Estimulación cerebral profunda en trastornos del movimiento
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Estimulación cerebral profunda para el control de trastornos del movimiento refractarios

Octubre de 2011

Equipo editorial de El Hospital, en colaboración con el doctor Jairo Espinoza

La neurocirugía funcional propone procedimientos específicos para la lesión de estructuras del SN (neuroablación) o cambios en la actividad (neuromodulación).

Los procedimientos neuroablativos o de neuromodulación son los más utilizados en la actualidad, y cuentan con mayor peso estadístico y evidencia clínica. La mayoría de cirugías restaurativas se encuentran como grupo, en fase experimental.

La neurocirugía funcional busca reparar, modular o corregir un déficit en un sistema o red neurológica determinada. Utiliza neuroimágenes estructurales y funcionales para identificar áreas blanco y realizar procedimientos específicos que llevan a la lesión de estructuras del sistema nervioso (neuroablación) o a cambios en la actividad del mismo (neuromodulación), encaminados a mejorar sintomáticamente al paciente o a reparar la causa de la enfermedad (restauración), a través del trasplante de neuronas o células madre, infusión de genes o factores de crecimiento [1, 2].

Muchos trastornos neurológicos se producen como consecuencia de la ausencia de uno o varios neurotransmisores necesarios para la estabilidad de un circuito o red neural, lo que genera una actividad eléctrica anómala en el cerebro. En este caso el tratamiento se hace con medicamentos y diversas intervenciones de rehabilitación, a lo cual los pacientes responden muy bien. Los medicamentos apropiados los elige el neurólogo, de acuerdo con la predominancia sintomática y el estado general y edad del enfermo.

La mayoría de estos medicamentos buscan estabilizar las concentraciones de las sustancias faltantes del sistema nervioso. Con frecuencia es necesario elevar su dosis, porque la enfermedad es progresiva, lo cual produce, con el uso crónico, efectos adversos intolerables. En la esfera motora, los más frecuentes son las disquinesias (movimientos o posturas tónicas, que se producen después de ingerir una dosis del fármaco) y las fluctuaciones (variaciones en la acción del fármaco, que se manifiestan con dosis que no hacen efecto o por pérdida súbita e impredecible del mismo estando bajo el efecto de la medicación).

La cirugía funcional ha tenido épocas de gran actividad y de declive; en la actualidad ha resurgido, debido a una combinación de factores que han permitido que los procedimientos quirúrgicos se desarrollen con mayor precisión y menor morbilidad (tabla 1) [2].

Ver Tabla 1. Factores que han permitido el desarrollo de procedimientos neuroquirúrgicos

Los trastornos funcionales en los cuales hay más experiencia quirúrgica se pueden dividir en tres grandes grupos: movimientos anormales, dolor crónico y ciertos trastornos psiquiátricos [12].

El primer grupo son desórdenes muy incapacitantes, de frecuente presentación en la consulta diaria, que incluyen la enfermedad de Parkinson, distonía, corea, temblor y hemibalismo.

La enfermedad de Parkinson es uno de los trastornos del movimiento más frecuentes y una causa importante de incapacidad. Los pacientes afectados presentan grados variables de temblor, rigidez muscular, bradiquinesia y alteraciones de la postura. Estos síntomas empeoran con el tiempo y limitan de forma significativa la calidad de vida del paciente y la de su familia.

La causa principal de la enfermedad es el déficit de dopamina, producida por la sustancia negra. Se requiere una pérdida de al menos el 60% de las neuronas en este lugar para que aparezcan los signos de la enfermedad.

Como en cualquier otro procedimiento, la decisión de operar o no a un paciente se basa en la evaluación del riesgo/beneficio, el balance entre el riesgo del procedimiento y la mejoría en la calidad de vida, realizado por un equipo multidisciplinario, que incluye anestesiología, neurología, neurocirugía, siquiatría, enfermería y trabajo social [1].

Es candidato a cirugía todo paciente con enfermedad de Parkinson que no responde a manejo farmacológico adecuado; es decir, cuando desarrolla síntomas incapacitantes, como fluctuaciones motoras moderadas a severas, disquinesia inducida por la medicación, temblor refractario al fármaco o intolerancia al mismo. La mayoría de estos síntomas incapacitantes deben ser identificados aplicando escalas validadas internacionalmente, que midan el deterioro motor, de calidad de vida y de comorbilidades, y se debe asegurar si ellos son dopa-sensibles o dopa-inducidos, ya que los primeros son los que más responden a la cirugía. Se deben excluir aquellos en los que existan comorbilidades importantes, o tratar estas antes de la cirugía, puesto que una patología adicional no tratada puede opacar un buen resultado motor [1].

Sus principales contraindicaciones se enumeran en la tabla 2.

Ver Tabla 2.. Contraindicaciones de la neurocirugía funcional

El éxito quirúrgico depende de dos factores fundamentales: la experiencia del equipo quirúrgico y la disponibilidad de tecnología. Es imperativo llegar al sitio cerebral correcto para obtener un buen resultado y disminuir o anular las complicaciones. Es tan grave operar a un paciente mal escogido como negarle la cirugía a un candidato óptimo.

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(2) Comentarios
GRALD(SP) EDGAR FERNANDO
27 de febrero de 2015 a las 11:11
Por favor necesito urgente hablar con el Dr. Jairo Espinoza Martínez. Mi esposa Susan del Rosario Yépez se encuentra muy delicada de salud y por recomendación del Dr. Silvano Dávila del Salto Neurocirujano de Quito Ecuador recomienda que mi esosa debe ser intervenida por el Dr. Espinoza, ya que ella desde 3 años tiene movimientos y esta calificada su enfermedad como DISTONIA. Mi correo es efnaranjoy@gmail.com y mis números telefónicos son del domicilio 2490332 y de mi celular 0997531343
aura rosa
30 de octubre de 2014 a las 18:05
a donde puedo llamarlo y la cirugía las hace por parte de la eps

Notas complementarias

Acerca del autor

Equipo editorial de El Hospital, en colaboración con el doctor Jairo Espinoza

Neurocirujano, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Neurocirugía Funcional y Estereotaxia (SLANFE); presidente del capítulo de estereotaxia y cirugía funcional de la FLANC; miembro directivo de la Sociedad Mundial de Neurocirugía Estereotáctica y Funcional (WSSFN); hace parte de la Clínica de Movimientos Anormales de la Clínica de Marly, Bogotá, Colombia; jefe de la Clínica de Movimientos Anormales y Dolor (CIMAD), Bogotá, Colombia.

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