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Junio de 2011 Página 1 de 3

Anestesia regional en niños

Equipo editorial de El Hospital, en colaboración con la doctora Isabel Mendoza Noriega

En niños y adultos, la anestesia regional ha ganado interés por ser una técnica dirigida al sitio operatorio que minimiza los efectos sistémicos indeseables.

Tanto en niños como en adultos, la anestesia regional ha ganado interés en las últimas décadas, por ser una técnica dirigida al sitio operatorio, minimizando los efectos sistémicos indeseables [4].

En anestesia pediátrica, las técnicas regionales son la columna fundamental de la analgesia intra y postoperatoria, ya sea por sí solas o como parte de una analgesia multimodal.

La anestesia regional provee una buena analgesia perioperatoria; disminuye el riesgo potencial asociado a planos de anestesia profundos; evita la instrumentación de la vía aérea en procedimientos cortos; promueve un despertar más rápido, placentero y libre de dolor, así como el alta precoz al reducir los requerimientos de anestesia general; proporciona un control óptimo del dolor postoperatorio; reduce la incidencia postoperatoria de náuseas y vómito, asociados al uso de opiáceos para el manejo del dolor; ayuda a aliviar el dolor no quirúrgico; mejora los espasmos asociados a la paraplejía y reduce los reflejos indeseables que pueden desencadenar laringoespasmo; inmoviliza el miembro por varias horas después de rafias tendinosas y nerviosas; y reduce la incidencia de apnea post anestésica en pacientes prematuros [1, 4, 5, 6].

La mayoría de las técnicas regionales, salvo el bloqueo subaracnoideo en los neonatos prematuros, se realizan en niños bajo sedación profunda o anestesia general suave, sin relajante muscular [3, 5, 6]. La sedación puede enmascarar signos potenciales de peligro, por lo que es necesario limitar la dosis del anestésico local administrada por debajo de los niveles tóxicos, y asegurar la distribución óptima del mismo alrededor de las estructuras nerviosas [2, 6].

En los niños se ha incrementado el uso de los bloqueos de los nervios periféricos [1, 3, 6]. La mayoría toman hasta 20 minutos en instalarse, durante los cuales debe mantenerse la profundidad de la anestesia general. Cuando, después de este tiempo, la cantidad del anestésico inhalatorio no se puede reducir, se debe suponer que el bloqueo no está funcionando y es necesario implementar planes alternativos de analgesia [5].

Para la realización del bloqueo pediátrico, el anestesiólogo, además de su entrenamiento y la experiencia en anestesia regional en pacientes adultos, debe conocer la anatomía, las técnicas, indicaciones y contraindicaciones, así como los eventos adversos potenciales en niños [1, 5]. Es indispensable contar con el equipo requerido y el monitoreo adecuado para el bloqueo propuesto, con la cooperación del grupo quirúrgico y del personal de enfermería. El cirujano deberá aceptar un tiempo de inducción más prolongado y aprender a identificar otros signos clínicos de alarma, en ausencia de dolor, los cuales serán más evidentes en pacientes con anestesia regional. En las salas de cirugía se deberá contar con un personal calificado que esté en condición de continuar con la anestesia y la monitorización del niño mientras el anestesiólogo realice el bloqueo; así como de personal de enfermería que se encargue de los cuidados post anestésicos [5]. El anestesiólogo debe informar e instruir al personal de la unidad de cuidados post anestésicos, a los equipos de manejo del dolor y a los padres, respecto a la duración y extensión de la pérdida sensorial y motora, así como de los cuidados a observar para evitar posibles consecuencias derivadas de esta pérdida funcional [5].

Entre los eventos adversos de la anestesia regional, diversos autores citan hematomas en el sitio de la inyección, disestesias o parestesias de corta duración (raras) y que no ocasionan daño permanente en el nervio, inyección intravascular (por lo que se recomienda hacer una cuidadosa aspiración antes de inyectar el anestésico local), neumotórax, inyección intratecal o epidural, toxicidad del agente anestésico.

Los bloqueos en los niños son diferentes en la anatomía y la fisiología. En los menores, los nervios tienen un tamaño relativamente menor y una proximidad estrecha con otras estructuras anatómicas y la piel [2, 3, 5]; las marcas anatómicas de superficie no son fácilmente identificables y varían a medida que el niño se desarrolla; los puntos de referencia óseos no están bien definidos, en particular en los niños con bajo peso al nacer, y los músculos se encuentran poco desarrollados [3]. La sensación de la aguja al atravesar un ligamento o fascia es mucho menos notoria que en un paciente de mayor edad [5]. Por último, el tejido graso epidural es más gelatinoso y menos fibroso que en los adultos, lo cual favorece la diseminación de anestésicos locales y el avance de catéteres epidurales [5].

Desde el punto de vista fisiológico, las caídas de la presión arterial clínicamente significativas son raras en los niños menores de seis años, por lo que no es necesario realizar prehidratación de manera rutinaria [5].

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