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Julio de 2007 Página 1 de 2

Instituto boliviano contra el cáncer infantil

El Instituto Oncológico del Oriente Boliviano recibió premio de la Unión Internacional contra el Cáncer por sus aportes en el dignóstico temprano del cáncer.

Yolanda Ernst, Jefa del Departamento de Pediatría del Instituto Oncológico del Oriente Boliviano, en Santa Cruz, ganó recientemente un premio otorgado por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), por un proyecto cuyo objetivo es mejorar las condiciones de los niños que padecen esta enfermedad. El premio consiste en 40 mil euros para el Oncológico y 10 mil para la Asociación de Amigos y Familiares de Niños con Cáncer (AFANIC), que desarrolla su actividad en el instituto. El proyecto hace parte de los doce ganadores, de 54 que fueron presentados, provenientes de países como Bolivia, Perú y Kenia, es decir, aquellos en vías de desarrollo que no cuentan con la solvencia económica para implementarlos. La doctora Ernst habló con El Hospital sobre el premio recibido.

El Instituto Oncológico del Oriente Boliviano es el único en Bolivia que se dedica exclusivamente al cáncer. En 1998, cuando la doctora Ernst ingresó al Departamento de Pediatría, no había sino cuatro camas y una niñera. Hoy cuenta con doce enfermeras, seis médicos, un cirujano, un anestesiólogo, una sicóloga y dos profesoras en la escuela que maneja AFANIC. El éxito de su campaña fue posible gracias a la ayuda de muchas personas, y especialmente a la buena disposición de Santa Cruz, que “es un pueblo que responde muy bien a las peticiones”.

El Oncológico es dependiente de la municipalidad, que se ocupa de los gastos de infraestructura, es decir, del pago de servicios y de la comida de los pacientes. También existe el seguro social, que cubre a los niños menores de cinco años en todo lo que no sea quimioterapia ni radioterapia. Como el resto de los recursos económicos debe ser obtenido por el instituto autónomamente, se ven en la obligación de cobrar por los servicios. Sin embargo, muchos de los niños que asisten y requieren tratamiento son muy pobres y no pueden pagar, aunque sea muy económico.

Con miras en este problema, en octubre de 2000 se fundó AFANIC. La asociación se encontraba inicialmente en Santa Cruz, donde se recaudaban fondos a través de la venta de sándwiches y dulces, y surgió como idea de una madre analfabeta que trabajaba con Ernst y dos voluntarias españolas. Luego las dos ibéricas, en un viaje a su país, descubrieron que era más fácil conseguir financiamiento allí, por lo que se trasladaron y fundaron AFANIC España. La ONG recauda dineros que se utilizan para las quimioterapias, los costos de hospitalización de niños mayores de cinco años y algunos exámenes de laboratorio. Además, maneja la escuela a la que asisten los niños que deben permanecer en el hospital, quienes continúan su proceso educativo en las tardes para no perder lo que han aprendido hasta el momento, llevan sus tareas y se preparan para los exámenes con la ayuda de las profesoras, y los menores de cinco años juegan y se entretienen. A la escuela también pueden asistir los pacientes ambulatorios que necesiten un reforzamiento o que sencillamente lo deseen.

El proyecto premiado partió de la idea de que “El cáncer es una enfermedad curable cuando se diagnostica a tiempo”, como reza en la página web del instituto. Por eso, la primera parte de este estriba en la capacitación de médicos de primero y segundo nivel, quienes no han tenido una formación en el área oncológica. Durante el año se realizarán talleres para que ellos aprendan, más que a diagnosticar la enfermedad, a sospechar su posible presencia, y así poder remitir a los niños al Oncológico con celeridad. La Secretaría Departamental de Salud se encarga de que los médicos estén en los centros donde las charlas serán dictadas, para asegurar una buena asistencia.

La segunda parte del proyecto alienta a los funcionarios de la salud para que se involucren con los pacientes y su tratamiento, de modo que los estimulen a asistir a la quimioterapia. Cuenta Ernst que “el programa contempla 100 niños, a US$20 por mes cada uno, que es lo que les vamos a dar para su transporte”, medida de gran importancia, ya que uno de los pretextos más recurrentes de las familias de los niños enfermos que abandonan el tratamiento es la carencia de los medios para movilizarse. Por último, se hará una campaña de información sobre la enfermedad a través de trípticos, que se repartirán en iglesias y escuelas rurales, y que, adicionalmente, serán enviados por correo junto con la cuenta de la luz.

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