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Agosto de 2008 Página 1 de 3

La sala de cirugía: ¿un lugar seguro?

En la evaluación de riesgos quirúrgicos, el desempeño del personal, la tecnología y el diseño de la sala de cirugía, tienen un papel esencial.

El ambiente que rodea un procedimiento quirúrgico consta de múltiples factores y variables, que se coordinan entre sí para llevar a cabo un acto exitoso. Aspectos como el desempeño del personal técnico y profesional, la tecnología utilizada y el diseño de la sala de cirugía, tienen un papel esencial en el momento de evaluar los posibles riesgos que pueda correr el paciente y el personal médico y paramédico durante un procedimiento.

Además del riesgo para el paciente, derivado del acto quirúrgico en sí, existen factores relacionados con el ambiente de la sala de cirugía, que generalmente no se tienen en cuenta como posibles peligros, pero que si no se controlan adecuadamente, constituyen una gran amenaza. Uno de ellos es el fuego que proviene de los elementos utilizados de rutina.

Para que se produzca fuego durante la cirugía, se requieren tres factores principales, que deben interaccionar de manera simultánea: una atmósfera enriquecida en oxígeno –o la presencia de cualquier concentración de óxido nitroso– como fuente oxidante; material inflamable, como compresas, tubos traqueales, esponjas, gasas, vendajes, campos, soluciones que contienen alcohol u otros componentes volátiles (éter o acetona), máscaras de oxígeno, cánulas nasales, el pelo del paciente, vestidos de cirugía, gorros, gases gastrointestinales, catéteres de succión, mantas, endoscopios flexibles, la cubierta del cable de fibra óptica, guantes y material de empaque, entre otros; y una fuente de ignición, que incluye dispositivos de electrocirugía o electrocauterio, láseres, puntas de sondas calientes, taladros o sierras, coaguladores de argón, cables de fibra óptica y paletas y almohadillas del desfibrilador [1, 3].

El fuego en las salas de cirugía puede ocurrir en el paciente que está bajo cuidado anestésico, o cerca de él, e incluye el ocasionado en las vías aéreas o en el circuito ventilatorio [3]. Los procedimientos de alto riesgo son aquellos en los que la fuente de ignición se encuentra próxima a una atmósfera rica en oxígeno, especialmente en cirugía otorrinolaringológica, oftálmica o de cabeza y cuello [3]. Casi el 70% de los sitios de origen del fuego se encuentran sobre el paciente (piel de cabeza, cuello, tórax o abdomen), y el porcentaje restante, dentro de él (vía aérea, principalmente) [2].

La prevención de los incendios en la sala de cirugía requiere la colaboración estrecha y la coordinación rápida entre el anestesiólogo, el cirujano, la instrumentadora y el personal de enfermería [2]

Se recomienda que los anestesiólogos reciban educación sobre la prevención de incendios y su manejo, con énfasis en el riesgo creado en los ambientes ricos en oxígeno [3]. De igual manera, todo el personal de salas de cirugía debe participar en entrenamientos especiales en el uso del equipo destinado a controlar el fuego; el manejo de extintores, los métodos apropiados para el rescate y el escape; la identificación y localización de los sistemas de gases médicos, de ventilación y eléctricos, y los controles, así como cuándo, dónde y cómo cerrar estos sistemas, y el uso de los sistemas de alarma del hospital y aquellos para contactar al cuerpo de bomberos local [3].

Como medidas preventivas, se recomienda mojar las gasas y compresas usadas con los tubos traqueales, para reducir al mínimo la salida del oxígeno en la orofaringe, y mantenerlas mojadas durante el procedimiento; humedecer las esponjas, gasas y compresas, de modo que resistan al encendimiento. Además, el equipamiento para el manejo del fuego debe estar disponible en el área de procedimientos, donde pueda existir la triada del fuego [3].

Los signos tempranos de fuego incluyen: sonidos u olores inusuales, humo o calor no esperado, movimiento inesperado de los vendajes, decoloración del vendaje o del circuito respiratorio, movimientos súbitos del paciente y llamas o chispas repentinas [3].

Cuando un incendio se presente definitivamente en la sala de cirugía, se recomienda anunciar el fuego, interrumpir el procedimiento anestésico y quirúrgico, e iniciar el manejo del incendio según se haya establecido en los protocolos [3].

Si el fuego aparece en las vías aéreas o en el circuito, se debe retirar lo más rápido posible el tubo traqueal, detener el flujo de todos los gases en la vía aérea, remover todos los materiales inflamables y quemados y verter solución salina o agua dentro de la vía aérea del paciente.

Si el fuego es en el paciente, se recomienda detener el flujo de todos los gases en la vía aérea, remover todos los campos inflamables y el material quemado, y extinguir con agua o solución salina todos los materiales quemados en y alrededor del paciente [3].

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