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Abril de 2008 Página 1 de 2

Diagnóstico temprano del cáncer colorrectal

Avances tecnológicos en fibra óptica, fuentes de luz, detectores y biología molecular proporcionan diagnósticos más rápidos y precisos de cáncer colorrectal.

Según la Sociedad Americana de Cáncer, el 5,9% de la población puede desarrollar cáncer colorrectal durante su vida [3]. De hecho, este tipo de enfermedad es la cuarta causa más frecuente de cáncer en hombres y la tercera en mujeres [2]. Su incidencia varía de acuerdo con la región geográfica. Las tasas más altas se encuentran en Japón, Norteamérica, Nueva Zelanda y Australia, y las más bajas se reportan en África y el sudeste de Asia, al igual que en América Central y Suramérica, exceptuando Argentina y Uruguay.

Su incremento puede reflejar cambios en la prevalencia de la obesidad y los patrones de alimentación, mientras que su disminución, el aumento en la detección y extracción temprana de lesiones precancerígenas, como es el caso de EE. UU. El tamizaje es muy importante para determinar el curso de la enfermedad, en especial si se tiene en cuenta que la mayoría de los pacientes con cáncer colorrectal no presentan ningún síntoma y el riesgo de aparición aumenta con la edad.

Se debe comenzar el tamizaje a los 50 años en los pacientes de ambos sexos con riesgo promedio de desarrollar cáncer colorrectal, y en aquellos con alto riesgo, hacerlo más temprano y con mayor frecuencia. Las guías de la Sociedad Americana recomiendan realizar uno de los cinco siguientes exámenes en personas mayores de 50 años, de ambos sexos [2]: prueba de sangre oculta en materia fecal (FOBT) o prueba inmunoquímica fecal cada año, o sigmoidoscopia flexible cada cinco años, o FOBT más sigmoidoscopia cada cinco años, o enema de doble contraste con bario cada cinco años, o colonoscopia cada diez años.

El cáncer colorrectal es la segunda causa más frecuente de muerte por cáncer en Norteamérica, mientras que en Suramérica es la cuarta [2]. Cuando se detecta en estado temprano y localizado, la sobrevida a cinco años se incrementa a 90% [2]. Sin embargo, solo el 39% de los casos se detecta temprano, principalmente por falta de tamizaje [2]. Además, el diagnóstico endoscópico se basa en la destreza del operador para detectar anormalidades en la imagen creada por la luz reflejada de la mucosa; por lo tanto, la probabilidad de no detectar un adenoma puede ser alta, con reportes hasta del 30% [1].

La práctica de endoscopia incluye toma de biopsia con análisis histológico o citológico, lo que crea demoras en el diagnóstico y mayor susceptibilidad de errores, además de riesgo y costos del procedimiento. El avance en tecnologías como fibra óptica, fuentes de luz, detectores y biología molecular ha permitido nuevos métodos de evaluación, que pudieran aumentar la probabilidad de realizar un diagnóstico más rápido y preciso. Se ha acuñado el término “biopsia óptica” para referirse a todos aquellos métodos que utilizan las propiedades de la luz para establecer el diagnóstico instantáneo en el momento de la endoscopia.

A diferencia de la endoscopia corriente con luz blanca, que utiliza luz con ancho de banda visible (400 a 700 nm), las imágenes de banda estrecha emplean filtros especiales para reducir el ancho de banda rojo-verde-azul e incrementar la contribución relativa de la luz azul filtrada (415 nm). Esta luz azul corresponde al máximo espectro de absorción de la hemoglobina, lo cual permite realzar la visualización de la microvasculatura y la mucosa superficial. Algunas evaluaciones han mostrado su utilidad en la visualización de patrones capilares de cáncer temprano de colon y en el número de adenomas detectados en casos de cáncer colorrectal hereditario [1].

La endoscopia fluorescente se ha utilizado para diferenciar entre la mucosa normal y la anormal. Se basa en las variaciones en la concentración y la distribución de biomoléculas metabólicamente activas, y los cambios en la microarquitectura del tejido. La fluorescencia se induce a través de biomoléculas, como el ácido aminolevulínico [4], que se acumulan en el tejido neoplásico para incrementar la especificidad de la detección.

La tomografía de coherencia óptica (OCT) utiliza luz infrarroja para medir la reflectividad óptica del tejido como función de la profundidad. Desde su comienzo, hace más de una década, ha sido utilizada para evaluar la progresión neoplásica e identificar anormalidades vasculares debajo de la superficie, como las várices. Algunos estudios han visto la correlación entre el tejido sometido a biopsia y las imágenes de OCT para mucosa y submucosa; los cambios en la difusión de la luz y las capas se han correlacionado con la actividad patológica de colitis ulcerativa [1]. De igual forma, cambios en la arquitectura del tejido y la difusión de la luz han diferenciado pólipos hiperplásicos de pólipos adenomatosos [1]. No hay estudios prospectivos en curso para evaluar la precisión de la OCT.

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