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Febrero de 2019 Página 2 de 4

Implementación de programas de cirugía robótica en urología

Juan Ignacio Caicedo, MD

En la actualidad, el mayor número de casos por cirugía robótica da Vinci continúan siendo para el tratamiento del cáncer de próstata.

Tuvieron que pasar seis años para que en 1999 Valencien y Guillenau describieran la primera serie retrospectiva en un número considerable (100 pacientes) en la que demostraron menor sangrado transoperatorio, menor tiempo de estancia y recuperación más temprana. A pesar de estas ventajas, la dificultad técnica de la prostatectomía radical laparoscópica es evidente, con curvas de aprendizaje largas, lo que hizo que su aplicabilidad y adopción fuera pobre, con un máximo de 5 % en Estados Unidos y 30 % en Europa, lo que hizo que su popularidad se viera mellada.   Es aquí cuando la cirugía robótica ve una oportunidad de oro para aparecer, la cirugía laparoscópica avanzada, pues son técnicas en las que las ventajas operativas de la plataforma robótica muestran su mayor diferencia.

La otra razón para el avance de las plataformas de cirugía robótica viene de la industria militar y aeroespacial. En principio se intentaba de realizar telecirugía en el campo de batalla, de tal manera que el combatiente pudiera ser atendido y estabilizado en el campo de batalla para poder ser transportado después. La otra situación conceptual para la realización de telecirugía son los viajes interplanetarios. Llegar a Marte puede llegar a tomar seis años en los que los tripulantes pueden estar expuestos a situaciones extremas que exijan la posibilidad de tratamiento quirúrgico, por lo que un sistema robótico de telecirugía puede ser la solución para no tener que embarcar a un médico con entrenamiento en todas las cirugías posibles.

De esta manera, en 1996 se inicia el desarrollo comercial de sistemas de cirugía robótica para uso comercial. El primero de todos fue el sistema ARTEMIS, de uso experimental, con el cual se realizaron colecistectomías en porcinos, pero nunca tuvo una aplicabilidad en el ámbito clínico hospitalario. Para ese mismo periodo, otros sistemas como el ZEUZ y el AOSEP, fueron absorbidos. En el año 2000 la empresa Intuitive Surgical lanza su primer robot, el da Vinci S, aprobado por la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos) en el 2001. Posteriormente se lanzan al mercado los modelos Si (2009) y Xi (2014). Desde entonces el crecimiento en procedimientos de cirugía robótica ha sido muy importante año tras año.

Impacto de la cirugía robótica en la urología

La prostatectomía radical asistida por robot fue introducida en el 2000 (concordante con la fecha de inicio de la serie da Vinci S) [2]. En enero de 2001, los doctores Gilles Pasticier, John B.W. Reitbergen, Bertrand Guillonneau, Gaëlle Fromont, Guy Velencien (Instituto Mutualiste Montsouris, Francia) y Mani Menon (Instituto de Urología Vattikuti) publican la primera serie retrospectiva con cinco pacientes llevados a prostatectomía radical asistida por robot [3] dando el punto de partida en datos de la técnica quirúrgica como: posición de trocares, posición del paciente, ubicación de los elementos dentro de la sala quirúrgica y posición del ayudante quirúrgico.

El primer caso de la serie reportó un tiempo quirúrgico de 360 minutos, luego de este se manejaron tiempos promedios de 200 minutos. Un año después (mayo de 2012), Tewari, Mani Menon y colaboradores (Equipo de Próstata del Instituto de Urología Vattikuti) muestran con detalle todos los pasos y aspectos técnicos a tener en cuenta durante la prostatectomía radical asistida por robot, esta publicación establece lo que se conoce actualmente como la técnica de prostatectomía radical asistida por robot del Instituto Vattikuti [4]

Con estos precedentes, Mani Menon y colaboradores (Equipo de Próstata del Instituto de Urología Vatticuti) publican en el 2003 los resultados de 200 pacientes llevados a prostatectomía radical asistida por robot, exponiendo algunas modificaciones respecto a la técnica inicial del Instituto Vattikuti entre las cuales se destacan: un desarrollo mejor y más amplio del espacio extraperitoneal, la preservación de los ligamentos puboprostáticos, el evitar el uso del electrocauterio durante la disección posterior con el fin de mejorar la conservación de las bandeletas neurovasculares, entre otras.

Los pacientes de esta serie tenían una edad promedio de 59,9 años, con estadios clínicos entre T1c y T2b. El tiempo quirúrgico promedio fue de 160 minutos (+/-28) y el sangrado intraoperatorio de 153 cc. La estancia hospitalaria fue en promedio de 1,2 días y el tiempo de sonda uretral de siete días. En cuanto a resultados quirúrgicos la tasa de márgenes positivos fue del 6 %; a los seis meses posoperatorios el 92 % de los pacientes tenían PSA indetectable. A este mismo periodo de tiempo el 82 % de los pacientes menores de 60 años tenían regreso a sus actividades sexuales, para pacientes mayores de 60 años este porcentaje fue del 75 %. Por último, la probabilidad de continencia a seis semanas y luego a seis meses fue del 50 % y 90 % respectivamente [5].


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Acerca del autor

Juan Ignacio Caicedo, MD

Médico y Cirujano y especialista en Urología de la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá, Colombia. Cuenta con entrenamiento en Urología Laparoscópica en el Hospital Central de la Policía de Colombia. Urólogo institucional de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Profesor clínico de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Jefe de la sección de Urología Laparoscópica y Robótica de la Sociedad Colombiana de Urología.
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Notas complementarias
  • Referencias

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