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Septiembre de 2004 Página 1 de 4

Estado del arte de la otosclerosis

Hallazgos clínicos, diagnóstico y tratamiento quirúrgico de la otosclerosis. El resultado funcional y el pronóstico auditivo suponen estudios instrumentados.

Introducción
La otosclerosis es una distrofia ósea de la cápsula laberíntica capaz de producir fijación del estribo y lesión del laberinto. En su etiología se ha estudiado incidencia de factores genéticos, endocrinos, metabólicos (alteraciones enzimáticas por cambios hormonales), vasculares, inmunológicos y virales, pero aún no se ha definido el causante. Su síntoma principal es la hipoacusia progresiva, ya sea perceptiva o con componente conductivo, por fijación del estribo.

Diagnóstico
El diagnóstico clínico de la otosclerosis se realiza mediante el uso de diapasones, complementando con la audiometría y la timpanometría. La audición de los pacientes se evalúa con estudios audiológicos realizados en una cabina sonoamortiguada y con un equipo especializado.

Según Fowler, en el 69% de los casos de otosclerosis las escleróticas son de color azul. En la mayoría de los pacientes el examen del oído externo es normal. Al microscopio, la coloración y la posición del tímpano son normales si no coexiste otra afección ótica. En el 10% de los pacientes se ve a través del tímpano una mancha rojiza sobre el promontorio, correspondiente a hiperemia de la mucosa de la caja sobre la que hay un foco activo. La presencia de este signo se considera como de mal pronóstico en la evolución de la enfermedad.

La movilidad al Siegle es normal. Si bien, a veces se puede observar disminución de la movilidad del mango del martillo. Las trompas son permeables.

La acumetría ha sido desplazada por la audiometría. Los signos acumétricos permiten estudiar la disfunción en los mecanismos de impedancia. La conducción aérea está perturbada, la voz cuchicheada se percibe mal y con voz alta se perciben mejor los fonemas agudos que los graves. Los diapasones agudos son percibidos mejor que los graves. Un diapasón de 128 Hz permite precisar las características de la sordera como hipoacusia de transmisión o anquilosis estapedio-vestibular.

Otras pruebas con el mismo significado son la de Scat (mediante una maniobra de Valsalva se ejerce presión centrífuga sobre el tímpano mientras que un diapasón se coloca sobre la mastoides; en caso de otosclerosis no se modifica la percepción ósea); y la de Runge (similar a la anterior pero se llena el conducto auditivo externo con agua o alcohol).

La audiometría ayuda al diagnóstico y la ubicación de la sordera, y a la valoración del grado y la reserva coclear. Además, permite determinar las indicaciones quirúrgicas y prever el pronóstico funcional postoperatorio. Esta prueba incluye la determinación de los umbrales para los tonos puros, estimados en decibeles HL (calibración ANSI 1989), por la vía aérea para las frecuencias clínicas de 125 Hz a 8 KHz, y por la vía ósea, para las frecuencias clínicas de 250 Hz a 4 KHz. Los promedios de frecuencias bajas (125, 250 y 500 Hz), medias (500, 1000 y 2000 Hz) y altas (2000, 4000 y 8000 Hz) para los umbrales por la vía aérea. Adicionalmente, la diferencia óseo-aérea de los promedios de las frecuencias bajas (125, 250 y 500 Hz), altas (500, 1000 y 2000 Hz) y totales (250, 500, 1000, 2000 y 4000 Hz).

Con la audiometría vocal, la otosclerosis muestra una discriminación de la palabra mejor que la curva tonal concomitante. La logioaudiometría ayuda a comprobar la validez de los resultados de las curvas tonales puras, el valor funcional y social de la hipoacusia y su carácter para establecer con mayor seguridad el valor funcional real del oído. En la otosclerosis con un aumento importante de los umbrales y una curva de transmisión pura, la discriminación de las palabras permanece relativamente intacta. Cuando la curva es mixta, la discriminación es moderada o intensa. Si la curva tiende a ser con predominio neurosensorial, se produce una reducción en la identificación de las palabras concordante con el grado de la afección. La reducción en la identificación fonética detectada en el preoperatorio indica un mal pronóstico de la mejoría auditiva postcirugía, por lo que es preferible colocar una prótesis a estos pacientes.

Generalmente, los pacientes no refieren hipoacusia hasta que no descienden sus umbrales a los 25 dB en las frecuencias de conversación. El incremento de la rigidez, producida por la fijación progresiva del estribo hace que los signos más acusados de sordera correspondan a las frecuencias graves. Según el proceso avanza, se estabilizan los umbrales en las frecuencias bajas, y progresa la pérdida en las altas. Entonces, la curva se torna horizontal y se produce un ensanchamiento gradual del Rinne.

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