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Octubre de 2008 Página 1 de 2

Electrocardiograma fetal, herramienta para el monitoreo temprano

El monitoreo fetal intraparto externo o interno, es altamente sensible aunque poco específico. El ECG fetal se indica cuando la cardiotocografía es anormal.

El parto representa una amenaza potencial para el bienestar del feto. El abastecimiento de oxígeno al feto requiere de un suministro adecuado de sangre materna a la placenta, de una placenta funcional y de una vena umbilical patente en el cordón umbilical. Las contracciones durante el parto detienen el flujo de sangre materna a la placenta, de modo que se produce disminución intermitente de la oxigenación. La mayoría de fetos tienen la reserva metabólica suficiente para resistir este efecto, pero aquellos con reservas limitadas pueden verse afectados por hipoxia intraparto, que causa daño cerebral y muerte fetal durante el parto [1].

El método más temprano de monitoreo fetal durante el parto fue el uso del estetoscopio fetal intermitente, para calcular la frecuencia cardiaca fetal. Durante los años 60 y 70 se desarrollaron sistemas electrónicos de monitoreo, para permitir el seguimiento de la frecuencia cardiaca fetal en conjunto con las contracciones uterinas de la madre, lo cual se llama cardiotocografía [1].

En la actualidad la auscultación de la frecuencia cardiaca fetal puede realizarse por método externo o interno. El monitoreo externo se hace usando un aparato portátil de ultrasonido Doppler, para auscultar y contar la frecuencia cardiaca fetal durante una contracción uterina y por treinta segundos subsecuentes, con el propósito de identificar la respuesta fetal. También puede hacerse a través de un transductor externo, que se coloca en el abdomen materno con un cinturón elástico para mantenerlo en su lugar; dicho transductor utiliza ultrasonido Doppler para detectar el movimiento cardiaco fetal, y se conecta a un monitor que calcula y traza la frecuencia cardiaca fetal en una tira de papel continua. Más recientemente, una segunda generación de monitores ha incorporado microprocesadores y procedimientos matemáticos para mejorar la señal de frecuencia cardiaca fetal y la precisión de las lecturas.

El monitoreo interno se realiza colocando un electrodo con forma de tornillo en el cuero cabelludo del feto, el cual se conecta a un monitor de frecuencia cardiaca fetal; para este caso las membranas fetales deben estar rotas, y el cérvix dilatado, al menos parcialmente, antes de poder colocar el electrodo [2].

Los seguimientos o lecturas de la frecuencia cardiaca fetal pueden realizarse continuamente, es decir, a lo largo de todo el parto, o de forma intermitente. El monitoreo electrónico de la frecuencia cardiaca fetal intraparto (MFE) fue introducido para detectar el sufrimiento fetal debido a hipoxia y acidosis metabólica [3]. Se ha demostrado una asociación entre los patrones de frecuencia cardiaca fetal y los signos y síntomas de hipoxia fetal. Además, las convulsiones neonatales frecuentemente se asocian con la encefalopatía hipoxi-isquémica, debido al daño cerebral por hipoxia, y pueden estar relacionadas con inhabilidad para el desarrollo neural, incluyendo parálisis cerebral. Aunque se supone que un parto en tiempo adecuado puede prevenir al feto de la muerte intraparto o el desarrollo de parálisis cerebral, no hay evidencias que demuestren que pueden prevenirse con un parto más rápido [3].

Aunque se ha encontrado un descenso estadísticamente significativo en las convulsiones neonatales, asociado con el MFE continuo de rutina, no hay diferencia en el puntaje de Apgar, en las admisiones a las unidades de cuidado intensivo neonatal o muerte perinatal. En las investigaciones, estos resultados se produjeron a expensas de una frecuencia incrementada de intervención en la forma de cesáreas (40%) y parto vaginal instrumentado (20%) [3].

Las lecturas cardiotocográficas pueden ser difíciles de interpretar, y resultar en intervenciones operativas innecesarias. Aunque el MFE continuo es altamente sensible a la detección de hipoxemia fetal intraparto y acidemia, la especificidad es baja, con falsos positivos cerca de 50% o más [3]. La cardiotocografía computarizada no ha probado ser de ayuda en el parto [1]. Sin embargo, hay alguna evidencia de que la toma de muestra sanguínea fetal, como un complemento a la cardiotocografía, puede disminuir las intervenciones innecesarias, sin poner en riesgo el resultado final del feto [1]. El muestreo es un procedimiento incómodo para la madre e involucra una incisión en el cuero cabelludo del feto; además, cada muestra tan solo suministra información intermitente sobre el estado ácido-básico fetal.

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