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Septiembre de 2019 Página 1 de 3

Gestión de equipos médicos, una cuestión de eficiencia

Por Equipo Editorial de El Hospital con la colaboración de Diana Rojas, IB*, y Javier Potes**.

Financiamiento, capacitación e integración son indispensables para un manejo óptimo de la tecnología médica y la rentabilidad de las instituciones en México.

El Sistema de Salud en México atraviesa un momento determinante para su desarrollo. La acumulación de décadas de administraciones irregulares, gestión precaria de los recursos y, claro está, corrupción, ha desencadenado la incertidumbre en el gremio médico, impactando directamente en el mantenimiento de la operación de los hospitales públicos y en el auge de los hospitales privados. Sin embargo, ¿qué se está haciendo y a qué retos se enfrenta cada uno de estos sectores?

Desde el Consorcio Mexicano de Hospitales (CMH) analizamos la situación del sector a partir de la gestión de tecnología médica. El CMH surgió en enero de 2007 con el claro objetivo de formar una sinergia, tanto comercial como de enseñanza, para mejorar las condiciones de compra de insumos y equipos médicos y para generar nuevas prácticas en el sector hospitalario.

“Iniciamos con nueve hospitales en 2007 y actualmente somos 37. Tenemos una política de un hospital por ciudad, a excepción de las tres grandes ciudades de México: Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara, con el fin de no generar competencia y facilitar el intercambio de información y comunicación”, explica Javier Potes, director general por más de 12 años del CMH.

Desarrollo del sector médico privado

60 % de los mexicanos se mantiene con la seguridad social, de la cual, el 20 % está migrando al sector de la salud privada. Solo el 7 % de la población tiene un seguro de gastos médicos.

En México, el gran problema es la deficiencia de financiamiento. Frente a esto, Potes sostiene que “solo el 7 % de la población tiene un seguro de gastos médicos, limitados por impuestos y seguros. El 60 % de los mexicanos se mantiene con la seguridad social, de la cual, el 20 % está migrando al sector privado. Hay que crear esquemas para organizar el gasto de bolsillo, porque en México no existen aquellos que permitan a la población comprar un sistema de salud. Los planes de las aseguradoras están enfocados hacia la atención en los hospitales de nivel 3, cuando la mayoría de son novel 2.5, por ejemplo”.

La cuestión es que el financiamiento público no fluye hacia el sector privado, disminuyendo el porcentaje de población que tiene acceso a estos servicios, por lo que la mejora en los esquemas de seguros y la organización de los recursos financieros es vital para que los pacientes no desembolsen la totalidad del monto de la atención y accedan a los mejores servicios médicos disponibles.

El director general del CMH enfatiza en la necesidad de replantear el concepto de calidad pues “…tenemos ya 20 años con un modelo de certificación que ha ido evolucionando, pero es el momento de detenernos un poco y preguntarnos si es el modelo más adecuado”.

De la totalidad de los establecimientos de salud en México, incluyendo públicos y privados, alta especialidad y atención básica, hasta el mes de junio de 2019 se encuentran certificados ante el Consejo de Salubridad General (CSG) únicamente 330 de ellos, mientras que 186 están en proceso de trámite. Diferentes razones se pueden atribuir a ello, yendo desde la complejidad de los estándares necesarios para lograr la certificación hasta el desinterés en cumplirlos. Y es que, quizá la principal causa se encuentre en que esta certificación no es de carácter obligatorio para que las instituciones sigan en operaciones, sin embargo, al parecer la regulación obligatoria no es la respuesta para la mejora de la calidad en los servicios de atención médica de cualquier nivel.

330 establecimientos de salud, hasta junio de 2019, estaban certificados ante el Consejo de Salubridad General de México, mientras que 186 están en proceso de trámite.

Para adoptar una cultura de calidad es necesario cambiar el paradigma de lo que esto realmente implica; instaurar un clima de seguridad y de calidad no se trata únicamente de actuar ante actos malvados o dañinos, sino, mas bien, de analizar cualquier amenaza o riesgo que comprometa la eficiencia y/o la disponibilidad de los servicios de la institución. Es decir, que las organizaciones necesitan ser proactivas, no reactivas.


Palabras relacionadas:
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Acerca del autor

Por Equipo Editorial de El Hospital con la colaboración de Diana Rojas, IB*, y Javier Potes**.

*Ingeniera Biomédica de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) con un Diplomado en Administración de Instituciones de Salud. **Director general del Consorcio Mexicano de Hospitales e Integradora de Salud CMH.
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