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Febrero de 2019 Página 1 de 4

Implementación de programas de cirugía robótica en urología

Juan Ignacio Caicedo, MD

En la actualidad, el mayor número de casos por cirugía robótica da Vinci continúan siendo para el tratamiento del cáncer de próstata.

La postmodernidad ha llegado de manera implacable. A cada minuto, los consumidores de noticias de tecnología en internet nos vemos absortos ante las posibilidades inmensas que trae el siglo XXI. La NASA se prepara para amartizar en 2030 su primer viaje tripulado a Marte, los drones aéreos surgen como posibilidad real de solución a los problemas de transporte, poder “secuenciar” el ADN de un sujeto en su totalidad -lo que fue un hito de la medicina hace 15 años, ahora puede llevarse a cabo rápidamente y a un costo inferior a los 2.000 dólares-; oímos de Big Data, de inteligencia artificial, de nano tecnología con tanta frecuencia y desprevención que muchas veces no le damos el alcance y la connotación apropiada, dejamos estos avances en lo abstracto y no visualizamos el ritmo al que se mueven con tanta frecuencia.

Sumada a estas áreas del conocimiento está la robótica, que ha permitido que los seres humanos disminuyan el riesgo de exposición laboral a sustancias peligrosas o al tedio en los sistemas de producción en serie, así como la exploración submarina de grandes profundidades y la solución de problemas espaciales en los satélites. También han sido la diferencia en los hogares para tareas cotidianas como aspirar el piso o lavar los platos. Por ende, es una empresa gigantesca, se calcula que el mercado de la industria robótica en su totalidad alcanzó un valor de 29 billones de dólares en 2015 y debe crecer hasta los 125 billones de dólares para el no muy lejano año 2025 [1].

En medicina, como es de esperarse, todas estas áreas del conocimiento no han pasado desapercibidas. Si bien la adopción de nuevos métodos de estudio y solución de problemas a los que nos vemos enfrentados, supone una delicada ecuación para la generación de valor agregado al mejorar los desenlaces clínicos y disminuir las complicaciones, esta ecuación supone también el control apropiado de los recursos disponibles para la atención de pacientes, dineros que en nuestro medio son escasos y compiten en los presupuestos con rublos igual de trascendentes como educación e inversión para el desarrollo. Es por eso que la incorporación de los programas de cirugía robótica se encuentra en la lupa de la discusión en innovación. 

Evolución de la cirugía robótica

Los programas de cirugía robótica se gestan y empiezan a desarrollar en la década de los ochenta como solución a varias situaciones. Por un lado, la cirugía había evolucionado a pasos agigantados en el siglo XX gracias al uso de métodos de asepsia y antisepsia y por supuesto también gracias a la mejora de los métodos de anestesia que permitían al cirujano realizar grandes intervenciones (enormes tal vez) con excelentes resultados. En el siglo XX órganos que eran “inoperables” se volvieron intervenibles, como el caso del corazón y del cerebro, de tal manera que, para mitad de siglo, con un bisturí, un hilo y una aguja se podía realizar prácticamente cualquier cosa.

El precio de esto era hospitalizaciones prolongadas, un enorme impacto en los pacientes y costos diferentes en los sistemas de salud. “Grandes cirujanos = grandes incisiones” se enseñaba con frecuencia en las aulas de las facultades de medicina del mundo. Es por esta razón que se intenta evolucionar a los métodos de cirugía mínimamente invasiva con el advenimiento de la cirugía laparoscópica. Con la posibilidad de ser igualmente efectivos en la solución del problema médico a través de pequeñas incisiones, utilización de instrumental avanzado y un sistema de video, a principio de los años ochenta se empezaron a practicar cirugías sencillas como ligaduras de trompas de Falopio y posteriormente colecistectomías (referencias).

En urología, R. Clayman en 1991 realiza la primera nefrectomía por laparoscopia y posteriormente para 1993 Shuessler y cols presentan la primera serie de prostatectomía radical laparoscópica con nueve pacientes y resultados poco alentadores por su dificultad, tiempo prolongado y diferentes a los que se obtenían por medio de la prostatectomia radical retropúbica, que para ser justos llevaba poco tiempo en revolución debido a la descripción de las bandeletas neurovasculares, un entramado de haces nerviosos derivados del plexo pélvico encargados de la erección.


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Acerca del autor

Juan Ignacio Caicedo, MD

Médico y Cirujano y especialista en Urología de la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá, Colombia. Cuenta con entrenamiento en Urología Laparoscópica en el Hospital Central de la Policía de Colombia. Urólogo institucional de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Profesor clínico de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Jefe de la sección de Urología Laparoscópica y Robótica de la Sociedad Colombiana de Urología.
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Notas complementarias
  • Referencias

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