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Febrero de 2017 Página 1 de 2

La TC: una aliada en el manejo de urgencias del paciente politraumatizado

Natalia Hernández, MD

Conozca el protocolo actual que se sigue en la mayoría de los hospitales ante un paciente politraumatizado y las lesiones más frecuentes que se pueden encontrar en ellos.

No es infrecuente que a diario lleguen a la sala de emergencias pacientes que han sufrido múltiples traumatismos en diferentes regiones del cuerpo como consecuencia de accidentes, por lo que el equipo de guardia debe estar preparado para su atención rápida y eficaz ya que el tiempo es un factor muy importante en el manejo del paciente politraumatizado, que se define como aquel que presenta múltiples lesiones traumáticas producidas en un mismo accidente y que comprometen su vida.

Para el personal sanitario no es algo nuevo que la atención y el manejo de este tipo de pacientes han experimentado cambios significativos durante los últimos años, y es que antiguamente la radiología simple era la técnica de elección para diagnosticar las posibles lesiones que sufrían  estas personas, pero con la llegada de la tomografía computarizada (TC), la estrategia diagnóstica cambió, puesto que es más rápido y mucho más preciso estudiarlos.

El objetivo de este artículo es conocer el protocolo actual que se sigue en la mayoría de los hospitales  ante un paciente politraumatizado y las lesiones más frecuentes que se pueden encontrar en ellos.

Protocolo
Antes que nada se debe contar con un equipo de tomografía lo más cerca posible de la sala de urgencias, con el fin de acortar el tiempo de atención y de diagnóstico del paciente. También es importante saber que la calidad de las imágenes obtenidas en ellos será menor, lo que se debe sobre todo a la gran cantidad de artefactos que producen los distintos dispositivos encontrados en sus cuerpos, su poca o nula colaboración en cuanto a movimientos respiratorios o movimientos voluntarios de extremidades y a la imposibilidad de angular el gantry cuando tienen un collarín puesto. El radiólogo debe procesar las imágenes con la mayor brevedad posible, cambiando las ventanas y realizando reconstrucciones que le permitan llegar a un diagnóstico rápido y certero.

Existen dos tipos de protocolos que varían de acuerdo con la sospecha clínica:

TC total, que incluye el estudio de cráneo, columna cervical, tórax, abdomen y pelvis.

TC dirigida, la realizada en una región anatómica concreta, tras la valoración clínica. [1]

En aquel paciente que esté inconsciente, con alteración del nivel de conciencia, focalidad neurológica o dolor cervical se le realizará TC total; por el contrario, aquellos que no tengan criterios de gravedad o bien que estén conscientes y sin focalidad neurológica o dolor cráneo-cervical se les podrán valorar clínicamente y realizar TC dirigida. [1]

Cabe resaltar que sólo se realizará la exploración radiológica a aquellos pacientes que estén estables hemodinámicamente; por el contrario, si el paciente se encuentra inestable, será llevado inmediatamente a quirófano  valorando la realización de radiografía simple de tórax, pelvis, columna cervical y eco-fast (acrónimo de ‘The Focused Abdominal Sonography for Trauma Scan’), si las maniobras de resucitación lo permiten [1], o se intentará estabilizar antes de realizarle la exploración.

Lesiones más frecuentes en los pacientes politraumatizados

Se dividen de acuerdo con la región anatómica:

  1.  Cabeza

El traumatismo craneoencefálico (TCE) representa la primera causa de muerte en la población de menos de 45 años de edad.  El objetivo principal del estudio radiológico es descartar o confirmar la presencia de aquellas lesiones potencialmente tratables y de esta manera realizar un pronóstico del paciente.

Inicialmente se debe realizar una TC sin contraste intravenoso para la valoración de lesiones hemorrágicas que son las más frecuentes; en función de lo que se encuentre, se decidirá colocar o no contraste. Las lesiones craneales ocurridas como consecuencia de un TCE se pueden clasificar en dos grupos:

  1. Según el momento en que ocurrió en primarias (en el momento mismo del impacto) y secundarias (aquellas que se desarrollan con posterioridad al accidente). Dentro de las primarias se encuentran contusiones, hematomas y la lesión axonal difusa y dentro de las secundarias, hematomas, la tumefacción cerebral postraumática, el edema y la isquemia. [2]
  2. Según la extensión de su afectación en focales y difusas.  En el grupo de las focales se incluyen contusiones cerebrales, laceraciones y hematomas y dentro del grupo de las difusas se pueden encontrar lesión axonal, tumefacción cerebral, hemorragia subaracnoidea, hemorragia ventricular, entre otras. [2]

También se deben incluir las fracturas de la bóveda craneal como lesiones que pueden ocurrir tras un TCE.


Palabras relacionadas:
Tratamiento de fracturas complejas, pacientes traumatizados graves, traumatismo de alta energía, valoración de urgencias, intervención quirúrgica en pacientes politraumatizados, lesiones óseas, reconstrucción tomográfica, ortopedia clínica, trastornos óseos

Acerca del autor

Natalia Hernández, MD

Natalia Hernández, MD

Médica radióloga, especialista en Radiodiagnóstico del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, España. Ex directora de instalaciones de rayos X con fines de diagnóstico médico del Consejo de Seguridad Nuclear en Madrid, España.
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