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Enero de 2004 Página 1 de 2

Influenza: panorama actual

Resumen de las características del virus de la influenza, su impacto, el estado actual de la inmunización y estrategias para aumentar el uso de las vacunas.

Cuando el Papa Benedicto XIV se refirió a la epidemia de gripa en la Italia de 1510 con el nombre de "influenza", por considerar que se debía a "influencias de las estrellas", jamás se imaginó que ese nombre seria pronunciado con temor en 1918, cuando la pandemia de influenza española acabó con la vida de más de 20 millones de personas, muchas más que las muertes ocurridas en la Primera Guerra Mundial. (Tabla 1)

Desde 1933, año en que fue aislado el virus, y la década de 1940, cuando se desarrolló la primera vacuna, la ciencia médica ha estado investigando y desarrollando armas para defenderse de este flagelo, que no sólo causa muertes sino que es el principal responsable de ausencia laboral, como fue expuesto en el simposio sobre influenza realizado por Chiron en noviembre de 2003.

Según se plantea en la Tabla 2, sólo en Estados Unidos la influenza causa un gran impacto en la salud de la población; si a esto se le suma la vulnerabilidad de los grupos de alto riesgo, se hace cada vez más evidente la necesidad de prevenirla por medio de vacunas.

El hecho de que, recientemente, el 95% de las muertes relacionadas con influenza ocurran en personas con edades de 65 años o más, obligó a la ACIP (Advisory Commitee on Inmunization Practices) a revisar las recomendaciones de vacunación de la influenza, llevándola a ampliar su indicación a partir de los 50 años, en lugar de los 65 años planteados anteriormente. En la actualidad este grupo presenta un cubrimiento en vacunas del 65% y la meta para el año 2010 es cubrir el 90%.

De la misma manera, desde el año 2003 la ACIP recomienda la vacuna contra influenza en los niños a partir de los 6 meses de edad.

De acuerdo con el New England Journal of Medicine, la vacunación en adultos mayores reduce el riesgo de hospitalización por enfermedad cardiaca, cerebrovascular, neumonía y otras causas de muerte relacionadas con la influenza.

El doctor Arnold Monto, profesor de epidemiología de la Universidad de Michigan, enfatiza el impacto del virus de la influenza en la población en riesgo, niños, ancianos y personas con otras comorbilidades, como se muestra en la Tabla 3.

Características del virus de la influenza
Este virus hace parte de la familia Orthomixoviridae. Los tipos antigénicos son A, B y C, y se diferencian por el contenido nuclear. El virus A tiene subtipos que están determinados por los antígenos de superficie hemaglutinina (H) y neuraminidasa (N).

Existen tres tipos de hemaglutinina en las cepas que afectan al humano: H1, H2 y H3; y se conocen dos tipos de neuraminidasa: N1 y N2.

Las epidemias generalmente son causadas por virus del tipo A, en tanto que las infecciones causadas por el tipo B suelen ser menos graves.

La clasificación y nomenclatura de la Organización Mundial de la Salud () se basa en el tipo de virus (A, B o C), seguido por el lugar en que fueron aislados, el número de la cepa, el año en que se aisló y por los antígenos de superficie H y N.

Así, el virus A/Panama/2007/99 (H3N2) se refiere a un virus tipo A, aislado en Panamá, número de la cepa aislada: 2007, en el año de 1999, con un subtipo de hemaglutinina H3 y de neuraminidasa N2.

El virus de la influenza es capaz de mutar sus antígenos de superficie originando nuevos subtipos cada 2 ó 3 años, y cada 10 años aparecen nuevas cepas de virus con muchas diferencias antigénicas, lo que dificulta su control. Los virus tipo B sólo afectan a los humanos. No hay subtipos de tipo B.

Actualmente, las vacunas incluyen tres variedades de cepas: tipo A (H3N2), tipo A (H1N1) y tipo B. Hasta el año pasado, las vacunas utilizadas eran inactivadas. Ahora, una vacuna con virus atenuado está también en uso.

Dada la importancia sanitaria de la infección causada por el virus de la influenza, la OMS creó una red mundial de vigilancia con cuatro centros de referencia mundiales localizados en Inglaterra, Estados Unidos, Japón y Australia, encargados de recibir las cepas aisladas recolectadas por 112 centros nacionales, reconocidos por la OMS en 83 países, llamados NICs (WHO National Influenza Centres). Las nuevas cepas aisladas son enviadas a la OMS para ser analizadas. El resultado de estos análisis conforma la base para que la OMS haga las recomendaciones de las vacunas para el hemisferio norte (febrero) y el hemisferio sur (sep/oct) cada año. Gracias a este monitoreo, se sabe que hoy en día los subtipos H3N2 y H1N1 co-circulan con la Influenza B.

Desde 1998 se han observado diferencias entre las cepas recomendadas por la OMS para las vacunas y las aisladas en el hemisferio sur, lo cual llevó a establecer una fórmula de vacuna específica para este hemisferio.

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