Promocione sus productos o servicios con nosotros
Julio de 2005 Página 1 de 5

Cómo ayudar a los hombres y sus familias a afrontar el cáncer de próstata

Andrew J. Roth / Mauricio Murillo

Al hombre con cáncer de próstata le preocupan la sexualidad, la incontinencia y el dolor. La educación al respecto puede disminuir la tensión psicológica.

Introducción
La próstata es la localización más común del cáncer masculino en Estados Unidos, con aproximadamente 230.000 casos nuevos en el 2004, 70% de los cuales se presentaron en hombres de más de 65 años (ACS, 2004). Es la segunda causa principal de muerte por cáncer en hombres. Las tasas de incidencia de cáncer de próstata son 32% más altas en hombres afroamericanos que en caucásicos, y sus tasas de mortalidad son el doble. Esto probablemente se debe a que son diagnosticados en estadios tardíos de la enfermedad.

Las reacciones psicológicas de esta población de hombres, generalmente más viejos, dependerán del apoyo disponible, de la historia psiquiátrica y de otros eventos vitales significativos, tales como la muerte reciente de la esposa, el divorcio, el comienzo de situaciones de conquista amorosa como hombre mayor, el retiro del trabajo o la pérdida previa, por cáncer, de seres queridos. Roth y colegas (1998) encontraron que al utilizar la escala HADS (Hospital Anxiety and Depression Scale), 15,2% de los hombres con cáncer de próstata alcanzaban el punto de corte, para el caso probable de depresión. También reportaron que cerca de un tercio de los hombres experimentaban ansiedad significativa. Una cantidad importante de ansiedad se encuentra también en aquellos en evaluación preliminar para cáncer de próstata (Cormier, 2002).

Las guías de atención recomiendan un examen de tacto rectal anual, junto con una prueba de antígeno prostático específico (PSA), en hombres de 50 años y más. A los que están en alto riesgo, como aquellos con fuerte historia familiar de cáncer de próstata, se les aconseja empezar sus exámenes a los 45 años.

Además de las preocupaciones generales por un nuevo diagnóstico de cáncer, todavía hay controversia sobre la escogencia de los tratamientos primarios del cáncer de próstata, lo cual hace difícil la decisión sobre el tratamiento. Las opciones primarias son la prostatectomía radical, la radioterapia y la "observación expectante", que pueden traer diferencias con el transcurso del tiempo en áreas especificas de la funcionalidad, así como en la función sexual, urinaria o intestinal (Penson y Litwin, 2003).

Existe controversia acerca de la escogencia de los tratamientos primarios para el cáncer de próstata. Las diferencias en la opinión profesional crean incertidumbre en los pacientes, lo cual hace difícil una decisión sobre el tratamiento. La observación expectante (tratamiento diferido) se recomienda en aquellos mayores de 70 años, con enfermedad asociada importante, cáncer indolente de bajo grado y menos de diez años de expectativa de vida. En hombres que están suficientemente saludables para tolerar el tratamiento, la cirugía (prostatectomía) ha sido considerada históricamente como el método definitivo (Garnik, 1994). Incluso la exitosa reciente cirugía preservadora de nervios no garantiza después la potencia sexual. La radioterapia convencional, o braquiterapia, con implante de semillas, puede producir menor incidencia de impotencia y problemas urinarios; sin embargo, hay más riesgos o dificultades con la función intestinal, dependiendo de los factores técnicos y la dosis total administrada. La radioterapia de intensidad moderada tridimensional ha disminuido la incidencia de complicaciones locales y ha aumentado la capacidad de controlar estos cánceres.

Para enfermedades más avanzadas, la ablación de andrógenos se utiliza para disminuir la síntesis de testosterona, que promueve el crecimiento de las células cancerosas. La mayoría de las veces ésta se logra con medicamentos inyectables agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina, como leuprolide o goserelin, junto con agentes antiandrógenos orales, que disminuyen la disponibilidad de testosterona en las glándulas suprarrenales, como flutamida o bicalutamida. Los hombres prefieren la terapia médica hormonal a la orquiectomía, por la mejor imagen corporal y, por ende, mejor calidad de vida, aunque la terapia médica acarree una carga financiera importante y progresiva. Varios efectos colaterales del bloqueo androgénico han sido reportados (Holzbeierlein et al., 2004), tales como disfunción eréctil y libido disminuida, fatiga y debilidad muscular, ginecomastia y otras molestias relacionadas con la imagen corporal, riesgo cardiovascular, oleadas de calor, cambios emocionales, incluyendo depresión, ansiedad e irritabilidad, y concentración disminuida. La quimioterapia se utiliza para tumores más avanzados, como medida paliativa.

Acerca del autor

Andrew J. Roth / Mauricio Murillo

Andrew J. Roth es Profesor Asociado de Psiquiatría. Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento, Memorial Sloan-Kettering Cancer Center. Mauricio Murillo, MD, es Jefe de Psiquiatría Terence Cardinal Cooke Health Care Center de New York.
x

Sección patrocinada por

Otras noticias de Oncología y radioterapia

Documentos relacionados