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Agosto de 2012 Página 1 de 3

Cómo enfrentar las consecuencias del parto

María Fernanda Rebellón

Psicoprofilaxis obstétrica y fortalecimiento del suelo pélvico: dos formas de enfrentar las consecuencias de la episiotomía y el uso de fórceps en el parto.

La episiotomía y el parto asistido han mostrado su utilidad en evitar desgarros perineales y en el abordaje de distintos tipos de distocia. ¿Estamos conscientes de sus repercusiones inmediatas y tardías sobre la salud materna?

Experimentar la maternidad puede ser una experiencia sublime, disfrutable, o se puede convertir en una experiencia devastadora, debido a los diversos procesos que acompañan el embarazo, el parto y el posparto normal; cuando las mujeres no se encuentran preparadas para ello, o más aún, cuando se presentan complicaciones relacionadas con dichos procesos. Una variable a tener en cuenta cuando se habla de la preparación para la maternidad es si la experiencia es vivida por primera vez o no, aunque cabe agregar que no hay un embarazo, ni un parto, ni un posparto igual a otro en una misma mujer. Lo deseable es que la mujer embarazada haya recibido la información y la preparación necesarias para enfrentar las posibles vicisitudes del embarazo, parto y posparto.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una serie de recomendaciones a propósito de la salud sexual y reproductiva, que contemplan el derecho fundamental de la mujer a recibir una atención apropiada y a tener un papel protagónico en todas las etapas del embarazo, parto y posparto. La psicoprofilaxis obstétrica debe propender por que la mujer embarazada pueda desempeñar ese papel adecuadamente y debe responder a las recomendaciones de la OMS desde antes de la concepción hasta lograr la recuperación completa de la mujer.

Cabe aclarar que la psicoprofilaxis obstétrica no es solo un curso al que se inscribe la mujer embarazada sino que contempla la participación a distintos niveles de todas las personas involucradas con ella, tanto en su vida laboral como en su entorno familiar, e incuye al personal de salud que la atiende. Las recomendaciones de la OMS se dirigen a garantizar un parto seguro y el posterior desarrollo de una vida sexual satisfactoria y libre de enfermedades. De allí que algunas de sus preocupaciones se orienten, por ejemplo, a que haya criterios médicos justificados para la realización de la episiotomía restrictiva (en lugar de que sea un procedimiento rutinario) y para el uso de aditamentos médicos como los fórceps (aditamento médico de bajo riesgo en Colombia, categorizado así por el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos INVIMA, mediante el Decreto 4725 de 2005). Las consecuencias y el modo de afrontar desde la psicoprofilaxis obstétrica estos dos procedimientos, son el tema de este artículo.

La historia de la psicoprofilaxis obstétrica tiene un momento importante con la fundación de la Asociación Lamaze Internacional, antes llamada American Society for Psychoprophylaxis in Obstetrics (ASPO). Esta fue creada por Marjorie Karmel y Elizabeth Bing en el año de 1959, tras la experiencia de Marjorie con el Dr. Lamaze, quien introdujo el método Pavlov y lo modificó haciendo énfasis en la educación de la madre, y quien combinó la relajación muscular con las técnicas de respiración como preparación para el parto[1]. Un punto importante dentro de la filosofía de la Asociación Lamaze Internacional radica en que “los cursos de preparación para el parto brindan más seguridad a las futuras mamás y las mantienen informadas acerca de las posibilidades y recursos disponibles en materia de cuidados de salud, a fin de poder asumir la responsabilidad de cuidar de ellas mismas y confiar en su instinto y en su sabiduría”[1]. Es pertinente, pues, para la salud femenina, que la mujer embarazada pueda participar con seguridad y confianza en el trabajo de parto.

Sin embargo, en la práctica, varios aspectos apenas son enunciados de manera pasajera en relación con la salud femenina en el momento del parto. Me refiero, en concreto, a aspectos relevantes como las consecuencias que puede tener la práctica de la episiotomía y el uso de los fórceps en los partos naturales que terminan siendo instrumentales o en los partos inducidos. Dichas consecuencias atañen a la vida no solo del bebé sino también, y de manera trascendental, a la de la madre.

El médico está en la obligación de informar a la mujer las complicaciones que puede traer el uso de fórceps, según lo refiere la OMS, y debe estar autorizado por parte de la madre para la realización de la episiotomía en caso del uso necesario y pertinente de los fórceps. La reciente literatura sobre el tema indica que el riesgo de lesiones cerebrales en el recién nacido secundarias al uso de fórceps, ha disminuido debido a la mejora, a nivel mundial, de los procesos de las instituciones especializadas en la atención del parto. No obstante, en la salud de la madre frente al mismo procedimiento, no destacan avances significativos.

Acerca del autor

María Fernanda Rebellón

Fisioterapeuta y Especialista en Psicoprofilaxis Obstétrica y en Salud Pública. Candidata a Maestría en Educación. Es docente de cátedra en la Universidad de La Sabana en Bogotá, Colombia.
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