Promocione sus productos o servicios con nosotros
Septiembre de 2012 Página 1 de 3

Evolución en el diagnóstico de anomalías y las intervenciones fetales

Dra. Rita De Cássia Sanchez

La cirugía intraútero ha mejorado la expectativa de vida de los recién nacidos, al tiempo que reduce las consecuencias de la patología fetal no tratada.

El desarrollo tecnológico de las imágenes en Medicina permitió el crecimiento acelerado del diagnóstico de anomalías fetales intraútero desde la década de los 70, permitiendo asimismo que por medio de procedimientos invasivos guiados por ultrasonografía, se obtuviera una perspectiva de diagnóstico etiológico de las malformaciones y anomalías visualizadas en la ultrasonografía. Frente a un diagnóstico de certeza y pronóstico previsible, fue posible proponer el tratamiento fetal aún en la vida intrauterina. Las malformaciones que presentan progresión y deterioro de un órgano o pérdida de la función de este durante la vida fetal, pueden en la actualidad tener su curso modificado antes del nacimiento.[1]

Las intervenciones fetales se iniciaron en 1974 en Francia e Inglaterra con la fetoscopia diagnóstica, en donde por medio de un instrumento endoscópico delgado, con cerca de 2.8mm de diámetro, introducido en el útero y guiado por la ultrasonografía, se puede visualizar la anatomía fetal y realizar el diagnóstico de síndromes complejos. Con la evolución de las imágenes ultrasonográficas, las indicaciones de la fetoscopia diagnóstica se limitaron. Sin embargo, este fue un marco histórico que permitió el acceso a la cavidad uterina, abriendo camino para las intervenciones quirúrgicas intraútero. Estas se pueden clasificar en cirugías fetales percutáneas, cirugías fetales a cielo abierto y cirugías fetales por fetoscopia.[2] Las cirugías fetales percutáneas, llamadas derivaciones o drenajes, como el paso de catéteres para aliviar la presión causada por líquido en órganos fetales, ha sido realizada en países Europeos y en los EUA desde la década de los 80 y en Brasil, a partir del inicio de la década de los 90.[3]

El ejemplo más clásico son las obstrucciones urinarias. El diagnóstico de las dilataciones renales por obstrucción de la unión ureteropiélica, o incluso en los casos de válvula de uretra posterior, ha sido realizado por ultrasonografía a partir de la 16ª semana de gestación. El análisis de la orina fetal recolectada directamente intraútero con aguja delgada guiada por ultrasonografía permite que se tenga conocimiento de la función de los riñones, indicando en determinados casos el paso de un catéter en vejiga para drenaje de esta orina hacia la cavidad amniótica (derivación vésicoamniótica). Dependiendo del nivel de la obstrucción, el drenaje puede ser necesario directamente en los riñones dilatados. Además de la desobstrucción del tracto urinario que estas derivaciones proporcionan, evitando el deterioro del tejido renal, se restituye la cantidad de líquido amniótico en la cavidad amniótica, fundamental para el desarrollo pulmonar fetal. El oligoamnio (reducción del líquido amniótico) severo instalado antes de la 24a semana de gestación, puede causar hipoplasia pulmonar. La derivación permite un aumento de la sobrevida al nacimiento.[3] En las obstrucciones del sistema cefalorraquídeo, en los casos de hidrocefalias sin causa secundaria (cuando están descartadas las infecciones congénitas o cromosomopatías), se puede ofrecer a la pareja la opción de drenaje del líquido cefalorraquídeo hacia la cavidad amniótica (derivación ventrículo amniótica), proporcionando descompresión del parénquima cerebral en formación.[3]

En las patologías pulmonares, como la malformación adenomatosa quística tipo I (con quistes pulmonares gigantes) y en los derrames pleurales uni o bilaterales, de cualquier etiología, existe la indicación del drenaje quisto-amniótico o pleuro-amniótico, con el fin de que se permita el desarrollo del tejido pulmonar intraútero hasta sus etapas finales, evitándose de ese modo la hipoplasia pulmonar al nacimiento.[1] Todas estas derivaciones intraútero posibilitan el tratamiento de anomalías en que hay acumulo de líquido en el órgano en cuestión. En las patologías en que la anomalía es sólida, no hay posibilidad de drenajes. Surge entonces, en la década de los 80, la cirugía fetal “a cielo abierto”, con el equipo del Prof. Michael Harrison en EUA. Iniciando con la hernia diafragmática congénita (HDC), donde una porción del intestino o del hígado se hernian hacia el tórax, el equipo de California desarrolla la técnica de abrir el útero, reservar el líquido amniótico retirado, exponer al feto y operarlo directamente. Los resultados iniciales muestran que la sobrevida de los afectados por HDC grave tiene significativa diferencia cuando tratados intraútero.[4]

Acerca del autor

Dra. Rita De Cássia Sanchez

Obstetra especialista en Medicina Fetal desde 1993 y coordinadora del área de Medicina Fetal del Hospital Israelita Albert Einstein en São Paulo, Brasil, desde 2008. Posee doctorado en Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (USP).
x
Notas complementarias

Sección patrocinada por

Otras noticias de Cirugía

Documentos relacionados