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Febrero de 2007 Página 2 de 2

Diabetes: prevención y manejo de complicaciones

Manrique Cornejo, Marcela

En medidas de control de presión sanguínea se recomienda:

  • Tomar la presión frecuentemente y siempre en cada visita al médico.

  • Si la presión diastólica es mayor de 80 mm Hg y la sistólica mayor de 130, se deben confirmar los datos en mediciones hechas en días distintos.

  • Pacientes con presión sistólica entre 130 y 139 mm Hg, y diastólica entre 80 y 89, deben modificar su estilo de vida máximo por tres meses, y si aún no baja la presión sanguínea, debe administrárseles tratamiento farmacológico.

  • Presiones sistólicas mayores que 140 y diastólicas mayores que 90 ameritan también terapia conductual.

  • Al usar inhibidores ACE o ARB, hay que monitorear la función renal y los niveles de suero de potasio en los primeros tres meses; si son estables los datos, controlar después cada seis meses.

  • En adultos mayores, reducir la presión sanguínea gradualmente para evitar complicaciones.

  • Remitir a especialista en presión sanguínea, si los fármacos no funcionan.

En cuanto a control de lípidos, los objetivos principales son bajar el colesterol LDL, para reducir el riesgo de eventos cardiovasculares, y los triglicéridos ricos en lipoproteínas, porque son aterogénicos. Los medicamentos llamados ‘fibrosos’ son muy usados en estos casos, y algunos estudios muestran que el ácido nicotínico puede subir los niveles de colesterol HDL, pero en dosis altas empeora la hiperglicemia.

Para control de lípidos, las medidas recomendables son:

  • En adultos, medir los lípidos cada año o más frecuentemente, si es necesario. A personas mayores de 40 años, con bajos niveles, cada dos años.

  • Estilo de vida: controlar la ingestión de grasa, perder peso, incrementar el consumo de fibra y la actividad física.

  • En adultos mayores de 40 años con factores de riesgo (presión alta, fumadores, bajo colesterol HDL), bajar niveles de colesterol LDL a menos de 100 mg/día.

  • Para menores de 40 años, si no funcionan cambios en el estilo de vida para alcanzar niveles de 100 mg/día de colesterol LDL, usar medicamentos.

El tabaco es otro factor de alto riesgo, por lo cual el paciente debe ser advertido de no iniciar su consumo, o frenarlo en caso de que ya sea fumador. Puede ser apoyado, en su abandono del cigarrillo, con medicamentos sustitutos de la nicotina. Es recomendable, en cada visita, interrogar al paciente sobre su consumo de cigarrillo, evaluar su voluntad para dejar de fumar, remitirle a un programa para abandonar el consumo y hacerle seguimiento al mismo.

Respecto al uso de anticoagulantes, la terapia con aspirina (75-162 mg/día) es la estrategia primaria, incluso en pacientes mayores de 40 años o que tengan factores de riesgo adicionales. Sin embargo, ésta no debe ser prescrita en personas alérgicas a la sustancia, con tendencia a sangrar, que pasen por otra terapia anticoagulante, hayan tenido sangrado gastrointestinal reciente o sufran enfermedad hepática. Tampoco es recomendada en menores de 21, porque un estudio demostró que predispone al síndrome de Reye; sus efectos en menores de 30 años no han sido estudiados.

Recientemente han sido reportados otros descubrimientos, como: la enfermedad del riñón en diabéticos se asocia con niveles bajos de hemoglobina; el síndrome metabólico predice las complicaciones vasculares en diabéticos; una asociación entre la pupilometría básica y la presencia de microalbuminuria y retinopatía, el cual sugiere que las anormalidades en la pupilometría podrían ser indicadores tempranos de pacientes con alto riesgo de enfermedad cardiovascular futura, y un chequeo diario en el pie, logrado con un termómetro superficial infrarrojo, permite identificar incremento en la temperatura de esta zona y así prevenir ulceraciones.

No obstante, un estudio realizado en el Centro de Diabetes del Hospital Saint Vincent (Sydney, Australia), que midió peso, estatura, control y tratamiento de glicemia, presión sanguínea y sueros lípidos, en la prevalencia de complicaciones microvasculares en pacientes diabéticos, señala que a pesar de los demostrados beneficios de controlar la glucosa, la presión arterial y los lípidos, para evitar complicaciones vasculares, los objetivos del tratamiento a diabéticos en hospitales de tercer nivel no se están logrando en una gran proporción, por lo cual deben revisarse, junto con los medios actuales para lograrlos [4].

Fin.
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