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Agosto de 2008 Página 2 de 3

La sala de cirugía: ¿un lugar seguro?

Si el fuego en la vía aérea o en el circuito es extinguido, se puede restablecer la ventilación del paciente por máscara, evitar el suplemento de oxígeno u óxido nitroso, si es posible, examinar el tubo traqueal para asegurar que no quedaron fragmentos en las vías aéreas –se debe considerar la posibilidad de realizar una broncoscopia (preferiblemente rígida), para mirar los fragmentos de tubo traqueal, la lesión o remover residuos–, verificar el estado del paciente y plantear un plan de seguimiento.

Si el fuego en el paciente o alrededor de él se extingue, debe verificarse su estado y plantear un plan de seguimiento de su cuidado; además, verificar la lesión causada por el humo si el paciente no estaba entubado [3].

Si el fuego no se extingue después del primer intento, lo adecuado es usar un extintor a base de dióxido de carbono alrededor del paciente –excluir el uso de los basados en agua y polvo seco, así como de mantas–, activar la alarma de incendio y evacuar el paciente siguiendo los protocolos establecidos. Además, se debe cerrar la puerta de la sala de cirugía para contener el fuego –y no reabrirla o tratar de reentrar a la sala–, cerrar las fuentes de suministro de gases médicos y hacer los reportes establecidos por los departamentos de incendios locales o el departamento de salud. Todo fuego se debe tratar como un evento adverso, y se deben seguir los protocolos institucionales establecidos [1, 3].

A pesar de que las estadísticas reales de fuego quirúrgico se desconocen, por el pobre reporte de estos incidentes por parte de las instituciones, este es un tema que cada vez toma mayor importancia, y debe constituir uno de los principales pilares de los reglamentos hospitalarios, cobijado bajo el título de “Seguridad del paciente” [2].

Vapores en la sala de cirugía
Además del fuego, los vapores derivados de la utilización de instrumentos cauterizantes –electrocauterio, electrocirugía, láser quirúrgico y laparoscopia–, como producto de la destrucción térmica tisular u ósea, constituyen un peligro potencial para todo el equipo humano que participa en el procedimiento, ya que permanecen en el aire y se depositan en las vías aéreas, lo cual causa diferentes síntomas respiratorios y digestivos. Se ha determinado que estos vapores están compuestos en un 95% por vapor de agua, pero contienen fragmentos celulares, productos derivados de químicos tóxicos, como el tolueno y el benceno, microorganismos potencialmente infecciosos y gases nocivos [4].

En la actualidad se cuenta con diferentes dispositivos, diseñados para el manejo y evacuación de estos vapores, casi todos mediante una fuente de succión ubicada cerca del sitio quirúrgico, los cuales deben tener un flujo mínimo de 25 pies cúbicos por minuto para la captura efectiva. Debido a las dificultades de comodidad para el cirujano con la ubicación de los dispositivos de succión, estos deben estar en capacidad de absorber vapores a 15 cm de distancia [4].

Usualmente estos evacuadores son manipulados por el ayudante quirúrgico, y se cuenta ahora con dispositivos “manos libres”, incorporados en el lápiz de electrocauterio, que permiten su ubicación a 1 ó 2 cm de la fuente de vapor, sin incomodar al cirujano ni requerir un segundo manipulador [4]. Adicionalmente, algunos insufladores laparoscópicos son capaces de realizar la evacuación de los vapores producidos durante el procedimiento.

El dispositivo óptimo debe succionar el vapor, dirigirlo por un sistema de tubos hasta un filtro que atrape las partículas nocivas y permita recircular el aire purificado en la sala de cirugía, o enviarlo al exterior si se cuenta con un sistema abierto [4].

La mayoría de los filtros utilizan un sistema de fibras de polipropileno o vidrio, orientadas aleatoriamente, que mediante diferentes mecanismos interceptan y atrapan cierto tamaño de partículas (tabla 1) [1, 4].

Los filtros de carbón activado, que absorben olores y gases en el humo, requieren cambio rutinario, ya que se saturan eventualmente. Los sistemas de evacuación de vapores deben contar también con un sistema de alarma eficiente, que permita avisar al personal cualquier daño o falla en el circuito. Además, el nivel de ruido producido por estos equipos no debe exceder los 60 dBA, para que no impida la comunicación dentro de la sala [4].

Aunque no hay consenso respecto al uso de los evacuadores de vapores en las salas de cirugía, para reducir el riesgo ocupacional, prevenir la exposición y crear un ambiente más confortable para quienes trabajan en el área, el ECRI Institute recomienda usarlos durante la ablación de tejidos infectados, en procedimientos en los que la visibilidad se reduce o llega a ser crítica a causa de los vapores producidos, y en aquellos donde el personal se sienta incomodo por ellos [4].

Conclusión
La implementación de un sistema eficiente de manejo de vapores y gases derivados del acto quirúrgico constituye un requisito en el diseño de una sala de cirugía. El personal que labora en ella debe estar informado y capacitado en el uso de estos sistemas, la manera de prevenir incidentes y, si se presentan, su manejo oportuno.

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