evaluar integralmente el dispositivo, que permitan optimizar los resultados, según las necesidades del personal sanitario que las requiera. Así mismo, se deben seguir estándares de mantenimiento que disminuyan los riesgos potenciales, según el uso de las lámparas, y efectuar el seguimiento y reporte oportuno de cualquier evento adverso que pudiera llegarse a presentar, para que sirva de retroalimentación a los fabricantes y de control por los organismos de regulación.

Fin.
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