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Agosto de 2008 Página 1 de 2

Adenoidectomía: el paso de frío a caliente

Son pocas las indicaciones absolutas de la adenoidectomía, sola o combinada con la amigdalectomía. Conozca las distintas técnicas, sus ventajas y desventajas.

En la práctica y en la literatura médica, la adenoidectomía se asocia con otros procedimientos quirúrgicos, como amigdalectomía o colocación de tubos de timpanostomía, y en muchos casos se agrupa con la extirpación de las amigdalas. De hecho, las dos operaciones se realizaban rutinariamente en conjunto al inicio de los años 1900, cuando se consideraba que las amígdalas y las adenoides eran reservorio para infecciones que, a su vez, producían diferentes tipos de enfermedades. Entre los años 30 y 40, la realización de amigdalectomía y adenoidectomía (AA) fue controvertida, por el surgimiento de nuevos antimicrobianos, la disminución de las infecciones respiratorias altas en los niños de edad escolar, su inefectividad, reportada en algunos estudios, y el aumento en el riesgo de poliomielitis después del procedimiento, antes que apareciera la vacuna [1]. Estudios realizados en las últimas dos décadas han demostrado que existen indicaciones apropiadas para cada una de ellas.

Las adenoides están localizadas en la pared posterior de la nasofaringe y hacen parte de la banda circular de tejido linfoide–faríngeo llamada anillo de Waldeyer, a la cual también pertenecen las amígdalas palatinas y las linguales. Su superficie se diferencia de las amígdalas en los pliegues y las pocas criptas. Puesto que ambas estructuras están ricamente vascularizadas, la hemorragia es la principal complicación cuando se extirpan (1 a 7%) [1, 5]. Aunque la composición tisular de las adenoides es semejante a la de las amígdalas, las enfermedades asociadas con la infección de cada una difieren notablemente [1].

La hipertrofia de las adenoides se produce por infección de su tejido o por la de las estructuras paranasales [2]; ocasiona obstrucción nasal, con retención de secreciones y dificultad respiratoria, y además facilita nuevas infecciones. La hipertrofia intensa puede provocar la obstrucción grave de la vía nasal e impedir el patrón respiratorio normal en los niños, y hasta produce apneas nocturnas. Es decir, la hipertrofia de las adenoides puede contribuir a sinusitis recurrente, a otitis crónica persistente y al síndrome de apnea obstructiva del sueño [1]. Su diagnóstico se hace por medio del examen directo o por imágenes obtenidas mediante radiografía lateral de la faringe, endoscopia, videofluoroscopia, tomografía computarizada o resonancia magnética. Los dos primeros tienen baja sensibilidad, en comparación con la endoscopia, pero esta última requiere la colaboración del paciente, lo cual es difícil en niños [2]. La videofluoroscopia tiene una confiabilidad comparable con la endoscopia, y no requiere la colaboración del paciente [3]. Aunque la tomografía es sensible, produce exposición a altas dosis de radiación, por lo que es preferible la resonancia [2].

No se han establecido criterios quirúrgicos para la realización de la adenoidectomía, e inclusive las revisiones del tema difieren en cuanto a sus indicaciones; por ello, el médico debe realizar un juicio individual, tomando en cuenta las recomendaciones con bases científicas y las experiencias de los grupos de trabajo. Una indicación absoluta es la obstrucción persistente de la vía aérea, que coexiste con síndrome severo de apnea obstructiva del sueño [2]. Dentro de las indicaciones relativas está la obstrucción crónica nasal con sinusitis o rinorrea recurrente, otitis media recurrente, anormalidades del lenguaje o la deglución, y la sospecha de neoplasia [4], a pesar de que no es clara la relación entre la hipertrofia adenoidea y los problemas rinosinusales o del oído medio [2]. El subcomité de otitis media con efusión, formado por miembros de la Academia Americana de Médicos de Familia, la Academia Americana de Pediatras y la Academia Americana de Otorrinolaringólogos, recomienda que en los niños con problemas crónicos o recidivantes en el oído medio, en los que se plantea la realización de cirugía, el procedimiento ideal es la colocación de drenajes transtimpánicos al inicio; no realizar adenoidectomía inicialmente, a no ser que coexista una indicación diferente para ello, como obstrucción nasal crónica, síndrome de apnea obstructiva del sueño, etc.; y si el niño necesita una segunda cirugía, por otitis seromucosa, practicar adenoidectomía más miringotomía (con inserción de drenaje transtimpánico o sin ella), ya que disminuye a la mitad la necesidad de futuras intervenciones.

La adenoidectomía se realiza usualmente en niños, y la AA es uno de los procedimientos quirúrgicos más frecuentes en otorrinolaringología [1]. En la actualidad estos procedimientos se realizan de manera ambulatoria, a menos que otros problemas médicos ameriten la hospitalización.

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