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Febrero de 2009 Página 1 de 2

Impacto del endoscopio en urología

El avance en el diseño del endoscopio ha desplazado a la cirugía abierta. En los últimos 25 años la endourología ha experimentado un auge sin precedentes.

Las técnicas basadas en endoscopia han revolucionado la cirugía en los últimos 50 años. Actualmente, la cirugía de mínimo acceso es común en una gama considerable de procedimientos quirúrgicos de las diferentes especialidades.

La base para esta revolución, y quizás el evento con más impacto en el avance de la cirugía mínimamente invasiva, fue el desarrollo del sistema óptico de lentes tubo por Harold H. Hopkins en 1959 [1]. Los lentes tradicionales consistían en un tubo de aire con un delgado lente de vidrio, mientras que el sistema de lentes Hopkins es un tubo de vidrio con un lente delgado de aire que producía diferentes efectos. En la urología, por ejemplo, los endoscopios largos de lentes tubo, con diámetro promedio de 12 F (3 F = 1 mm), combinados con sondas ultrasónicas o electrohidráulicas, fueron los primeros ureteroscopios usados para retirar cálculos ureterales distales [2].

Casi simultáneamente con el descubrimiento de Hopkins sobrevino el desarrollo de la fuente de luz por fibra óptica, lo cual suministró un avance importante en el diseño de los equipos endoscópicos. Los ureteroscopios rígidos progresaron de la imagen por lentes tubo a las imágenes por fibra óptica, y se redujo el diámetro total del aparato. En 1989, el endoscopio rígido de fibra óptica era lo suficientemente pequeño (diámetro promedio de 7 F) para colocarse en el uréter distal y proporcionar visión directa [2].

La ureteroscopia flexible fue una alternativa atractiva a la rígida, debido a que el uréter proximal y el sistema colector intrarrenal eran teóricamente accesibles de forma más fácil con este tipo de instrumento. En los años 80 sobrevinieron tres cambios mayores en el diseño, que impulsaron el potencial del endoscopio flexible, la adición de un canal de trabajo, la flexibilidad en la punta y la alteración de la rigidez del eje principal. La miniaturización producida por la fibra óptica y las mejoras en la resolución de las imágenes resultaron en endoscopios de menor diámetro; en los años 90, los ureteroscopios tenían un diámetro externo de 10 F y un canal de trabajo de 3,6 F. Posteriormente, la mayor flexibilidad en la punta ha mejorado la eficacia diagnóstica y terapéutica del ureteroscopio flexible, y en la actualidad promedian 7,5 F en el diámetro de la punta, y pueden ser pasados sin trauma por el tracto urinario [2].

Bien sea que se mire la cirugía urológica desde el punto de vista de la técnica (cistoscopia, ureteroscopia, cirugía percutánea o laparoscopia), los procesos de la enfermedad (anormalidades anatómicas, cálculos, tumores), o la ubicación anatómica (uretra, vejiga, uréter, riñón, suprarrenal o retroperitoneo), es evidente que el avance en el diseño de los sistemas endoscópicos ha sido el motor principal en la evolución de la cirugía urológica mínimamente invasiva. La endourología ha experimentado un aumento sin precedente en los últimos 25 años. La tendencia a la menor invasión en los procedimientos ha desempeñado un papel central en los resultados, con reducción en la morbilidad, en el tiempo de recuperación y en las estancias hospitalarias [3].

En el año 2006, cerca del 99% de los pacientes con cálculos renales se trataron con estos métodos, más del 90% de ellos de forma ambulatoria y el resto tan solo permaneció 23 horas en el hospital [3].

En general, los cálculos de hasta 1,5 cm de tamaño, que no producen obstrucción del flujo, se tratan con litotricia extracorpórea. Los de más de 1,5 cm y aquellos asociados a anormalidades anatómicas son tratados con técnicas de cirugía endoscópica [4]. La combinación de endoscopia y litotricia simultánea se utiliza para los cálculos de mayor tamaño, especialmente cuando están involucradas múltiples ubicaciones. Como regla, todos los pacientes con cálculos mayores a 2,5 cm requieren litotricia concomitante o la conversión a nefrolitotomía; esta última se utiliza cuando el progreso es lento, y más aún cuando hay anormalidades anatómicas o estrechez ureteral. En algunas raras ocasiones, como en la obstrucción en la unión ureteropélvica con cálculos concomitantes, se usa la cirugía laparoscópica [3].

Las estrecheces del tracto urinario se encuentran en la uretra, en el cuello de la vejiga, en el uréter o en la unión ureteropélvica, o son intrarrenales. El tratamiento endoscópico se indica en las estrecheces uretrales menores de 0,5 cm. De igual forma, las estrecheces menores a 1 cm en el uréter pueden ser manejadas con cirugía endoscópica e incisión con láser. En la unión ureteropélvica se requieren incisiones percutáneas o abordaje laparoscópico [3].

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