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Febrero de 2008 Página 1 de 2

Beneficios de la telemedicina

La telemedicina bien puede considerarse como la interconexión dentro del ámbito institucional o el cuidado de la salud a distancia en tiempo real.

El concepto de “telemedicina” tendría dos connotaciones diferentes. Se puede referir a la interconexión dentro del ámbito institucional, para realizar diagnósticos, cirugías y otros procedimientos, o al cuidado de la salud a distancia, conectando el lugar de residencia del usuario con el profesional que hace el seguimiento (telehealth o telecare).

Históricamente, el desarrollo de la telemedicina ha pasado por varias etapas; el creciente nivel de complejidad de las telecomunicaciones, desde la telefonía electromecánica, hasta los tendidos digitales de fibra óptica de alta velocidad, la telefonía móvil y las redes de banda ancha, ha constituido una verdadera revolución en este campo, y el advenimiento de las comunicaciones satelitales y el internet, a finales de los años 60, que fueron decisivos.

La implementación de un sistema de telemedicina puede ser costosa. Se requieren hardware, software de comunicaciones, algoritmos de compresión o digitalización de las señales y protocolos estándar, cámaras de video, micrófonos, microscopios robotizados, controles de mando y tarjetas digitalizadoras. En los primeros años la adquisición de estos equipos era difícil; en los últimos años su uso se ha popularizado y los ha hecho más accesibles. A pesar de las dificultades técnicas y la resistencia de algunos pacientes y profesionales al uso de tratamientos no presenciales, su utilización se ha incrementado, por los beneficios que brinda para los pacientes, los cuidadores y el sistema de salud en general.

La telemedicina ha demostrado tener un gran impacto en la salud. Evita los desplazamientos innecesarios de los pacientes al centro de atención especializado; reduce los costos y los riesgos asociados con la movilización, no solo de los pacientes y sus cuidadores, sino también de los profesionales de la salud; disminuye los días de hospitalización de los pacientes; facilita el flujo de la información en y entre las instituciones, y la prestación de atención en sitios remotos y aislados, y además promueve la capacitación continua de los profesionales de la salud.

Se han desarrollado diversas modalidades de telecomunicación, que van desde teleconsultas de oncología, traumatología, pediatría, hematología y cirugía reconstructiva, etc., con especialistas locales o localizados en otros países; consultas diagnósticas de segunda opinión, monitoreo remoto de signos vitales, transmisión y archivo de imágenes diagnósticas, imágenes patológicas o microscópicas de alta calidad, gestión electrónica de datos, videoconferencias, formación a distancia, telesimuladores en las diferentes especialidades quirúrgicas, conexión entre centros clínicos e interconexión de los departamentos de las instituciones de salud, hasta sistemas robóticos remotos, que hacen posible que el médico atienda al paciente desde una estación ubicada en su consultorio o en su casa.

Un estudio cualitativo, publicado recientemente en el Journal of Telemedicine and Telecare, sobre los factores que facilitan o previenen la adopción de la telemedicina en la práctica general rural y remota por médicos y enfermeras en Escocia, realizado por King y colaboradores, encontró: 1. Que los primeros son más positivos en cuanto al uso de los computadores que las enfermeras; 2. A pesar de que el acceso a los datos simples, como los resultados de laboratorio, es ampliamente aceptado, han tenido muy poca experiencia con aplicaciones más sofisticadas de telemedicina, como las videoconferencias; 3. Escepticismo acerca de la potencial utilidad de las aplicaciones médicas de la telemedicina, a pesar de haber percibido el beneficio de que facilita el acceso a los recursos educativos, y 4. Barreras, como que la videoconferencia podría disminuir la calidad de la comunicación en los medios clínicos y educativos, y que la telemedicina no encajaría con las rutinas de la organización.

Esta tecnología ha sido de gran utilidad para la conexión de las instituciones de salud con las comunidades remotas y rurales aisladas geográficamente, para el diagnóstico en niños y adultos (Chagas, enfermedades cardiovasculares, dermatológicas, malformaciones congénitas, etc.), y para el tratamiento quirúrgico o clínico (emergencias, quemados, heridos de guerra o víctimas de desastres naturales, etc.,) a distancia de estas. También para el tratamiento y seguimiento de pacientes de edad avanzada, con enfermedades crónicas que requieren tratamiento médico o de rehabilitación a largo plazo, y para aquellos con limitaciones físicas o geográficas para desplazarse, en quienes facilita el seguimiento permanente y garantiza la continuidad en el tratamiento.

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Notas complementarias
  • Referencias

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