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Agosto de 2010 Página 1 de 3

Hiperbilirrubinemia neonatal

Equipo editorial de El Hospital

En la mayoría de casos, la hiperbilirrubinemia neonatal es benigna. Sin embargo, debe monitorizarse de cerca, pues, se puede generar encefalopatía irreversible.

Su detección en las primeras 48 horas de vida reduce significativamente el riesgo de encefalopatía

En cerca del 50 a 60% de los neonatos sanos a término los niveles de bilirrubina pueden elevarse hasta 5-13 mg/dL, entre el segundo y el quinto día de vida, y disminuir a cifras normales entre el quinto y el séptimo día; el aumento de la bilirrubina se manifiesta clínicamente con la coloración amarillenta de la piel, los ojos y las membranas mucosas (ictericia), leve y transitoria. La ictericia que ocurre en las primeras 24 horas de vida por lo general es patológica, y suele ser la manifestación de un trastorno hepático o hemolítico.

La bilirrubina es un producto de la destrucción de la hemoglobina, que permanece en el organismo hasta que el hígado la convierte a una forma que puede ser excretada. Normalmente, el feto transfiere la bilirrubina hacia la sangre materna, a través de la placenta. Al nacer puede haber un desequilibrio temporal entre la producción, ya que por lo general el neonato tiene un número mayor de eritrocitos con un tiempo de vida media menor que las personas de otras edades; muchos de estos eritrocitos están envejecidos y en proceso de destrucción, y la eliminación de la bilirrubina es menor, por incapacidad del hígado inmaduro para procesar altos niveles de bilirrubina, por lo que predomina en el plasma la bilirrubina indirecta o no conjugada. Además, en el recién nacido la ingesta oral puede estar disminuida los primeros días, y la flora intestinal y la motilidad intestinal reducidas, lo que se suma a los traumas que puede sufrir durante el nacimiento, con formación de hematomas o sangrados, que aumentan la formación de bilirrubina indirecta.

En la mayoría de los casos la hiperbilirrubinemia neonatal (ictericia transitoria fisiológica) es benigna. Sin embargo, se debe monitorizar de cerca, pues, como consecuencia de la liposolubilidad de la bilirrubina indirecta y la inmadurez de la barrera hematoencefálica, se puede acumular esta bilirrubina en el cerebro y producir encefalopatía irreversible o kernicterus.

Un programa de prevención, que incluya el tamizaje de la bilirrubina antes de la salida del neonato del hospital, reduce significativamente el desarrollo de niveles de bilirrubina indirecta, que pueden poner en riesgo de encefalopatía a los recién nacidos (Pediatrics, 2010; 125 (5): e1143-e1148).

La ictericia neonatal progresa en sentido céfalo-caudal. Aunque se han estimado los niveles séricos de bilirrubina indirecta según las zonas corporales comprometidas, siguiendo la escala de Kramer, estudios recientes han demostrado que en niños pretérmino la correlación es débil y poco precisa para medir el riesgo de hiperbilirrubinemia significativa(Arch Dis Child Fetal Neonatal Ed, 2009; 94: F317-F322).

El manejo clínico de la hiperbilirrubinemia se basa en impedir que el neonato alcance niveles tóxicos de bilirrubina indirecta, mediante el reconocimiento de los factores de riesgo y de los niveles de bilirrubina sérica total específica para su edad. El desarrollo de hiperbilirrubinemia severa en el neonato depende de factores de riesgo, como incompatibilidad sanguínea, edad gestacional menor que 37 semanas, infecciones perinatales y policitemia.

Las concentraciones de bilirrubina se pueden determinar en sangre entera o en suero, utilizando métodos espectrofotométricos o por las mediciones de reflectancia de la piel. La bilirrubinometría indirecta o cutánea es una técnica no invasiva, que mide la reflectancia superficial de la piel del neonato y la correlaciona con las concentraciones de bilirrubina en la sangre. Arroja resultados semicuantitativos, que permiten identificar la necesidad de realizar pruebas adicionales o terapia. El análisis total de una muestra de sangre entera puede tardar de cinco a diez minutos.

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