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Abril de 2011 Página 1 de 2

Guías de reanimación 2010

Ricardo Navarro, MD

El Comité Internacional de Enlace en Reanimación, la Asociación Americana del Corazón y el Consejo Europeo de Reanimación, proponen nuevas guías de reanimación.

El 18 de octubre de 2010, el Comité Internacional de Enlace en Reanimación (ILCOR), en colaboración con la Asociación Americana del Corazón (AHA) y el Consejo Europeo de Reanimación (ERC), dieron a conocer las guías de reanimación.

En el 2010 la AHA cumplió 50 años de actividades exitosas en reanimación, desde cuando Kouwenhoven, Knickerbocker y Jude documentaron el suceso de catorce pacientes que sobrevivieron al paro cardiaco gracias a las compresiones torácicas efectivas [2].

Chicago-IL, en Estados Unidos, fue la sede del encuentro internacional para el lanzamiento oficial de las guías entre los instructores AHA de reanimación. El primer día el evento de actualización acogió a los instructores AHA americanos, y el siguiente, a los instructores AHA del resto del mundo. Se congregaron cerca de dos mil instructores, que de fuente directa recibieron el mensaje de la AHA: simplificar cada vez más la reanimación.

La tasa de supervivencia de las víctimas de paro extrahospitalario quizá pueda ser mayor, entre más sencillo sea el procedimiento que realicen los testigos del paro cardiorrespiratorio. Hay diferentes motivos que hacen perder tiempo en iniciar las maniobras. Si se comienza con la A (Airway), permeabilizar la vía aérea, y con la B (Breathing), ventilar al paciente, es muy probable que el testigo (primer respondiente) no se decida a hacerlo o lo haga mal.

Por eso, la secuencia recomendada en la actualidad para la comunidad en general, es decir, aquellos que no pertenecen al gremio de la salud (legos), es iniciar con compresiones (C) cien veces por minuto hasta que llegue ayuda, y desfibrilar temprano (D) mediante el uso de desfibriladores semiautomáticos o automáticos (DEA). Es una tarea que arroja, definitivamente, excelentes resultados, para aquellos corazones que son todavía demasiado jóvenes para morir.

La premisa de los cambios fue hacer más práctica la reanimación por el personal lego, enfatizando en realizar compresiones de alta calidad, sin ventilaciones, con una adecuada frecuencia y profundidad (al menos cien compresiones por minuto y 5 cm de profundidad), minimizar las interrupciones de las compresiones y facilitar el adecuado uso de los DEA.

Para el personal de salud, la secuencia de la reanimación básica ya no sigue la mnemotecnia ABC, sino la CAB, y da prelación a las compresiones; sin embargo, se debe continuar proporcionando ventilación después de las compresiones, con la relación ya conocida de 30:2 por cinco ciclos, antes del relevo entre los reanimadores. Las treinta compresiones se deben realizar en un tiempo de 18 segundos cada vez, y las ventilaciones no deben tomar más de un segundo.

Insisten en el efecto deletéreo de la hiperventilación; es decir, no se deben proporcionar más de diez ventilaciones por minuto cuando el paciente tiene asegurada la vía aérea, bien sea con un tubo traqueal o un dispositivo supraglótico.

Otro cambio importante de las guías fue el haber agregado un eslabón más a la cadena de supervivencia. Esto es, cuando el paciente ha retornado a la circulación cardiaca espontánea, es crucial proporcionarle un manejo integrado postparo en una unidad de cuidado intensivo, que le permita su egreso vivo del hospital con un mínimo compromiso neurológico.

La implementación a nivel de la comunidad de los DEA, introducidos en la práctica clínica desde el año 1979 [3], ha ganado terreno incluso en los países en vías de desarrollo. En un estudio en los aeropuertos de Chicago, seis de once casos fueron exitosos, y lo más llamativo fue que las personas que manipularon estos aparatos, los testigos circunstanciales, no habían tenido ningún entrenamiento específico para su uso [4].

Desde hace muchos años se sabe que el principal determinante de supervivencia es el tiempo que transcurre entre la pérdida del conocimiento hasta la desfibrilación [5, 6, 7]. En un estudio realizado en Chile hubo un 15% de los eventos de paro cardiaco extrahospitalario en sitios públicos, donde el DEA podría estar disponible; en este mismo estudio se encontró que un 32,4% de los 221 pacientes tenían fibrilación ventricular; sin embargo, la tasa de sobrevida al egreso hospitalario fue de 3,3% [8].

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