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Marzo de 2012 Página 3 de 4

Cicatrización cutánea, una ciencia compleja

Patricia Posada, MD, en colaboración con Edgar Krötzsch, M.SC., PHD

Actualmente la herida debe mantenerse en un ambiente húmedo, pero no mojado. Tampoco debe ser seco, porque las células no viven en ausencia de agua. Se pueden aplicar esponjas o apósitos para el manejo de los fluidos, que los absorben o permiten que se evaporen, o los retienen y bloquean, con lo que se mantiene la humedad en torno a la herida, las mejores características para cicatrizar, y se evita que se macere el tejido.

Los apósitos absorbentes sencillos, por ejemplo, espumas y textiles de algodón, viscosa o poliéster, mantienen el líquido en los espacios de su estructura, a modo de esponja, sin evitar la infección; estos apósitos permiten que se evapore la humedad desde su superficie, con tasas de transmisión de vapor húmedo (TTVH) bajas, lo que puede provocar maceración a partir del líquido que se mantiene bajo el apósito, o TTVH muy altas, que son útiles para tratar el exudado cuando se prefiere un volumen mínimo; los apósitos interactivos, por ejemplo hidrocoloides, alginatos y fibras de carboximetilcelulosa (CMC), captan el líquido para formar un gel y pueden reducir el desplazamiento lateral del líquido y el riesgo de maceración alrededor de la herida, tienen más probabilidades de mantenerse intactos durante su uso, lo cual es útil cuando se aplica compresión; los apósitos con sistemas antimicrobianos inespecíficos, como la plata y el yodo, o específicos, como los asociados a antibióticos y antimicóticos, como la gentamicina, los cuales favorecen el control de la infección y de la colonización microbiana.

También hay apósitos tipo barrera, que atrapan los microorganismos con paredes hidrofóbicas y componentes del exudado, como enzimas, y hacen que estos queden anclados en los triglicéridos o ácidos grasos en los que están embebidos estos apósitos.

Las terapias inmunológicas, como los anticuerpos anti-TNF -a, y/o terapias antivirales, como el interferon gama o el alfa 2b, que controlan y regulan la inflamación y favorecen el proceso de cicatrización.

La presión negativa, además de ser un método que remueve de la herida el exudado que podría estar infectado y/o con exceso de factores inflamatorios, favorece el acercamiento de los bordes de la lesión, por la contracción que se genera en el tejido dañado en el momento del vacío, pero también causa pequeñas deformaciones, en donde las células tienen cambios metabólicos debido al estrés mecánico generado por el vacío y la alteración en las proteínas de la matriz a las que están ancladas.

Terapéutica de las heridas de la piel
Primero se deben prevenir las heridas, pero si ya se presentaron es importante evitar que estas se compliquen. Hay varias estrategias por considerar para el cuidado de las lesiones, y todas son cruciales para la calidad de su reparación.

La cicatrización y la terapéutica varían de acuerdo con:

  • el estadio de la lesión;

  • la colonización, contaminación o infección de la herida;

  • la edad del paciente;

  • la localización de la herida, porque, por ejemplo, no es lo mismo si se aplica la terapia de presión negativa a un recién nacido que a un paciente adulto, o a uno anciano, donde debido a la fragilidad de sus capilares podría generarse una hemorragia por el exceso de succión;

  • la presencia de patologías concomitantes.

Es necesario conocer la fisiología del proceso e integrarlo al material de terapia, enfatiza el doctor Krötzsch. Además, hay gran cantidad de materiales de curación, y cada uno actúa en una fase específica de la reparación de la lesión; cuando se emplean de forma indiscriminada, sin tener en cuenta la fase, pueden generar maceración tisular y ampliar el tamaño o profundizar la herida.

La mayoría de las lesiones cicatrizan de manera favorable, con fibrosis mínima suficiente y la restauración del daño sin dejar una secuela importante.

El estudio de la cicatrización fetal ha llevado a un mayor conocimiento de los mecanismos de la fisiología de la reparación, y cómo acelerar y mejorar los procesos de cicatrización, principalmente en pacientes postoperados, quemados y con lesiones por traumatismos, para lograr el resultado esperado o el control de la inflamación, lo cual permite no solo pensar en la humedad y en la infección sino también en el acomodo de las proteínas y los componentes no proteicos de la matriz extracelular, para que sea reticular y más parecido a una piel normal, y no paralelo a la epidermis, dejando una secuela cicatrizal.

Según el doctor Edgar Krötzsch, el futuro apunta al control de las sustancias que modulan la inflamación de la cicatrización, y a la terapia génica y la medicina genómica, para lograr una regeneración más rápida y eficiente.

Lo que se busca es una recuperación más rápida de los pacientes, evitar o reducir las secuelas de las heridas y lesiones, como las cicatrices hipertróficas, y abatir los tiempos de estancia hospitalaria.

Acerca del autor

Patricia Posada, MD, en colaboración con Edgar Krötzsch, M.SC., PHD

El doctor Edgar Krötzsch, M.SC. y PHD, pertenece al Laboratorio de Tejido Conjuntivo del Centro Nacional de Investigación y Atención de Quemados del Instituto Nacional de Rehabilitación en la Ciudad de México.
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