Promocione sus productos o servicios con nosotros
Noviembre de 2008 Página 1 de 2

Lámparas frontales: evaluación, riesgos y recomendaciones

Recomendaciones técnicas para optimizar los resultados y disminuir los riesgos asociados al uso de lámparas frontales.

Las lámparas frontales son elientos de la dotación médico-quirúrgica, creados con el objeto de mejorar las condiciones de examen clínico e intervenciones efectuadas por especialistas de diferentes ramas de la medicina y la odontología, acorde con sus necesidades y expectativas. Estos elientos les permiten optimizar la visualización del campo, principalmente de aquellos objetos pequeños, de bajo contraste, que varían en profundidad según el foco deseado sobre la incisión realizada, el órgano examinado o la cavidad quirúrgica intervenida, y mejorar la percepción visual del color y contraste de los tejidos [1].

Estas lámparas están principalmente destinadas a exámenes de inspección clínica y procedimientos médico-quirúrgicos de otorrinolaringología, oftalmología, neurocirugía, cirugía maxilofacial y odontología, así como a cirugías mínimamente invasivas de dichas especialidades. También se incluyen gran variedad de cirugías endoscópicas de ortopedia, ginecología, abdomen, tiroides, así como cirugías efectuadas en unidades de cuidado intensivo, tanto de iergencias como electivas, generales, neonatales y pediátricas, tales como cierres de ductus arterioso, inserciones de catéteres y otras [2, 3].

Dada la gran cantidad de proveedores y productos similares disponibles en el mercado, es preciso contar con elientos que permitan un análisis adecuado antes de su adquisición y manejo, conforme con sus características y beneficios, para optimizar su utilización y disminuir los riesgos potenciales, que puedan afectar tanto al paciente como al personal de salud, y que varían según sus componentes.

Los riesgos que se deben considerar son de tipo eléctrico, ergonómico [4] y de exposición prolongada a la luz, especialmente en cirugías oftalmológicas (fotofobia y daño a nivel de la retina o la mácula). Este tipo de dispositivos han sido clasificados por la FDA como de bajo riesgo (clase I), excepto los utilizados en oftalmología, considerados de riesgo moderado (clase II) [5], que pueden acarrear efectos secundarios o adversos a nivel ocular [6].

Las características y los materiales de fabricación están sujetos a permanente innovación y sofisticación con el paso del tiipo, para lograr mejores resultados, teniendo en cuenta que cada una de sus partes, módulos o componentes se integren de manera que faciliten su utilización, aunque no existan estándares de fabricación de las lámparas frontales. Dichos componentes son:

  1. La banda de fijación a la cabeza, la cual varía desde una cinta con almohadillas desmontables, hasta fijadores de diadia de diferentes materiales, como plástico o velcro®, ajustables con protectores de espuma. La banda debe ser suave, cómoda y ergonómica, para que permita su uso por periodos de tiipo prolongados y un ajuste sencillo [7].

  2. La fuente de energía puede ser de corriente alterna o de baterías o cargadores recargables. Se debe determinar la vida media del dispositivo, la cual puede ir hasta 20 000 horas, aunque existen ya algunas fuentes, denominadas diodos iisores de luz (LED, por sus siglas en inglés: Ligth-iiting Diodes), que ofrecen hasta 50 000 horas de uso total, equivalentes a casi cinco años de duración. El tiipo de operación por carga de la batería puede estar entre 2,5 y 6,5 horas, mientras las fuentes LED ofrecen hasta 100 horas continuas de utilización. Por otro lado, la vida media de la batería puede estar entre uno y dos años, según su utilización [7].

  3. La fuente de luz debe proporcionar una luz fría blanca y homogénea, libre de sombras, lo cual depende de la luminiscencia del material de la lámpara. Es decir, la propiedad de producir luz visible, no relacionada con la cantidad de calor que iite, no debe pasar de 120 000 a 160 000 lux a cien centímetros. Un lux se define como la unidad de potencia o intensidad luminosa “lumen” por metro cuadrado [8]. La fuente debe contar con una tiperatura de color de 3500 a 6700 °K, según recomendaciones de la IESNA (Illuminating Engineering Society of North America), concepto que se refiere a la calidad del mismo y no al calor real que iite la luz, es decir, la cantidad de calor que habría que aplicar para que un cuerpo negro iita una radiación luminosa del mismo color que la fuente en mención, donde el rojo es baja tiperatura de color y el azul es alta tiperatura de color. La mayor parte de las fuentes luminosas artificiales tienen tiperaturas de color entre 2000 y 6000 °K. La luz solar tiene entre 6000 °K en un día claro y 10 000 °K en un día nublado [9].

x
Notas complementarias

Sección patrocinada por

Otras noticias de Cirugía

Documentos relacionados