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Octubre de 2016 Página 3 de 4

Desarrollo de biomarcadores en resonancia magnética enfocados en esclerosis múltiple

Paul M. Parizel, MD, PhD

Los biomarcadores de neuroimágenes longitudinales tienen en cuenta dos (o más) exámenes de RM del mismo individuo, obtenidos en diferentes momentos, para calcular los cambios de volumen en el cerebro. Esto hace posible evaluar en los pacientes con EM la reducción progresiva del volumen cerebral (atrofia), un parámetro que refleja la pérdida neuroaxonal y de mielina, que cada vez es más utilizado como medida de desenlace en los estudios de tratamientos de la EM. Los métodos longitudinales para atrofia cerebral comúnmente emparejan dos exámenes de RM utilizando técnicas de registro y extraen directamente los cambios pequeños en el volumen cerebral a partir de este proceso. Un abordaje similar se puede utilizar para la segmentación longitudinal de las lesiones de la sustancia blanca.

La incorporación de los biomarcadores cuantitativos de RM lleva a las neuroimágenes clínicas a un nivel superior. No obstante, para incorporarlos exitosamente en la investigación y desarrollo de productos para imágenes clínicas, se deben tener en cuenta varios elementos importantes:

1. Precisión y reproducibilidad. Muchas aplicaciones de software ofrecen mediciones transversales del volumen cerebral, basadas en una única placa de RM, tienen errores en el rango de 1 – 1.5 %, el cual resulta excesivo si la tasa anual esperada de pérdida de volumen es mucho menor al 1 %. En otras palabras, los errores de medición deberían ser lo suficientemente pequeños para ser confiables en pacientes individuales y los resultados deberían ser clínicamente significativos. Por fortuna, en la actualidad hay algunas aplicaciones tales como MSmetrix (validado CE) o icoBrain (aprobado FDA), que han sido desarrolladas para monitorizar la EM y proporcionar mediciones para atrofia y carga lesional con errores de medición tan bajos como 0.13 % para atrofia de cerebro completo. Sólo cuando los errores de medición son así de bajos, se pueden extraer conclusiones significativas para los pacientes individuales.

2. El tiempo de toma de imágenes cuesta. En la actualidad, el tiempo de toma de imágenes en el protocolo de RM promedio para pacientes con EM está entre 20 y 35 minutos. Comúnmente, el protocolo óptimo incluiría una secuencia 3D-FLAIR, imágenes potenciadas de difusión, secuencias potenciadas T2 e imágenes potenciadas T1 antes y después de la inyección de quelato de Gadolinio. Los biomarcadores sólo tendrán éxito si se pueden derivar del protocolo estándar de imágenes para EM, sin la necesidad de secuencias adicionales (prolongadas).

3. Integración en los flujos de trabajo estándar. La idea es que los biomarcadores deben ayudar a los médicos y no que les generen trabajo extra. Los radiólogos y neurólogos no tienen tiempo para practicar posprocesamiento adicional para cada paciente. Idealmente, dicho posprocesamiento debe estar vinculado a la información del paciente, para generar reportes de manera automática que incluyan la información del biomarcador sobre las lesiones y la atrofia cerebral. El radiólogo debe reportarle al neurólogo –cualitativa cuando no cuantitativamente­– sobre el estado de la lesión y de la atrofia en los pacientes con EM, abarcando los siguientes puntos: comparación con exámenes previos; evidencia de nueva actividad de la enfermedad; número de lesiones nuevas (T2/T1); tamaño de lesión; evaluación global, incluyendo presencia (definida/probable) y extensión (número de lesiones nuevas de mayor tamaño o lesiones potenciadas con gadolinio) de la actividad de la enfermedad; cambio en volumen de lesión T2; y evidencia de atrofia cerebral.

¿Cómo transmitir esta información al médico?

Hoy en día, los biomarcadores de RM ya son un factor importante en la toma de decisiones terapéuticas. El seguimiento eficiente del paciente exige una comunicación efectiva y consistente entre el neurólogo y el radiólogo. Infortunadamente, la mayoría de reportes de RM todavía se escriben en prosa y no hacen uso de todo el potencial integrado en el conjunto de datos de la RM. Estoy convencido de que la comunicación referente a los hallazgos de la RM entre el (neuro) radiólogo y el neurólogo se puede mejorar con valores cuantitativos, calculados automáticamente para los biomarcadores de imágenes relevantes. Para este fin, el (neuro) radiólogo debería tener fácil acceso a herramientas aprobadas para calcular estos biomarcadores. Además, al hacer seguimiento de la evolución de los cambios en un paciente individual, se deben hacer las comparaciones de los valores de los biomarcadores frente a poblaciones relevantes (p.ej. controles sanos, pacientes con EM que responden bien a la terapia, etc.). Obviamente, se deben tener en cuenta los factores de confusión relevantes (como edad y sexo).

Conclusión

La introducción de biomarcadores de (neuro) imágenes ha llevado a una mejoría significativa en el diagnóstico, manejo y seguimiento de pacientes con EM. La estandarización de los protocolos de adquisición de RM y la mejora de herramientas de reporte cuantitativo ofrecen una mejor comprensión de la historia natural de la EM y permiten una monitorización fiel del tratamiento para mayor beneficio de los pacientes.

 

El Hospital agradece la colaboración editorial del profesor Paul M. Parizel, actual presidente de la Sociedad Europea de Radiología, la asociación científica de radiología más grande del mundo con más de 63 mil miembros. 


Palabras relacionadas:
Industria de tecnología médica; Imágenes diagnósticas, resonancia magnética, industria de imágenes diagnósticas, imágenes por resonancia magnética

Acerca del autor

Paul M. Parizel, MD, PhD

Paul M. Parizel, MD, PhD

Profesor titular de Radiología de la Universidad de Amberes (UA) y Jefe del Departamento de Radiología del Hospital de la Universidad de Amberes (UZA). Fue Presidente de la Sociedad Europea de Neurorradiología (ESNR) y es actual Presidente de la Sociedad Europea de Radiología (ESR). El profesor Parizel siempre ha mostrado gran interés en los nuevos desarrollos en neurorradiología, tales como la introducción de biomarcadores y la evolución hacia la estandarización de los reportes.
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