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Noviembre de 2003 Página 1 de 7

Artroscopia: procedimiento diagnóstico y terapéutico en auge

Restrepo, Alberto /Meléndez, Rodrigo /Arango, Juan Ignacio

Reseña sobre la evolución y estado actual de la artroscopia, vista a través de la experiencia de especialistas de la Clínica del Country en Bogotá, Colombia.

Reseña histórica
El cirujano Eugene Bircher(1), en un trabajo publicado en 1921, al concluir su escrito pronosticaba: "La artroscopia nos permite examinar el interior de la articulación e identificar los cambios patológicos, y el diagnóstico es hecho por visualización directa de la lesión. Es por lo tanto superior a todos los otros métodos de investigación y, como la endoscopia de la vejiga, puede ser usada para definir ciertas indicaciones quirúrgicas. Encontrará resistencia, como se hizo con la cistoscopia, pero, como este último procedimiento, ganará en popularidad y se desarrollará a tal punto que se hará indispensable". A la luz del tiempo, las palabras de Bircher han probado ser una premonición completamente acertada. Hoy en día, en los inicios del siglo XXI, nadie contemplaría una práctica médica (tanto en diversas ramas de la cirugía como en el diagnóstico de todo tipo de afecciones) sin la utilización de técnicas que, como la artroscopia, son mínimamente invasivas y permiten un altísimo nivel tanto de especificidad como de sensibilidad en los diagnósticos para los que se las utiliza, así como un grado elevado de eficacia en los tratamientos que se realizan por este medio.

Más de cien años antes de esta fecha, hacia 1805, Philipe Bozzini había presentado un instrumento para explorar la vejiga y el recto ante la Academia de Cirugía de Viena. Constaba de una cámara iluminada por una vela cuya luz se reflejaba en otra cámara que se utilizaba como un tubo y se introducía en la cavidad sometida a exploración. Podemos imaginarnos no solo lo precario de la visibilidad alcanzada sino el calor que se generaba, con el consecuente riesgo tanto para el paciente como para el examinador. En las décadas posteriores, la tecnología mejoró gracias al aporte de varios cirujanos inquietos, como Desormaux por ejemplo, quienes se dedicaban especialmente a la cistoscopia, la rectoscopia y la gastroscopia. En 1867, hicieron su aparición primero el filamento de magnesio y posteriormente el de platino, que no sólo iluminaban mejor sino que generaban menos calor. A principios del siglo XX, con la introducción de la bombilla con filamentos de carbono inventada por Edison, que era aún más eficiente que sus predecesoras, el diagnóstico endoscópico presentó un considerable avance. Los sistemas ópticos también mejoraron gracias a los trabajos de George Wolff y de Jacobaeus.

El primero en aplicar con éxito los principios de la endoscopia en la articulación de la rodilla fue Kenji Takagi (1888-1963) en 1918, explorando una rodilla de cadáver con un cistoscopio. Por este método intentaba diagnosticar y tratar en estadios más precoces la tuberculosis de rodilla antes de que se produjera la rigidez característica de esta enfermedad. El 6 de julio de 1932 presentó el primer informe sobre la endoscopia de rodilla en la Asociación Japonesa de Ortopedia, con fotografías en blanco y negro obtenidas a través del cistoscopio. Cuatro años más tarde obtuvo fotografías en color y filmó el interior de la rodilla. Fueron varios los cirujanos que acumularon experiencias con este procedimiento, tanto en Europa (Filkenstein, Burman, Bircher) como en Norteamérica (Kreuscher, en 1925).

El desarrollo de esta técnica se interrumpió durante la Segunda Guerra Mundial, retomándose después del final de la misma en el Japón, por parte de Masaki Watanabe (1921-1994), quien fuera discípulo del profesor Takagi. Estos dos cirujanos japoneses son considerados los padres de la artroscopia moderna. En 1958, Watanabe elaboró el primer artroscopio verdaderamente satisfactorio y en 1966 realizó la primera meniscectomía parcial bajo control artroscópico. De forma paralela fueron apareciendo publicaciones en la literatura europea por parte de cirujanos como Imbert en Francia, Gillquist en Suecia, Dandy en Gran Bretaña, entre otros, mientras que en Norteamérica no se despertaba mucho entusiasmo por esta técnica. El encargado de introducirla en ese continente fue Lanny Johnson, seguido de DeHaven. Con el trabajo de todos ellos y los excelentes resultados que se obtenían se gestó el concepto revolucionario de "cirugía mínimamente invasiva", lo que propició el desarrollo de nuevos instrumentos y técnicas, específicamente diseñadas para tratar una gran variedad de patologías articulares por esta vía.

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